En primera persona: "La educación 'online' en los institutos es un sálvese quien pueda"
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Así sobrevive la educación en la pandemia

En primera persona: "La educación 'online' en los institutos es un sálvese quien pueda"

Jorge es un profesor de un instituto del área metropolitana de Madrid. En el curso más extraño en décadas, estos centros sobreviven entre 'apps' que no funcionan y nula formación

Foto: En primera persona: "La educación 'online' en los institutos es un sálvese quien pueda"
En primera persona: "La educación 'online' en los institutos es un sálvese quien pueda"

Me llamo Jorge y soy profesor y tutor en un IES del área metropolitana de Madrid y puedo decir que siete meses después de la suspensión de las clases 100% presenciales, y casi dos después del inicio del curso semipresencial, la situación de la educación secundaria en nuestra región es más que lamentable. Dejando a un lado la falta de profesores o espacios, a día de hoy la educación 'online' en los institutos es un sálvese quien pueda que solo sobrevive gracias al esfuerzo y la dedicación personal de profesores y centros ante el abandono institucional y las deficiencias del sistema.

Para quien no sepa cómo funciona el sistema actual, los alumnos tienen clase presencial cuatro días a la semana, y cada centro se organiza como puede. En nuestro caso, los alumnos vienen media jornada cada día y la otra media de esos cuatro días y una jornada completa deben recibir clase por vía telemática. Es en esa segunda parte donde las deficiencias se disparan. Todos asumimos que es un curso diferente obligado por las circunstancias, pero tanto en lo referente al material, como a la formación o los protocolos a seguir, la situación es muy precaria y está muy lejos de lo que necesitan los alumnos.

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Aunque ahora han empezado a llegar cámaras y micrófonos, cosa que se agradece notablemente, durante un mes no hemos tenido 'webcams' ni nada similar para los ordenadores que teníamos a nuestra disposición. Los profesores, de manera voluntaria, hemos estado utilizando nuestros medios personales (en mi caso, una tableta con medios más que limitados para esta situación). Pero este solo es uno de los problemas ante los que nos enfrentamos a diario.

Ni siquiera lo más básico, el wifi, lo tenemos garantizado. Tras un mes de intento tras intento del equipo directivo, la Comunidad de Madrid no ha dado permiso aún al centro para ampliar la cobertura de la red wifi en un centro con varios edificios y solo unas pocas aulas cuentan con una cobertura decente. ¿Cómo solucionamos esto? Pues hasta la llegada de las cámaras que permiten la utilización de los ordenadores conectados por cable a la red, nos hemos visto obligados a compartir los datos móviles de nuestros teléfonos personales y rezar por que todo funcione correctamente con videollamadas grupales de unos 15 alumnos esperando su clase. Ah, bueno, también nos dieron unos portátiles que ni siquiera soportaban las aplicaciones de videollamada.

Estos programas tampoco se salvan de la quema. La consejería, amparándose en la protección de la imagen y datos de los menores, nos restringió las aplicaciones de gestión educativa y videoconferencias para el curso. En un primer lugar se nos comunicó que tan solo podríamos utilizar la aplicación Microsoft Teams, pero justo antes de empezar nos dijeron que cambiáramos a Webex, de la compañía Cisco. Nos pusimos con ello, pero se colapsó en el momento en que empezó a recibir la conexión de miles de alumnos y profesores. Para más inri, solo nos dieron acceso a una versión gratuita que solo daba opción de videollamadas grupales con tiempo limitado a 50 minutos. Nuestras clases duran 55.

Vistos los problemas, a continuación se nos permitió cambiar a una nueva aplicación, en este caso Jitsi, un sistema de 'software libre' que la consejería había adecuado para los profesores con un desarrollo propio y que decidió ampliar a los alumnos. La verdad que funciona mejor, aunque sigue dando fallos de sonido e imágenes congeladas y, sobre todo, presenta severas carencias si la conexión se hace desde un móvil o una tablet, que es el único dispositivo disponible para muchos alumnos. Pero bueno, al menos ya no tenemos que repetir clase tras clase para que ambos grupos puedan recibirla en su turno presencial, un gran avance para los de 2º Bachillerato.

Falta de formación y protocolos

Siendo prácticos, lo mejor de los asuntos materiales citados anteriormente es que se pueden solucionar de una manera u otra, como ha pasado con el caso de las cámaras y los micrófonos, pero la educación a distancia no solo es tener una cámara y una buena conexión a internet. Se trata de un cambio total en nuestro día a día y en todos los sentidos de la enseñanza, sin embargo las autoridades educativas han ofrecido los cursos de formación al profesorado con cuentagotas, tarde y de forma voluntaria (es decir, fuera de nuestro horario) para afrontar esto.

¿Qué haces con un chico conectado a tu clase, que no ha puesto la cámara, no da señales durante toda la clase y no se desconecta tras la lección?

Quizá no se vea desde fuera, pero nuestro trabajo ha tenido que cambiar completamente para esta nueva situación. Hemos tenido que hacernos a, por ejemplo, dar las clases sentados o sin apenas movernos, volviendo a un sistema de lecciones magistrales abandonado hace años por la pedagogía, y aún estamos descubriendo cómo ofrecer la misma calidad, o algo lo más parecido posible, a nuestros alumnos. En mi caso doy asignaturas más teóricas como Historia o Geografía y puedo suplir los ejercicios que se hacían en clase con 'powerpoints' que envío a mis alumnos por correo para que sigan la lección, pero, ¿cómo se puede aprender matemáticas o hacer análisis sintácticos a distancia?

La situación es algo excepcional para todos, pero la sensación que queda en nuestro terreno es que se ha dado una patada hacia delante a la espera de que algo nos salve y volvamos a la normalidad mientras achicamos agua y es algo bastante triste. Faltan medios, soluciones y protocolos básicos y claves para ofrecer un mínimo de calidad educativa a unos alumnos que, no olvidemos, son menores y estamos jugando con sus derechos. Puede sonar a algo mínimo, pero ¿qué haces con un chico que se ha conectado a tu clase, ha quitado o no ha puesto la cámara porque no es obligatorio, no da señales durante toda la clase y al terminar la lección todos se desconectan menos él? Pues esto pasa a diario.

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