las propuestas que reciben los 'hackers' españoles

Diario de un 'hacker': "Mi jefe me ofreció 10.000 € por entrar al WhatsApp de su novia"

Sexo a cambio de 'hackear' el 'email' del marido o dinero por entrar al WhatsApp o Facebook de otra persona. Varios 'hackers' españoles nos cuentan los peores delitos que les han ofrecido

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Los 'hackers' tienen un sambenito colgado del cuello: pese a que en su inmensa mayoría apuestan por un uso lícito de sus herramientas, la mayor parte de la sociedad los tiene como potenciales ciberdelincuentes que, a cambio de la cantidad de dinero adecuada, están dispuestos a saltarse la ley y vulnerar cualquier cosa que se les ponga por delante.

Por ello, la mayoría de ellos reciben a menudo ofertas de lo más estrambóticas: espiar el WhatsApp de una pareja, conseguir la contraseña de sus redes sociales, espiar a un familiar, robar archivos confidenciales... Una serie de prácticas con un punto en común: todas ellas son ilegales.

Hemos hablado con varios 'hackers' y expertos en ciberseguridad españoles. Estas son algunas de las ofertas y peticiones más rocambolescas que han recibido en los últimos años.

"Me ofrecían sexo por espiar a su marido"

Daniel (nombre modificado) trabaja en la ciberseguridad de una compañía americana y siempre ha colaborado con los cuerpos policiales y distintos colectivos vulnerables. Pese a su perfil activista, lo cierto es que a lo largo de los años ha recibido un sinfín de ofertas de 'hackeo'.

Y lo peor de esta situación no solo es que le lleguen este tipo de ofertas, sino que en la mayoría de ocasiones los remitentes o desconocen que son ilegales o, directamente, les da igual.

Lo peor es que las personas que hacen estas peticiones desconocen que son ilegales o directamente no les importa que lo sean

Quizás esta sea la más llamativa: "Había un matrimonio en pleno proceso de separación, con un hijo de por medio, casas y negocios compartidos. Ella me pidió que entrase en el Facebook y el correo del marido para buscar pruebas de que era infiel. No sé qué intención tendría, porque esa información no valdría en un juicio por custodia o lo que ella tuviese en la cabeza".

"El pago ofrecido era tener sexo con ella", nos cuenta. Una oferta que resultó infructuosa: "Por supuesto, me negué de manera bastante vehemente".

10.000 euros por hackear un WhatsApp

Fernando (nombre modificado) es un experto en ciberseguridad que actualmente tiene un puesto de suma importancia en una compañía española del Ibex 35. En estos años ha experimentando el prejuicio de todos sus jefes: "El primer día me presentaron a los directivos y me decían: 'Hombre, ya está aquí el hacker".

Fue uno de ellos el que sobrepasó los límites: "Me llegó un día uno de los mayores directivos y me dijo que necesitaba acceder al WhatsApp de su novia. Y que, como yo 'sabía de esas cosas', que le hiciera ese favor".

El directivo me pidió como un 'favor' que espiase el WhatsApp de su novia, pero al negarme me dijo que me pagaría 10.000 euros

"Ni de broma iba a hacer eso", nos cuenta, "y siempre respondo de muy malas maneras a esos ofrecimientos, pero era uno de los mayores jefes de la empresa, así que tenía que tener cuidado con el tono al decirle que no". Fue entonces cuando el directivo subió la apuesta: "Me dijo que me daría 10.000 euros por hacerlo, que eso solo me iba a llevar una tarde".

Nuestro protagonista volvió a rechazar la oferta, esta vez visiblemente molesto: "Me cabreó mucho, porque es una forma de extorsionar a todos: a la mujer espiada y a mí, que estaría cometiendo un delito. Además, él estaba casado, así que no sé a qué se referiría con eso de 'novia".

'Hackear' negocios, instituciones, exámenes...

En el ámbito laboral también se producen situaciones de este tipo: "El director de Marketing de una empresa me pidió que me metiese en el móvil del dueño para poder tener localizado dónde estaba en todo momento", nos cuenta Daniel. Eso sí, "este ni me ofreció dinero, y lo acabaron despidiendo".

No es el único caso, asegura Fernando: "Una vez me llegó un empresario y me dijo que necesitaba entrar al correo y a los documentos internos de su competencia. Cuando le dije que ni de coña, intentó arreglarlo diciendo que es que ellos le habían 'hackeado' antes. Todos sabemos que entre muchas empresas hay espionaje industrial, pero eso no es excusa para que pretendan que yo cometa un delito".

Me pidieron que 'hackeara' LexNet, es la primera vez que me ofrecen recaudar dinero para cometer un delito

He aquí otra situación de lo más llamativa y reciente: "Cuando sucedió todo lo de LexNet, una persona interesada en el tema me ofreció en Twitter organizar un 'crowdfunding' para que hiciese una auditoría independiente de LexNet", nos cuenta Daniel. "Es la primera vez que me ofrecen recaudar dinero para un delito. Esa persona no era consciente de que auditar una web sin permiso del dueño era ilegal".

Pero este tipo de prácticas se extienden a casi cualquier ámbito: "Un hombre me contactó porque estaba en una lucha de herencia con sus familiares, así que quería 'hackearlos' a todos", asegura Fernando. A Daniel también le han ofrecido de todo: "Cambiar notas de la universidad, acceder a una wifi protegida, entrar en la 'webcam del vecino'...".

El epicentro: las relaciones de pareja

Como hemos ido viendo, hay un contexto que casi monopoliza las peticiones de ciberdelincuencia a nivel doméstico: las relaciones de pareja. También le pasó a la analista de ciberseguridad Tamara Hueso: "Una amiga mía tuvo una ruptura muy complicada y me pidió que consiguiera las conversaciones de WhatsApp de su exnovio. Por supuesto, no lo hice y la convencí de que era algo ilegal, que no le aportaba nada y que no merecía la pena".

"Es la historia de siempre", relata Fernando. "La gente quiere vulnerar la privacidad de su pareja, así que te piden de todo: acceder a WhatsApp, a Facebook, a Twitter, a su correo electrónico... Alguna vez te llegan casos más raros, pero no hay mes que no me venga alguien que quiere espiar a su pareja. Y no te creas que es gente mayor que no entiende de tecnología: la mayoría son personas muy jóvenes".

Aviso a la víctima sobre cómo protegerse advirtiéndole de que me han ofrecido dinero por conseguir sus datos

¿Y qué se le responde a alguien que pretende algo así? "Mi respuesta siempre es no", nos cuenta Daniel, "y trato de educar al que hace la petición sobre lo que es incitación al delito y que lo que piden, efectivamente, es un delito".

Además, "también pongo en alerta a la víctima sobre cómo protegerse sin darle más datos de quién pretende acceder a su información; solo le digo que me han ofrecido dinero a cambio de hacerme con ellos de manera ilegal".

Las mujeres, las más perjudicadas

Al hablar sobre este tipo de delitos, las víctimas parecen ser las mismas de manera casi unánime: "Lo de la mujer que me ofreció sexo por espiar a su marido es la única petición de este tipo en el que la víctima era un hombre. En casi la totalidad de los casos es justo al revés: las víctimas de este tipo de cosas casi siempre son mujeres", nos cuenta Daniel.

Fernando incide en este asunto: "Alguna vez te llega alguna petición de una mujer, pero si te paras a pensar en porcentajes, no hay ninguna duda: por lo general este tipo de peticiones están en el ámbito de la pareja, y en más del 90% de veces es el hombre el que quiere espiar a su pareja o su compañera de trabajo".

Y es que "no es una cuestión de cotilleo sin más, hay un componente de control, de querer saber lo que hace el otro, y ahí los hombres son más proclives a querer controlarlo todo, aunque sea poco ético e ilegal".

"Tú eres informático, así que sabrás 'hackear'"

Tras este tipo de peticiones hay otro prejuicio bastante extendido: el de que cualquier ingeniero informático sabe y quiere vulnerar la ley y entrar en el móvil, las redes sociales o el ordenador de cualquier persona.

"Unos ni te ofrecen dinero, o te ofrecen una cantidad irrisoria. A mí algunos me han llegado incluso a decir que, como me dedico a 'esto', que lo hiciese gratis porque me iba a divertir", asegura.

Me han llegado a decir que, como me dedico a 'esto', que lo hiciese gratis por diversión

El tiro no solo está errado, sino que, además, resulta ofensivo: "Me alucina que la gente siga pensando que, por dedicarte a temas de seguridad informática, eres un delincuente. Aunque parte de la culpa es vuestra, de los medios, por seguir llamando 'hackers' a lo que en realidad son ciberdelincuentes".

El balance, en definitiva, parece tan evidente como preocupante: cada vez hay más gente a la que le da igual la ley con tal de tener controlada a una tercera persona. Además, la mayoría de estas situaciones se producen en relaciones sentimentales y no entiende de generaciones: los jóvenes, de hecho, son los más propensos a vulnerar la privacidad de su pareja.

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