experto en sistemas de cifrado

Este 'Nobel' de informática avisa de un nuevo peligro: 'malware' creado por gobiernos

Len Adleman ganó el premio Turing como uno de los padres del algoritmo RSA. Ahora, está escribiendo un libro en el que presagia que las máquinas serán superinteligentes

Foto: Len Adleman creó junto a otros dos investigadores el popular algoritmo RSA (Len Adleman)
Len Adleman creó junto a otros dos investigadores el popular algoritmo RSA (Len Adleman)

En 1977, el matemático Len Adleman concibió, junto a otros dos investigadores, un sistema para proteger las comunicaciones que se convirtió en el más usado de internet. La creación del algoritmo de cifrado RSA (las iniciales de sus apellidos, Rivest, Shamir y Adleman) les ha hecho merecedores de un hueco en la historia de la informática: en 2002, ganaron el premio Turing, conocido como el Nobel del sector.

Hace cuatro décadas, cuando los ordenadores aún no habían llegado a las casas, su investigación despertó el interés incluso de Gobiernos y servicios de inteligencia. De hecho, a la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense, cuya existencia Adleman desconocía por entonces, no le sentó nada bien su publicación. "Puso la libertad académica en conflicto con los problemas de seguridad de la NSA. Es algo que se manifestó hace 40 años y sigue manifestándose ahora", explica Adleman a Teknautas, aludiendo a las revelaciones de Edward Snowden sobre el espionaje masivo de la agencia.

Durante todo ese tiempo, Adleman no ha parado de trabajar, aportando un peculiar granito de arena en diferentes campos: bautizó a los virus informáticos tras echar una mano al estudiante que desarrolló uno de los primeros, trabajó en la futurista computación basada en el ADN y, ahora, está reflexionando sobre el porvenir de los ordenadores, a los que considera una nueva forma de vida.

Ideando el sistema de cifrado más popular

En los 70, Adleman, era profesor de matemáticas en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (el prestigioso MIT) y no estaba especialmente interesado en desarrollar el sistema de cifrado por el que sería recordado.

Poco antes, Martin Hellman y Whitfield Diffie (también ganadores del premio Turing), habían propuesto un protocolo que sentó las bases de la criptografía moderna. La llamada criptografía de clave pública (basada en el intercambio de una clave que todo el mundo puede conocer, y que cifra el mensaje, y una privada, que el receptor ha de poner a buen recaudo y que lo descifra) se convertiría en fundamental para comunicarse por internet de forma segura. Pero hacían falta fórmulas matemáticas para ponerla en práctica.

Entusiasmados por esa investigación, Ron Rivest y Adi Shamir, colegas de Adleman en el MIT, decidieron crear un sistema de clave pública indescifrable, y él les ayudó echando por tierra hasta 42 sistemas de cifrado que concibieron. Una noche, Rivest le llamó con una nueva idea, basada en la dificultad de factorizar números grandes (descomponerlos en sus factores primos), una labor que a los ordenadores les llevaría miles de años.

"A Rivest se le ocurrió este sistema y en el segundo que lo escuché le dije '¡funciona! Lo has conseguido!' Ese es el sistema que hoy llamamos RSA", rememora Adleman. Habían desarrollado el algoritmo de cifrado que se convirtió en el más usado en la Red, si bien en los últimos años ha dejado de ser tan seguro. La investigación fue un éxito inmediato entre la comunidad científica. "Todo el mundo nos estaba diciendo que seríamos ricos", apunta Adleman.

El MIT patentó su sistema y los tres investigadores decidieron fundar una compañía de seguridad informática a la que también llamaron RSA y que hoy sigue viva (hace unos años, se vendió a EMC, ahora propiedad de Dell, por 2.100 millones de dólares, 1.800 millones de euros).

De bautizar virus a idear ordenadores de ADN

Sin embargo, a Adleman no le fue bien como emprendedor y asegura con humor que podría formar parte del "salón de la fama de los negocios como el peor CEO". Así que, tras su aventura empresarial, volvió al campo de la investigación como profesor de la Universidad del Sur de California, donde aún continúa trabajando.

Fue allí donde, en 1983, un estudiante llamado Fred Cohen le comentó que había ideado una nueva amenaza informática: un programa que engañaría al usuario asegurando realizar una tarea útil para no levantar sospechas, pero que se propagaría por el ordenador para conseguir el acceso a todos los archivos del usuario y sus privilegios.

Adleman le confirmó que funcionaría, pero el estudiante le insistió una y otra vez hasta que logró el permiso necesario para probarlo en el ordenador del departamento. Así nació el que fue uno de los primeros virus informáticos: poco antes, un adolescente llamado Rich Skrenta también había creado un programa que se autorreplicaba en los Apple II, si bien no salió de su círculo de sus amigos ni lo denominó como tal.

Adleman pasó a ser el asesor de Cohen, que acabó desarrollando su tesis doctoral sobre los virus informáticos. Fue precisamente el padre del algoritmo RSA, que en ese momento se dedicaba a investigar la propagación del virus de la inmunodeficiencia humana, el que lo bautizó como tal.

A Len Adleman se le ocurrió llamar
A Len Adleman se le ocurrió llamar

"Estaba leyendo y aprendiendo un montón sobre biología molecular, y por supuesto sobre los virus en particular, así que, con todo eso en mi mente al mismo tiempo, era muy natural llamar a lo que Fred estaba haciendo la creación del virus informático", explica Adleman. La ciencia ficción ya había usado el concepto con anterioridad —en los 70, el autor Gregory Benford mencionó el término en un libro, y en 'Westworld', el film que ha inspirado la serie homónima de HBO, se menciona una "enfermedad de maquinaria"— pero Adleman y su alumno lo usaron para denominar uno real y considerado pionero.

El investigador habló con un periodista del trabajo de su estudiante, convirtiéndolo en el "primer historiador de los virus informáticos", y la denominación se popularizó. Pero, con el tiempo, Adleman se dedicó a otros campos de la investigación.

Su interés por la informática y la biología hizo que él mismo diera los primeros pasos en un ámbito que aún sigue sonando futurista: la computación basada en el ADN. "Aprendí de Turing y de otros que si hay una forma de almacenar información y tienes unas pocas operaciones para manipularla, probablemente tienes una máquina universal, así que fue obvio para mí que la biología y las moléculas podrían usarse realmente para hacer cálculos", apunta.

Fue obvio para mí que la biología y las moléculas podrían usarse realmente para hacer cálculos

En 1994, Adleman programó una molécula de ADN y logró que el material genético resolviera un problema matemático. Desde entonces, otros investigadores que trabajan en este campo han hecho referencia al estudio en el que describió su experimento como un notable precedente y algunos incluso le consideran el padre de la computación basada en ADN.

"Los ordenadores biológicos podrían tener un nicho en el mundo", pronostica Adleman. "Hay suficientes investigadores brillantes trabajando en este área. En veinte años, la computación basada en ADN tendrán un montón de aplicaciones prácticas en el mundo de la nanotecnología. Ese es mi vaticinio".

Un libro de memes que presagia robots superinteligentes

Este matemático no ha consagrado el resto de su carrera a crear ordenadores biológicos: lleva unos años trabajando en su ámbito favorito, las matemáticas puras, y está escribiendo un libro sobre memes que espera publicar el próximo año y del que ya está compartiendo algunos fragmentos. Ahora bien, el volumen no tiene demasiado que ver con gatitos o con el resto de famosas imágenes paródicas que se propagan por internet.

En él, Adleman se remonta a los orígenes del término meme, un vocablo acuñado por el biólogo Richard Dawkins en 1976 para describir una pequeña unidad de información cultural que se transmite de forma similar a los genes, y añade otro nuevo concepto: el de 'turene'. "Ahora tenemos estas nuevas cosas (que llamamos ordenadores) que están basados en 'turenes' y no en genes. En el libro argumento que también son una forma de vida", detalla Adleman, defensor de que los 'turenes' son "una nueva rama del árbol genealógico".

Len Adleman está escribiendo 'Memes: How Memes, Brenes and Turenes Shape Your Life And Will Shape The Future of Humanity' (Pixabay)
Len Adleman está escribiendo 'Memes: How Memes, Brenes and Turenes Shape Your Life And Will Shape The Future of Humanity' (Pixabay)

Aunque en el libro repite ese nuevo término, que ha concebido en honor a Alan Turing, lo cierto es que en él ofrece en realidad su visión sobre uno de los temas tecnológicos más polémicos en los últimos tiempos: el porvenir de las máquinas.

"Aunque parece probable que haya robots superinteligentes, parece improbable que llegue un momento en el que el robot emerja y demande que los humanos obedezcamos", elucubra Adleman. "Cuando los ordenadores [...] hayan madurado lo suficiente para ser capaces de hacer esas demandas, tendrán sus propios planes y es poco probable que la dominación humana directa esté entre ellos".

Entonces, ¿debemos empezar a preocuparnos ya por la rebelión de las máquinas? "En el futuro inmediato, estoy más preocupado porque los Gobiernos y otras instituciones desarrollen 'malware' como armas de destrucción masiva", sentencia el investigador. Teniendo en cuenta su impresionante carrera, habrá que seguir los pasos de este incansable ganador del premio Turing, el Nobel de la informática, que a sus más de 70 años no tiene intención de jubilarse.

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