Una británica sirvió sin saberlo para crearla

Leah Palmer, una celebridad 'online' con una tacha: no existe en la vida real

“Ruth ¿has visto la foto?”, la llamada sobresaltó a Ruth Palmer cuando salía del trabajo. Era una de sus mejores amigas, y acababa de encontrar una foto suya en las redes sociales y bajo otro nombre

Foto: Leah Palmer, una celebridad 'online' con una tacha: no existe en la vida real

“Ruth ¿has visto la foto?”, la llamada sobresaltó a la británica Ruth Palmer cuando salía del trabajo. Era una de sus mejores amigas, y acababa de encontrar una foto suya y de su marido en las redes sociales y bajo otro nombre. En realidad no era una, eran cientos. Y de hecho Ruth ya no era Ruth, sino Leah, Leah Palmer. Un nombre sin duda con más glamour, y perfecto para crear una identidad falsa que arrasaba en redes sociales.

Nuestra protagonista no podía digerir el aluvión de disgustos que poco a poco iba encajando a medida que hurgaba en las redes sociales. Sus fotos privadas repartidas por la red, y no hablamos de desnudos, sino de sus instantáneas en vacaciones, con los amigos y familia. Ruth Palmer había sido víctima del llamado “robo de identidad virtual”, mediante el cual un desaprensivo se hace con nuestras fotos en redes sociales y crea un personaje ficticio. El problema es que Leah se convirtió en un boom, ya imposible de detener.

El autor de este personaje ficticio pulió todos los detalles y se esmeró en su obra. Leah Palmer era una mujer de éxito. Soltera, atractiva, y viviendo a cuerpo de rey en Dubai, ciudad en la que se entendía que llevaba un tren de vida al alcance de pocos bolsillos. El papel lo soporta todo, y en este caso, Leah Palmer no era sino la representación de un personaje de ficción creado por un usurpador o usurpadora que robó de las redes sociales la identidad de la atónita británica.

Ruth Palmer y su marido
Ruth Palmer y su marido

En lo retorcido de este personaje, los roles funcionaban como una maquinaria bien engrasada: su marido, según podemos leer en BBC, era en realidad un maquiavélico ex del que huir como del demonio, y del que no dudaba en describir como “psicópata” ante su colección de seguidores. O más bien, fans. Leah era mucho más exitosa que su musa, Ruth, que apenas utilizaba Facebook para compartir algunas fotos, y esto fue en realidad el comienzo de todo.

Sin identidad, y sin remedio

Imaginen el susto. Lo primero, asumir que la vida privada de uno mismo es ya carne del morbo de miles de internautas, que aunque se trate de un personaje de ficción, no dejan de ser sus fotos y las de su familia. Y lo peor es que a medida que iba indagando en las hazañas de su doble virtual, comenzó a descubrir una vida 2.0 un tanto sórdida. Leah era una habitual de las páginas de contactos, y de hecho, la joven parecía tener una pareja estable (dentro de toda la estabilidad que puede dar una relación por internet) con un joven con quien contactó a través de una web de encuentros. Este terrible descubrimiento lo hizo Ruth al ir buceando por la web y contactar con usuarios que la confundían con Leah. Menudo guirigay.

La afectada por este caso de identity theft contactó rápidamente con las páginas en las que aparecían sus fotos. La mayoría de ellas respondieron eliminando estos perfiles al comprobar que Leah era en realidad Ruth, y esas era sus fotos. Pero la pesadilla no había hecho más que empezar: en unas pocas horas el perfil volvía a aparecer. Las miserias de la red.

La siguiente medida fue acudir a comisaría, pero fue en este punto cuando Ruth vivió en carne propia la cruda realidad de esta situación: la policía sólo pudo darle su apoyo y si aparte de sus fotos, no utilizaba su nombre, ahí no había mucho que hacer y se archivaba el caso. Sin embargo la parte más sórdida de la historia estaba aún por llegar: en sus indagaciones, la víctima descubrió que Leah había seducido a un golfista profesional y a “un DJ de renombre internacional”.

Ambos, al ser contactados por la policía, negaron haber enviado dinero a Leah, algo que no se cree Ruth, “estarán demasiado avergonzados como para reconocerlo”. Pero este impostor fue todavía mucho más lejos: contactó con el entorno de Ruth empleando sus fotografías para obtener más información de su víctima. Aquello ya no era un juego, sino que podía esconder una mente enferma con un comportamiento impredecible.

En su desesperación y como aquello no parecía tener fin empleando los conductos habituales, Ruth optó por utilizar su última bala: hacer su caso público y de esta manera desenmascarar definitivamente a su huidizo impostor. Por el momento, no ha sido identificado y mucho nos tememos que, al archivar la policía el caso al considerarlo como “no delito”, ni será localizado.

En realidad, este comportamiento es conocido también en la red como catfish, o lo que es lo mismo, seducir a otras personas o ganar su simpatía con un personaje que no son ellos. ¿Quién haría algo así? Los psicólogos coinciden: “es gente que quiere recibir el aprecio de otros a cualquier precio, y que ha asumido que para ser aceptados por la sociedad deben esconderse”. Dibujen ustedes mismos a la persona…

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