Una carrera armamentística de 65 millones de años

La cola de esta mariposa confunde el sonar de los murciélagos

Un estudio publicado en 'PNAS' muestra cómo unas polillas han alargado sus colas a lo largo de la evolución para inutilizar la ecolocalización que emplean sus principales depredadores

Foto: Ejemplar de 'Actias selene', capaz de despistar al sonar de los murciélagos (Stepanka Nemcova)
Ejemplar de 'Actias selene', capaz de despistar al sonar de los murciélagos (Stepanka Nemcova)

Durante la Guerra Fría, se produjo una carrera armamentística entre la Unión Soviética y Estados Unidos que duró casi medio siglo. Pero esta rencilla parece una broma si se compara con la que tiene diariamente en la naturaleza desde que apareció la vida sobre el planeta hace uno 3.800 millones de años.

Y es que entre los seres vivos también existe una carrera armamentística constante, como la que enfrenta a murciélagos y mariposas nocturnas desde hace 65 millones de años. Unos, han desarrollado métodos para encontrar a sus presas en la más absoluta oscuridad. Las otras, son capaces de confundir el sonar de estos mamíferos voladores con una precisión digna de ingenieros.

De esta forma, la polilla luna –una mariposa nocturna de unos 10 cm–utiliza su larguísima cola para engañar a uno de sus principales depredadores, el murciélago moreno. Un ejemplo de la selección natural que sufren cazadores y presas, tal y como ha descubierto un equipo de investigadores de la Universidad de Florida (EEUU) y publicado en la revista PNAS.

Los murciélagos, como los delfines y cachalotes, son capaces de emitir sonidos que rebotan en otros objetos para así informarle de la localización y tamaño de presas y objetos. La ecolocalización de estos animales es una técnica muy similar a los sonares modernos que utilizan los submarinos modernos, y que lleva en la naturaleza desde hace millones de años.

Pero, ¿cómo puede ser que una larga cola burle un sistema de caza digno de un ingeniero? Este apéndice gira durante el vuelo y desvía el sonido que lanza el murciélago, lo que provoca que el ataque falle en muchas ocasiones. “Este descubrimiento nos permite comprender mejor la larga carrera armamentística a la que murciélagos y polillas llevan miles de años enfrentados”, explica a Teknautas el investigador de la Universidad Boise State y coautor del estudio, Jesse Barber.

Para evaluar la importancia del apéndice como sistema antimurciélagos, el equipo de investigadores utilizó ocho de estos mamíferos voladores que se enfrentaron a 162 mariposas nocturnas, algunas de ellas con la cola intacta y otras con el miembro cortado. Los resultados mostraron que los murciélagos capturaban al 34% de las polillas normales, frente al 81% de las amputadas.

Esta diferencia del 47% implica, según los autores, que las mariposas con cola son casi nueve veces más difíciles de atrapar que las amputadas. Curiosamente, los murciélagos no fueron capaces de aprender cómo evitar esta trampa antisonar, pues no cambiaron su comportamiento ni sus sonidos a pesar de sus fracasos.

La técnica de caza que emplean los murciélagos consiste en aproximarse a la presa y atraerla con la membrana del ala hacia su boca, en una especie de abrazo mortal. Pero la cola de las mariposas confunde al sonar del murciélago, que hace que éste ataque el apéndice. Una técnica muy similar a la que utilizan ciertos lagartos cuyas colas, prescindibles, son mucho más coloridas que el cuerpo para que los depredadores vayan a por ellas y el reptil pueda escapar.

La actuación de la cola de las polillas es tal, que cuando los murciélagos apuntaban a este extremo su ataque sólo tenía éxito en un 4% de los intentos, y este apéndice el principal perjudicado, hasta el punto de ser arrancado. Sin embargo, si lograban poner el punto de mira sobre el cuerpo de la mariposa nocturna la atrapaban en el 72% de las ocasiones, aunque ésta tuviera su cola intacta.

Los machos tienen la cola más larga

Según el árbol evolutivo construido por los investigadores, estas útiles colas han aparecido, de forma independiente, cuatro veces a lo largo de la historia. El investigador de la Universidad de Florida y coautor del estudio, Akito Kawahara, considera “muy remarcable” que esta característica haya surgido tantas veces, pues confirma su utilidad a la hora de evadir los ataques.

En futuros trabajos, Barber y Kawahara compararán las colas entre diversas especies, ya que la longitud de este órgano oscila desde los 10 milímetros hasta los 100. Así podrán estudiar si una mayor longitud garantiza más posibilidades de fuga.

Macho de 'Actias luna' (Megan McCarty)
Macho de 'Actias luna' (Megan McCarty)

Además, los machos de algunas de estas polillas tienen colas más largas que las hembras, lo que podría facilitar que escaparan con mayor seguridad de los ataques de murciélagos que sus compañeras.

Barber y Kawahara aseguran que estas diferencias no son debidas a la selección sexual, sino a que los machos vuelan mucho más durante su breve vida, en busca de hembras con las que aparearse. Éstas, por el contrario, pasan la mayor tiempo del tiempo emitiendo feromonas en lugares protegidos, por lo que no están tan expuestas a los depredadores.

Tras la Primera Guerra Mundial se hizo evidente la necesidad de que los barcos pudieran detectar los peligrosos submarinos con eficacia. Tras la implementación del sonar, algunos de estos vehículos subacuáticos se actualizaron para evitar los sonares, con mayor o menor éxito. Una carrera armamentística por la supervivencia que también tiene lugar, todos los días, entre murciélagos y polillas.

Tecnología

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
5 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios