El lugar remoto desde el que el Google chino censura internet a toda su población
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EN UNA DE LAS REGIONES MÁS POBRES DEL PAÍS

El lugar remoto desde el que el Google chino censura internet a toda su población

Entramos en el centro de 'big data' que Baidu tiene en la provincia de Guizhou, donde un ejército de jóvenes se gana la vida etiquetando datos

Foto: El lugar remoto desde el que el Google chino censura internet a toda su población
El lugar remoto desde el que el Google chino censura internet a toda su población

Antes de que la inteligencia artificial conquiste el planeta y nos deje a todos sin trabajo, alguien de carne y hueso tiene que enseñarle cómo funciona el mundo. “Lo que para un ser humano es obvio, para un ordenador no lo es tanto”, explica Wu Panwei, gestor de Proyectos de la base de 'big data' Bainiaohe, que el gigante chino Baidu ha establecido en la provincia sureña de Guizhou. Puede que los algoritmos vayan a cambiar nuestras vidas para siempre y que estén destinados a propiciar una revolución en sectores tan diversos como la medicina o la automoción, pero primero hay que dejarles claro lo que es un semáforo y lo que significa que su luz roja esté encendida. Y eso es algo que se hace a la vieja usanza: a mano, con ejércitos de jóvenes encargados de etiquetar todo tipo de contenido para que las máquinas puedan entenderlo.

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Lo mismo sucede con los sistemas de censura. Buen ejemplo de ello es la diferencia en los resultados que arroja una búsqueda del término ‘Tiananmen’ en Google —desde España— y en Baidu —desde China—. La multinacional estadounidense ofrece en primer lugar información sobre la masacre de 1989, ilustrada con el icónico vídeo del ‘hombre del tanque’; la compañía china, sin embargo, muestra imágenes de ciudadanos posando alegremente en la famosa plaza de Pekín, que considera el ‘símbolo de China’, y obvia cualquier referencia a las protestas que todos conocen en el resto del mundo.

Baidu.

Los resultados se generan de forma automática, pero alguien tiene que decirle al sistema dónde no debe buscar o qué términos debe pasar por alto. En Bainiaohe, lo llaman ‘vigilancia de internet’ y ‘control de la opinión pública’, y hablan de ello con una naturalidad que resulta sorprendente.

“Parte de nuestro trabajo es filtrar información que consideramos especialmente sensible en el ecosistema de Baidu, incluidos el buscador y sus foros”, reconoce Wu.

Preguntado por cómo se toman las decisiones sobre el contenido que se etiqueta para su borrado, se limita a contestar que se ajustan siempre a la legalidad. “Tenemos que determinar qué es considerado terrorismo o pornografía según los estándares establecidos por el Gobierno”, afirma, sin mencionar que en muchas ocasiones las directrices son intencionalmente vagas y que abundan asuntos no relacionados con esos ámbitos pero que también son eliminados por razones políticas. “Nosotros solo trabajamos con datos, no desarrollamos algoritmos”, señala.

Foto: Zigor Aldama.
Foto: Zigor Aldama.

Wu tampoco tiene reparos en reconocer que en sus instalaciones se recogen y manejan multitud de datos personales. Y no solo de Baidu, sino también de otras empresas con las que colaboran en diferentes ámbitos, como las plataformas de comercio electrónico Alibaba y JD, el gigante de inteligencia artificial Sensetime —vetado en Estados Unidos— o el desarrollador de sistemas de conducción autónoma Pony AI.

“Recogemos información personal, incluido el contenido de chats, pero solo si tenemos permiso para ello”, apunta. No obstante, Wu admite que los usuarios otorgan ese consentimiento cuando aceptan los términos y condiciones de los servicios, esos larguísimos textos que nadie lee. “En general, datos como los de reconocimiento facial o de voz se utilizan solo para el entrenamiento de los algoritmos”, añade, tratando de restar importancia al asunto.

Foto: Zigor Aldama.
Foto: Zigor Aldama.

Curiosamente, Wu no considera que la población china se preocupe menos por la privacidad que la occidental. Al contrario, asegura que los chinos son más “conservadores y protectores” al respecto. No obstante, asiente cuando se le pregunta si la diferencia en la percepción que las sociedades tienen de la privacidad y de la seguridad supone un problema para las empresas chinas que buscan abrirse camino en el extranjero, como ha sucedido con TikTok. “Nuestras leyes no son perfectas, pero están continuamente mejorando. Actualmente, se está discutiendo la proclamación de una ley específica para proteger la privacidad de los datos personales. Yo creo que los biométricos deben ser estrictamente protegidos y que no se deben utilizar con fines comerciales”, sentencia Wu.

Baidu tiene un total de 20 centros de este tipo dedicados a la vigilancia de internet

El de Bainiaohe, gestionado por la empresa Mengdong Technology, es solo uno de los 20 centros que Baidu tiene repartidos por el país con el fin de supervisar internet y de entrenar los sistemas de inteligencia artificial. Establecido en febrero de 2016, sus instalaciones parecen totalmente fuera de lugar. Los edificios de corte europeo contrastan con las rudimentarias construcciones de los frondosos bosques que los rodean y la polvorienta carretera de acceso que aún no se ha terminado de construir. Ni siquiera el propio mapa de Baidu localiza el lugar en ningún municipio concreto: se encuentra en algún punto entre los pueblos de Sanduzhen y Hepingzhen.

Pero su remota ubicación no es casualidad. El Gobierno chino ha identificado las tecnologías del 'big data' y de la inteligencia artificial como estratégicas en su proceso de crecimiento económico y se ha propuesto liderarlas en 2030. Sin embargo, consciente de las desigualdades que pueden provocar si se desarrollan únicamente en las grandes ciudades, ha decidido llevarlas también a Guizhou, una de las provincias más pobres del país, para que se conviertan en motor económico y sirvan al objetivo de erradicar la pobreza este mismo año.

Ran Jianhua. (Foto: Zigor Aldama)
Ran Jianhua. (Foto: Zigor Aldama)

El centro de Bainiaohe coopera con más de 30 universidades, ha recibido ya más de 5.000 becarios y emplea actualmente a 450 jóvenes que, en un 40%, proceden de la universidad local. Entran con un salario mínimo de 2.500 yuanes (315 euros) al mes y pueden llegar a cobrar hasta 10.000 (1.250 euros).

Una región muy pobre

Ran Jianhua, de 23 años, es uno de ellos. Graduado en Tecnologías de Computación en Red, lleva dos años trabajando en el centro. Su jornada laboral es de ocho horas, reside en los dormitorios que la empresa tiene a disposición de los empleados en un edificio adyacente y afirma que ingresa entre el doble y el triple que sus padres, agricultores de los alrededores. “La vida ha mejorado considerablemente para mí. Estas tecnologías ayudan al desarrollo de la región. Además, me abren una ventana al mundo”, cuenta. Ran se dedica al etiquetado de datos, y asegura que puede completar hasta un millar de descripciones de audio en un día. “Ahora estoy con imágenes de edificios siguiendo el modelo provisto por el cliente y con un 'software' EPS”, explica.

Wu Panwei, en el centro de Baidu. (Foto: Zigor Aldama)
Wu Panwei, en el centro de Baidu. (Foto: Zigor Aldama)

Preguntado por su opinión sobre la guerra tecnológica que libran Estados Unidos y China, Ran se encoge de hombros. “Si la competencia con Estados Unidos fuese justa y razonable, me parecería positiva”, dice azorado. No obstante, reconoce que el gigante asiático todavía no lidera las tecnologías en las que está trabajando. “Pero nos estamos acercando”, advierte con una sonrisa mientras el resto de compañeros se mantiene enfrascado en las repetitivas imágenes que aparecen en las pantallas de sus ordenadores. Aunque se trata de un trabajo especialmente repetitivo, Ran afirma que no le desagrada. Más duros son el campo o las fábricas.

En el centro de Bainiaohe han procesado desde su establecimiento más de 600 millones de unidades de datos. Y Wu señala que los ámbitos con mayor crecimiento son el del reconocimiento facial, con fines de seguridad y para aplicaciones comerciales, y el de la conducción autónoma, que el Gobierno también considera estratégica. Para que ambos avancen, todavía se requieren los servicios del ejército que comanda, pero puede que no siempre vaya a ser así. “Mi único miedo es que, en el futuro, la inteligencia artificial que estamos ayudando a construir nos sustituya en el trabajo que hacemos”, confiesa Wu, consciente de lo irónico de la situación. Pero confía en que ese momento todavía tarde en llegar. “Etiquetar datos sobre psicología y emociones es algo que a las máquinas les costará hacer”, concluye.

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