Un "cheque en blanco" para las 'startups tech': por qué ahora todas sueñan con una SPAC
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Un "cheque en blanco" para las 'startups tech': por qué ahora todas sueñan con una SPAC

Compañías como Wework, Rocket Lab, Virgin Galactic o Wallbox han optado o están estudiando la opción de este vehículo que ya empieza a moverse también en España

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Foto: Reuters.

'Special Purpose Acquisition Company'. Compañía con un propósito especial de compra. Aunque se suele quedar en SPAC, por sus siglas en inglés. Puede que este término no te suene en un primer momento, pero si has leído últimamente alguna noticia sobre empresas, 'startups' o tecnológicas en general lo más probable es que te hayas cruzado con ella. Este vehículo de inversión se ha convertido en la última moda en los mercados bursátiles, tiene enganchadas a las 'startup' y también empieza a calar en nuestro país. ¿Por qué todos, y en especial el sector tecnológico, hablan de ello? Dinero fácil e inversores grandes y fieles, entre otras cosas.

Las últimas compañías en sumarse a esta moda tienen nombres como Wework, Rocket Lab, 23andMe Drafkings o la española Wallbox, que, según publicamos en El Confidencial, puede ser la primera empresa patria en pasar por este proceso, pero no son los únicos. Virgin Galactic es uno de los grandes nombres que utilizó este método para entrar en el parqué y en el otro lado del tablero tenemos nombres como Martin Varsavsky, Boris Salas o Eduardo Bravo, que han levantado millones de euros para comprar empresas y llevarlas al mercado. Incluso bancos como el Santander han anunciado que se preparan para lanzar las primeras SPAC españolas y reguladores como la CNMV trabajan a contrarreloj para ajustarse a esta nueva realidad. Pero, ¿en qué se basa exactamente?

Foto: No solo recogen el pedido. Los 'riders' de Instacart escogen los productos. Foto: Reuters

Básicamente, la SPAC es una compañía fantasma que levanta millones de todo tipo de inversores sin ofrecer producto o solución alguna, y sale a Bolsa con el único objetivo, y la promesa, de fusionarse, en un tiempo limitado, normalmente de unos dos años, con una o varias empresas o 'startups' punteras de un determinado sector que ofrezcan el contenido al cascarón y den réditos a los inversores. La idea ha explotado sobre todo en Estados Unidos, donde el modelo se ha disparado desde 2019 (ha pasado de ver la aparición de 59 SPAC anuales en 2019 a 297 en lo que va de 2021), copando mercados como el de los coches eléctricos y autónomos, aunque ya empieza a llegar a Europa. Normalmente se coloca a personalidades de prestigio o con un gran historial a sus espaldas para comandar esa búsqueda de la compañía perfecta con la que fusionarse, eso da más confianza a los inversores y ayuda a la hora de encontrar el acuerdo.

Además de los citados casos españoles, en EEUU las SPAC se han asociado a nombres como el de Richard Branson o Bill Gates, pero también con el de Serena Williams, Shaquille O'Neal (apoya el fondo que en principio se puede fusionar con Wework), Paul Ryan, Jay-Z o Tony Hawk. Una mezcla de empresarios y 'celebrities' que ayudan a vender un proyecto que en principio no ofrece más que promesas.

Desde el punto de vista de los inversores de la SPAC es fácil ver los posibles beneficios dando dinero a los gestores con la confianza de que se sumarán a grandes nombres que aún no hayan salido a Bolsa y sus acciones se revaloricen. E incluso es interesante para los promotores del fondo, que se llevan, según Reuters, alrededor de un 20% de la empresa cuando se fusionan con ella, pero, ¿y qué ganan las 'startups' con todo esto? El empuje del modelo no es casual y los expertos apoyan claramente este nuevo vehículo por una serie de razones: ayuda a la financiación rápida, fluida y continua, ofrece a las empresas nuevos escaparates y visibilidad y acerca al proyecto a otros grandes inversores a los que es difícil llegar en los mercados privados. Aunque también deja unos puntos algo más oscuros que los reguladores ya miran con lupa.

Un "cheque en blanco"

A las SPAC también se las conoce como las compañías de "cheque en blanco", porque a las compañías con las que se fusionan le ofrecen una cantidad de dinero y capital difícil de alcanzar de la forma habitual y sin pasar por todo el largo y exigente proceso para salir a Bolsa de forma tradicional. Y ahí va buena parte de los puntos positivos de este nuevo vehículo. Para Aquilino Peña, vicepresidente de ASCRI (Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión) y fundador de Kibo Ventures, uno de los grandes fondos españoles y especializado en 'startup' tecnológicas, esta solución puede ser una gran ayuda para el crecimiento del sector. "Las SPAC pueden ofrecer una vía de liquidez muy relevante a proyectos que de otra forma tienen mucho más difícil conseguirla y cuyos proyectos suelen estar limitados por esa falta de dinero y también beneficia a los fondos que apostamos por ellas desde los inicios", explica en conversación con Teknautas.

La liquidez llega por parte de la SPAC y de los inversores que compran sus acciones, y eso rompe también otro límite que suelen tener las 'startups': el mercado en el que se mueven. "Normalmente las 'startups' están mucho tiempo en el mercado privado, levantando rondas de financiación, hasta que pueden salir a Bolsa y cazar nueva inversión, pero en ese tiempo el mercado es pequeño y no permite entrar a inversores más pequeños como si lo hace la salida a Bolsa. Eso también es un punto a favor de esta opción, que te permite llegar a muchas más personas interesadas en apostar por tu proyecto", añade.

Por último, para Peña también es muy interesante la base de inversores que se crea con estos vehículos. Más allá de posibles financiadores minoristas que puedan apostar por una marca que conocían, pero que hasta ese momento solo se movía en el mercado privado, esta visibilidad ofrece a las empresas una base sólida de inversores con un importante peso dentro de la empresa, entre las personas más cercanas a la SPAC. "Hay una base de 'sponsors' que atrae la parte de la SPAC que puede ayudar mucho a la compañía a crecer y apuntalar sus estructuras".

Hay un punto, eso sí, que no hay que desdeñar y que tiene tanto una vertiente positiva como negativa: la salida a Bolsa es mucho más rápida, sencilla y barata con este método que de la forma tradicional. Eso ayuda a 'startups' y demás a salir al mercado sin pasar por un proceso al que muchos no pueden hacer frente, pero también, al menos de momento, esto se puede ver como una puerta trasera. La SEC, el regulador estadounidense, ya ha lanzado varios avisos en este sentido, al igual que ha pedido a los inversores que no metan su dinero en una de estas compañías solo porque lo diga algún famoso. Incluso se ha asegurado en algunos medios que la administración ha abierto una investigación por esta moda.

El borrón negro de Nikola

El caso que pone cara a estas sospechas es el de Nikola. El rival de Tesla consiguió salir a Bolsa gracias a una SPAC, VectoIQ Acquisition, con la que estuvo hablando desde finales de 2019 para saltar al parqué en junio de 2020. Hasta ese momento esta marca estadounidense aparecía como el gran rival de Tesla, una empresa de vehículos eléctricos y propulsados por hidrógeno que rivalizaría con los de Elon Musk en terrenos como el sector de los camiones. Su aparición en Wall Street fue un bombazo, sin importar que en los 5 años desde su nacimiento no hubiese generado ni un solo euro de beneficios. Incluso consiguieron que General Motors se hiciese con un 11% de la empresa. El problema llegó cuando se empezó a investigar su tecnología.

Todo estalló con el informe 'Cómo hacer de un mar de falsedades una asociación con el fabricante de automóviles más grande de EEUU'. Firmado por un fondo bajista, Hindenburg Research, concluía que toda la compañía se sostenía en un "intrincado fraude". Tan potente fue el golpe de este informe que la compañía empezó a admitir tácitamente que había mentido y sus acciones cayeron sin parar. Ahora mismo valen unos 14 dólares cuando llegaron a cotizar a más de 79. ¿Qué papel juega aquí la SPAC? Pues que esta forma de salir a Bolsa evita tener que presentar muchos de los papeles para acreditar tu negocio que sí se obliga en una OPI tradicional. Una 'puerta trasera' que ya está generando bastante debate.

Grandes nombres del regulador americano, como Jay Clayton, anunciaron hace meses que investigarían este nuevo vehículo y la propia organización, según Reuters, está realizando informes sobre ello. Expertos, e incluso el español Peña, creen que este tipo de compañías deberían seguir un proceso similar al de las salidas a Bolsa o al menos estar obligados a presentar una cantidad de información similar a la que está obligada a mostrar cualquier empresa que decide hacerse pública. Todo con el objetivo de evitar que se utilicen como un método para aparecer en el mercado sin rendir cuentas y poder colar, como supuestamente ocurrió en el caso de Nikola, un producto con una tecnología que en realidad no existía.

De momento Europa no vive como el otro lado del Atlántico el frenesí SPAC, solo ha habido 10 casos entre 2020 y 2021, con un valor total de alrededor de 1.300 millones, pero las noticias aparecidas en las últimas semanas apuntan a que esto solo acaba de empezar.

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