Compra esta camiseta, págala luego: la fiebre de los préstamos 'cuquis' que triunfa en la red
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La nueva tentación de la 'Gen Z'

Compra esta camiseta, págala luego: la fiebre de los préstamos 'cuquis' que triunfa en la red

Compañías como Klarna, Clearpay o Afterpay han convertido el 'compra ahora, paga luego' en la última moda de la red y gigantes como PayPal ya están lanzando su contraataque

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Foto: Klarna.

El pasado 2 de febrero, el Gobierno de Reino Unido tomaba cartas en el asunto. Tras meses de quejas de parlamentarios y otros actores sociales, colocaba bajo la lupa de la FCA, el regulador encargado de vigilar el mercado financiero, a un tipo de negocios o herramientas digitales que llevan años creciendo en la red: las conocidas como BNPL. Una especie de 'neobancos' o 'start-ups' centradas en el mercado 'fintech', con un aspecto muy moderno y que atraen cada vez a más usuarios, sobre todo jóvenes. ¿El motivo? Te permiten comprar ahora y pagar después. A plazos, sin intereses y sin tener que pasar, al menos hasta ahora, ningún test para que se te concedan esos pequeños préstamos. En Reino Unido llevan funcionando desde 2014 aunque la pandemia los ha disparado y sí, en España también empiezan a colarse.

Hay muchos nombres en este terreno, de Afterpay a Clearpay u otros como Stripe o PayPal que visto el interés se han lanzado a probar suerte en este terreno adaptando sus servicios (PayPal acaba de anunciar su propia solución en este sentido), pero si hay un nombre propio en todo esto es el de Klarna: la empresa sueca que lidera y muestra a la perfección el éxito, y también los riesgos, de estos modelos. Tal es su crecimiento que hace solo dos semanas levantó una nueva ronda de financiación de 1.000 millones de dólares, y su valor de mercado se ha triplicado en los últimos seis meses hasta los 31.000, convirtiéndose en la segunda 'fintech' más grande del mundo y la primera de Europa, según la consultora CBInsights. ¿Cuál es su punto clave? Que te permiten comprar algo sin desembolsar un euro y pagarlo a plazos sin tener que pasar prácticamente pruebas.

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Su forma de operar es sencilla, y eso ha sido parte de su éxito (que intentan emular, solo en España, otros como Aplázame, propiedad de WiZink, o Pagantis). Llegan a acuerdos con tiendas, que pagan un pequeño precio o porcentaje de cada compra que se realiza con Klarna. A cambio, el particular que adquiere con esta opción, integrada dentro de las que se reflejan al terminar la compra como tarjeta de crédito o PayPal, tendrá distintos planes de pago que se aprueban de inmediato, la mayoría sin intereses y sin tener que gastar un solo euro o firmar un papel.

En España, por ejemplo, donde solo lleva operando desde verano, han apostado muy fuerte por el pago en tres plazos, es decir, que tú adquieres un producto y lo puedes pagar en hasta tres cuotas mensuales tras recibir el producto. Además, tienen la opción del pago en el instante de la compra, y el pago 30 días tras la compra, para que te dé tiempo a probarlo y cambiarlo si es necesario.

Klarna y el resto de 'apps' similares cargan con el pago del producto desde el momento en el que el consumidor opta por su opción y la 'app' lo acepta, y por tanto el compromiso del consumidor pasa de la tienda a la 'fintech' que luego es la que debe cobrar el dinero, perseguirlo si no paga y puede acabar perjudicada por la morosidad. Por ello, de momento, su núcleo central está puesto en sectores con compras pequeñas o medias con facturas asumibles y en los cuales la opción de este pequeño crédito puede ser vital para aumentar el total que un usuario acaba gastando.

Entornos como la ropa o los complementos son su objetivo principal y en nuestro país han empezado a trabajar con marcas como H&M, Asos, Samsung, Ikea, Adidas o JD, aunque también han firmado acuerdos más exóticos, como con la web de productos eróticos Platanomelon. Se integran en sus plataformas, y también su 'app' funciona como una especie de 'marketplace' que une a sus usuarios con las tiendas que ya aceptan su modelo de pago.

Su éxito es claro. Aunque la empresa nació en 2005, en los últimos años es cuando ha disparado su popularidad, y en especial con la llegada de la pandemia y el 'boom' del comercio 'online'. En este 2020, Klarna aumentó un 40% su facturación global. Ya está presente en 17 mercados, maneja el 10% de las transacciones 'online' en Europa, cuenta con 250.000 tiendas a escala global y 18 millones de usuarios utilizan su 'app' mensualmente. Cerró el año con 87 millones de consumidores que habían pasado por sus procesos de compra.

La solución, por tanto y según la compañía, interesa ahora mismo a los comercios, porque tienen más opciones de que los consumidores se lancen a la compra sin pensarlo tanto y hasta pueden competir mejor contra gigantes como Amazon que pueden hacerse cargo de planes a plazos sin contar con terceros, para la empresa, porque genera transacciones y gana dinero con ellas como una especie de nuevo banco de crédito al consumo, y finalmente para los usuarios, que sin tener que demostrar nada ni avalar gran cosa tienen acceso a crédito rápido con plazos cómodos y sin intereses. Y es justo ese último punto el que ha empezado a chirriar en algunos países como Reino Unido. En especial por su impacto en los más jóvenes.

¿El futuro de la Generación Z?

Su postura, centrada en el consumo menor, con especial atención en ropa y complementos, y una imagen muy joven (hasta Snoop Dog ha hecho un anuncio para la marca) ha hecho que algunos sectores levanten la voz por el riesgo de que esto lleve a muchos jóvenes, la llamada Generación Z, a endeudarse por encima de sus posibilidades. En principio, la propia Klarna ha asegurado que controlan esto muy de cerca y que son los primeros interesados en evitar que la gente se endeude por encima de sus posibilidades y que acumule productos sin pagar, pero hay dudas.

Los funcionarios británicos que pidieron más control para este tipo de negocio aseguraron que habían comprobado que se podía llegar a contraer una deuda de hasta 1.000 libras (unos 1.163 euros) sin que saltase ninguna alarma. Su crítica iba enfocada también a la proliferación de 'apps' similares, pudiendo endeudarte con distintas cuentas sin que los datos se crucen o te detecten los algoritmos encargados de aprobar el crédito. Todo con un diseño y una idea de positivismo y facilidad. Sin ir más lejos, basta dar una vuelta por redes como Twitter para ver comentarios que llaman la atención sobre el riesgo de estos modelos.

Lo cierto es que la llegada de empresas como Klarna no es algo muy nuevo, es más, la explosión de la banca 'cuqui', en referencia a entidades financieras con una imagen amistosa, desenfadada, con condiciones muy beneficiosas, al menos en apariencia, para los jóvenes, una identidad mucho más flexible y que exploran terrenos que los bancos tradicionales no han tocado, sobre todo en lo referente a la red, está a la orden del día y lleva años ocurriendo. Y el 'compra ahora, paga luego' parece abrir un nuevo debate con difícil solución.

En Reino Unido las propias 'fintech' afectadas aseguran estar de acuerdo con una mayor regulación, pero queda la duda de si esa regulación puede ir de la mano de los cambios de hábitos de consumo y trabajo de las nuevas generaciones, que piden mucha más rapidez, menos trabas y fluidez digital. Por ejemplo, se llegó a prohibir una campaña de anuncios en Instagram de Klarna por incentivar este tipo de compras con préstamos.

En España, incluso bancos como Santander o Bankia están explorando modelos similares al de la 'start-up' sueca, con 'marketplace' propios integrados en sus bancos y que buscan atraer al cliente para que también utilice su entidad bancaria para comprar productos con condiciones especiales y, sobre todo, con pagos a plazos. Pero también es verdad que el caso llega en pleno debate sobre las tarjetas 'revolving' y sus peligrosas condiciones. Todo apunta a que el consumo se dirige a un punto en el que el 'compra ahora, paga después' será algo de lo más solicitado, pero queda ver cómo se puede gestionar esto en el mundo global de internet.

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