centros educativos libres de covid

Las tecnologías que harán más fácil y segura la vuelta a las clases presenciales

Cámaras de control de aforo o de temperatura y juegos de gamificación para que los niños recuerden la mascarilla son solo algunas de las propuestas

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España ya se está preparando para volver a las aulas, algo que será integral y definitivo a partir del próximo mes de septiembre con la llegada del nuevo curso. Pero ahora falta lo más difícil: que los centros educativos, tanto infantiles como juveniles y de adultos, estén preparados para ello.

En este contexto, es evidente que la tecnología jugará un papel esencial. Porque el distanciamiento físico o las mamparas de separación serán imprescindibles, pero la tecnología tendrá la capacidad de llegar más allá o incluso automatizar algunas medidas de seguridad.

Dos usuarios distintos: el infantil y el adulto

La peculiaridad de volver a las aulas de forma segura es que "el usuario tiene dos perfiles digitales: el adulto que ya tiene un móvil (y puede usar 'apps', 'wearables'...) y los niños, con los que hay que usar otro tipo de tecnologías", asegura Carolina García, manager de innovación abierta de Prosegur. "Es un reto muy amplio, tanto por el tipo de usuario como por el tipo de implementación (aulas, comedores, patios...)".

Usuario infantil

Los niños, a partir de una determinada edad, deberán ir debidamente equipados con sus mascarillas para evitar posibles contagios. Para controlar este requisito los centros podrían instalar dispositivos dotados de inteligencia artificial capaces de emitir una alerta en caso de que un alumno no la lleve desde el principio o se la quite en algún momento. Del mismo modo, las cámaras térmicas podrán medir la temperatura de los niños a la entrada y, si alguno presenta unas décimas de fiebre, avisar a sus padres.

En este tipo de usuario hay que sumar una dificultad añadida: los niños no siempre serán conscientes de los riesgos asociados y corren el peligro de relajar las medidas de seguridad o romperlas en un momento dado. Por ello, los centros deberán hacer un esfuerzo doble. En primer lugar, obligando a sus alumnos a que cumplan las medidas, algo que podrán conseguir con tecnologías que incluyan algún tipo de gamificación que ayude al cumplimiento de las normas. En segundo lugar, habrá circunstancias en que las medidas de protección deberán ir más allá de la tecnología, recurriendo, por ejemplo, a mamparas de separación que hagan posible cumplir el distanciamiento físico.

En cualquier caso, las situaciones de riesgo potencial a veces serán inevitables, con lo que el papel de la tecnología pasará por reducir las probabilidades al mínimo. Eso podrá conseguirse instalando cámaras de control de aforo en diversos espacios (aulas, patios, gimnasios...) y recurriendo, en lo posible, a pantallas digitales, que impedirán que los alumnos compartan material escolar como tizas, lapiceros, ceras, etc.

Usuario juvenil y adulto

En el caso de los adolescentes, jóvenes y adultos la situación se presenta algo más sencilla. Al igual que los niños, ellos deberán llevar siempre mascarillas y no quitárselas en ningún momento, algo que podrá ser igualmente comprobado mediante las cámaras de visión artificial. También podrán ser sometidos a cámaras térmicas para detectar posibles síntomas compatibles con el covid-19.

Debido a su grado de madurez, este tipo de usuario podrá incluir un nivel de tecnologización considerablemente más elevado, con 'apps' móviles que les ayuden a controlar su localización, así como a recordar las medidas de obligado cumplimiento o a recibir todo tipo de información destinada a evitar posibles contagios.

Además, el control sobre sus movimientos será más sencillo que en el caso de los niños. Los alumnos juveniles y adultos podrán recurrir también a 'wearables' que monitoricen su posición, de modo que, en caso de detectarse casos positivos, la tecnología ayudará a rastrear a las personas con las que el contagiado entró en contacto.

Un reto para empresas innovadoras

La vuelta a las aulas es un reto para alumnos, profesores y padres, pero también para las instituciones públicas y privadas responsables de estos centros, que en la inmensa mayoría de ocasiones deberán recurrir a empresas externas que, mediante sus desarrollos tecnológicos, consigan que volver a las clases presenciales sea seguro para todos.

En este contexto, la Fundación Prosegur, en colaboración con el área de Innovación de la compañía, ha lanzado el Reto Aulas Seguras, una iniciativa dirigida a empresas de todo tipo y de cualquier procedencia que desarrollen soluciones de seguridad para poder retomar la formación presencial tras la pandemia. El coronavirus "ha multiplicado la deserción escolar, ha puesto de relieve la brecha digital y ha supuesto un gran esfuerzo para la conciliación familiar", asegura Mercedes Borbolla, directora general de la Fundación Prosegur, de modo que "lo presencial es insustituible, necesitamos la interacción humana para aprender y que esta interacción se haga de la manera más segura posible".

Además, esta situación evidencia que "el impacto de la pandemia en la educación es sistémico, afecta a toda la sociedad (alumnos, padres, docentes y centros) y es global. Por todo ello, consideramos que la educación presencial debe colocarse en un lugar primordial de la agenda".

Las 'startups' que quieran presentar sus soluciones al reto deben contar con tres requisitos:

  1. Mínimo producto viable. Las soluciones deben contar con un mínimo recorrido. A partir de ahí, la 'startup' ganadora trabajará con Prosegur en la implementación del piloto y la posterior comercialización.
  2. Escalabilidad. Las propuestas deben poder ser exportadas a multitud de centros e instituciones educativas, así que no deben suponer un comienzo desde cero en cada caso.
  3. Implementación rápida. En muchos casos el desarrollo de estos proyectos implicará la realización de obras en los centros, pero estas no deben ser de gran calado.

Y es que "la vuelta al aula segura es un desafío esencial, pero contra reloj. Tenemos que apoyarnos en la innovación. La tecnología nos puede ayudar a recuperar lo que nos hace más humanos: la interacción con los demás", insiste Borbolla.

Con todo, Carolina García está convencida de que nuestro país parte de una buena posición para asegurar la vuelta a las aulas: "Tenemos tecnología y tenemos empresas que hacen esa tecnología, solo hay que saber en qué escenario aplicarlo y qué condiciones habrá que cumplir. Esta crisis ha destacado la agilidad que tenemos las 'startups' y las grandes empresas para adaptarnos a la situación".

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