desde el primero hace más de 300 años

Los cafés siempre han sido centros de innovación, ahora se sumaron los 'hipsters'

En la era de las 'startups', las cafeterías se han convertido en una suerte de oficinas para autónomos y emprendedores. La idea no es nueva: en realidad tiene más de 300 años

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Quique Arias decidió hace tres años montar, además de un nuevo establecimiento hostelero, un nuevo concepto de negocio que como amante del café y diseñador gráfico por cuenta propia no había encontrado en España. Convertir su casa en oficina no había sido la mejor idea, así que decidió pasear el portátil por bares y cafeterías.

"Estar en un espacio social me permitía levantar la mirada, hacer microinterrupciones y concentrarme mejor", explica a Teknautas. Quique descubrió el concepto de cycling café en el Look mum no hands! de Londres, y pensó en fusionarlo con el de cafetería como lugar de trabajo que ya había conocido en sus viajes por Europa.

A su regreso, creó La Bicicleta Cycling Café & Workplace, un espacio "vintage e industrial" en el madrileño barrio de Malasaña. Desterró el pladur, tan propio de las impersonales oficinas tradicionales, para crear un local donde el ladrillo viejo y la madera se convirtieran en materiales orgánicos, consiguiendo una iluminación íntima en la que la creatividad de autónomos y emprendedores dependientes del wifi pudiera fluir a ritmo de la música indie. Aquellos que lo desean encuentran hueco allí para guardar su bici, ya que esta cafetería también es un lugar de encuentro para ciclistas urbanos.

En el Gran Café Gijón, que todavía resiste en el Paseo de Recoletos, se sentaron García Lorca, Ramón y Cajal, Camilo José Cela y Fernando Fernán Gómez

Programadores, diseñadores web, traductores, arquitectos y estudiantes se instalan asiduamente en las mesas de La Bicicleta para charlar y teclear. Arias asegura que muchos han comenzado a colaborar tras conocerse en este espacio (la aplicación Hey please para hacer pedidos en bares fue idea de unos clientes cuando se encontraban en este local) y algunos también han convertido esta cafetería en su after work. "El sitio tiene una buena transición entre las dos ideas", nos cuenta.

Otras cafeterías también se están convirtiendo en improvisadas oficinas en la capital madrileña, desde las más singulares, como La Infinito en Lavapiés o la que alberga el centro social y cultural La Casa Encendida, hasta los establecimientos del imperio Starbucks. El aroma del café también será protagonista del recién inaugurado Google Campus Madrid, que llega a España tras las experiencias de Londres, Tel Aviv y Seúl. Sofía Benjumea, su responsable, ya señaló que la cafetería que abrirá sus puertas el próximo lunes será "el corazón" de este espacio de emprendimiento.

Dos investigadores de Oxford, miembros del grupo Entrepreneurial Spaces and Collectivities, han constatado que en los hub tecnológicos, donde se aúna los espacios físico y digital para facilitar la creatividad y la colaboración, uno de los territorios más típicos es precisamente la cafetería. Eso sí, que los templos del café son lugares de innovación no es un descubrimiento de la revolución freelance del siglo XXI, sino de los primeros promotores de los cafés hace ya más de 300 años.

Los cafés, centros de emprendimiento en el siglo XVII

"Los cafés han sido siempre lugares de trabajo en los que se han cocinado muchas cosas", afirma Antonio Bonet Correa, catedrático emérito de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, que ha investigado los orígenes de estos establecimientos y los ha recogido en su libro Los cafés históricos. "El hombre es un ser que se comunica, y el café ha sido un lugar de crecimiento, distinto a los ámbitos cortesanos y a los ámbitos nobles: ha sido un lugar democrático", reivindica.

Los paladares de austriacos, franceses e italianos degustaron la bebida que nos permite abrir los párpados cada mañana allá por el siglo XVII, y en Oxford el primer café comercial abrió sus puertas en 1650. Antes de que a los ingleses les diera por el té, en Londres aparecieron decenas de cafés, lugares en los que leer y discutir noticias. Las universidades del penique se llenaron de literatos como Jonathan Swift, defensor de que el café "nos vuelve rigurosos, serios y filosóficos"; de científicos, como los miembros de la Royal Society, que llevaban sus discusiones a esos locales (una riña de café animó a Isaac Newton a escribir Principia Mathematica y se cuenta que llegó a disecar un delfín en uno de ellos) y también de hombres de negocios de la época.

En los 'hub' tecnológicos, donde se facilita la creatividad y la colaboración, uno de los territorios más típicos es la cafetería

El nacimiento de la bolsa de Londres estuvo ligado al Café de Jonathan, en el que John Castaing comenzó a publicar una lista de acciones y mercancías que llamó El Curso del Intercambio y Otras Cosas. Armadores, capitanes de buque y comerciantes también se acercaban al Lloyd's Coffee House, que comenzó a ofrecer la estimulante bebida en 1688. Así que el germen del mítico mercado de seguros londinense Lloyd's se molió entre los granos de café: los propietarios de barcos se reunían con aquellos que disponían del capital necesario para asegurarlos.

"Si los tech hubs pudieran reproducir la atmósfera innovadora de los cafés del siglo XVII, estarían en el buen camino para contribuir a la sociedad y a los objetivos del desarrollo", señala Gemma McNeil-Walsh, estudiante del Oxford Internet Institute y testigo de cómo los cafés de Londres y Oxford se han vuelto a convertir en centros de reunión de estudiantes y emprendedores.

Los cafés se popularizaron por toda Europa y "han sido el mundo literario y político", defiende Antonio Bonet Correa. En 1686, se inauguraba el superviviente Procope de París, idea de un avispado siciliano, Procopio dei Coltelli. Este elegante café se convirtió en el centro de la vida intelectual de la ciudad de la luz. Diderot y D'Alembert comenzaron a gestar allí su Enciclopedia y por él pasaron también Rousseau o Voltaire, un adicto al café capaz de ingerir 50 tazas al día. Robespierre, Danton o Marat fueron parroquianos de este establecimiento: la Revolución Francesa nació con un atrayente aroma cafetero.

De la tertulia de los grandes cafés a los íntimos establecimientos del imperio wifi

"En España, el café comienza a finales del siglo XVIII y principios del XIX, ligado a las Cortes de Cádiz y al nacimiento del liberalismo", explica Bonet Correa. No fue hasta finales del XIX cuando se vivió la que se considera la edad de oro de los cafés lujosos, cómodos y fastuosos en Madrid y Barcelona. En la Ciudad Condal, Els Quatre Gats, inspirado en el Le Chat Noir parisino, se convirtió en referencia del modernismo catalán con Picasso como cliente de excepción, y todavía hoy es posible tomar un café entre sus paredes.

'Si los tech hubs pudieran reproducir la atmósfera innovadora de los cafés del siglo XVII, estarían en el buen camino para contribuir al desarrollo'

Cafés literarios de grandes espejos se convirtieron en símbolos de Madrid, como el Pombo, con su sagrada cripta en la que se explayaba Ramón Gómez de la Serna en sus tertulias los sábados por la noche, o el Gran Café Gijón, que todavía resiste en el Paseo de Recoletos, referente cultural en el que se sentaron Federico García Lorca, Gerardo Diego, Santiago Ramón y Cajal, Camilo José Cela o Fernando Fernán Gómez, entre una larga lista de personalidades. 

"Ahora los cafés son más pequeños, más íntimos, pero hay un nuevo resurgir del café en estos momentos”, confirma el catedrático. “Hay cafés librerías frente a los grandes cafés decimonónicos que eran enormes, lugares suntuosos". De los enormes salones a pequeñas y cuidadas librerías donde alternar libros con vino como Tipos infames, de los espacios de espectáculo y tertulia a locales como La Bicicleta donde los debates entre personas creativas también se alargan hasta la noche y los nuevos artistas exponen las obras sobre su pasión por el ciclismo.

Quique Arias cree que establecimientos clásicos como el Café Comercial, el más antiguo de Madrid, no son el lugar más acogedor para el emprendedor actual: su mármol transmite frialdad, mientras que los muebles reciclados y los sofás de diferentes formas hacen de lugares como La Bicicleta configuran una hogareña oficina para el freelance

No se puede negar que las discusiones que se libran en la actualidad en las cafeterías son bien distintas a las batallas dialécticas de hace más de un siglo: Ramón María del Valle-Inclán perdió su brazo izquierdo en el madrileño Café de la Montaña al clavarse uno de sus gemelos, tras recibir un bastonazo del escritor Manuel Bueno cuando ambos discutían acaloradamente sobre el valor de españoles y portugueses en una disputa.

En 2012, un estudio publicado en Journal of Research Service señalaba que las peleas en los cafés actuales están motivadas por la conquista de las mesas para instalar portátiles, smartphones y tabletas. "El cambio de hábitos de trabajo ha creado una nueva clase de teletrabajadores para los que la oficina es cualquier lugar desde el que pueden tener acceso a una señal wifi", destaca la investigación.

Aunque las modas de la arquitectura de interiores varíen, y también las formas de trabajo y socialización evolucionen en estos establecimientos - en los que ya no solo se habla con el de al lado, sino también con el de la pantalla -, la creatividad y la innovación sigue habitando en las cafeterías.

El ratón ha reemplazado al puro y las ideas pueden expresarse con líneas de código en lugar de plumas. De una forma u otra, "tomar café con leche es empaparse de política, negocios y empresas", sentencia Bonet Correa. "Un café para comenzar el viaje", resume la web del tan esperado Google Campus Madrid, que invita al emprendimiento taza en mano. 

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