"NO PUEDO GESTIONAR EL INFINITO DESDE EL BOLSILLO"

Entontecer el móvil como medida contra el estrés

Adoraba su iPhone, sus aplicaciones y juegos, pero detestaba la esclavitud de estar pegado a la pantalla. Knapp optó por desactivar las notificaciones

Foto: Jake Knapp acaba con las notificaciones de su iPhone.
Jake Knapp acaba con las notificaciones de su iPhone.

Se trata de una sensación extraña. Esos momentos en los que no hay cobertura o nos vemos obligados a poner el móvil en modo avión son una mezcla curiosa de ansiedad por la desconexión, pero tras ésta, uno siente una extraña paz. Saber que nada ni nadie va a molestarnos durante un tiempo determinado se convierte en una sugerente caricia de libertad.

De repente somos capaces de centrarnos de lleno en la tarea que estamos desempeñando, o por fin atender de la forma que se merece la llamada de nuestro hijo. Sin darnos casi cuenta, nos hemos zafado de un pesado yugo que, de alguna manera, nos había esclavizado. Esta libertad puede llegar de una manera más o menos sobrevenida, o bien voluntaria, y precisamente esto último fue lo que hizo Jake Knapp en Medium hace más de un año (que inicialmente fue una prueba) y que ahora se ha consolidado como permanente: convertir su iPhone en tonto y acabar con las notificaciones.

Los diferentes grados de enganche nos pueden dar una idea de la magnitud del despropósito, pero lo cierto es que es fácil que nos encontremos mirando la pantalla del móvil y entrando en Twitter, Facebook o el correo para ver si en los 30 segundos que han transcurrido desde el último repaso hay algo nuevo.

El móvil inteligente se convierte en 'tonto'

“No puedo gestionar el infinito en mi bolsillo”, escribió Knapp para explicar cómo terminó con el martirio de las notificaciones en su móvil. Hasta la fecha habíamos sido testigos de experimentos más o menos forzados en los que los protagonistas aparcaban sus móviles durante un periodo de tiempo, para luego escribir sus apocalípticas sensaciones. No vamos a hablar de sudores fríos y temblores, pero casi.

Sin embargo, aquello no dejaba de ser un experimento con fecha de caducidad. Pero nuestro protagonista abordó el problema desde otra perspectiva: él adoraba su iPhone, sus múltiples aplicaciones y juegos, pero detestaba la esclavitud de estar pegado a la pantalla para atender a todo lo nuevo que iba llegando de forma interminable día y noche. ¿Qué hacer? Bien fácil: desactivar todas las notificaciones y eliminar el acceso a internet.

Fuera Twitter, Instagram, Facebook, pero también el correo electrónico además de 'anular' el navegador. Su iPhone era ahora algo más cercano a un iPod que a un móvil. Y el experimento fue, en lo personal, un éxito

Nuestro particular Quijote no se anduvo por las ramas. Se planteó si era posible escoger él mismo qué aplicaciones tendrían acceso a la red, y desde luego, desactivar esa pesadilla de notificaciones sin fin. Y encontró la manera de hacerlo. Fuera Twitter, Instagram, Facebook, pero también el correo electrónico además de anular el navegador.

Su iPhone era ahora algo más cercano a un iPod que a un móvil. Y el experimento fue, en lo personal, un éxito. Los medios reflejaron su aventura, pero en el fondo quedaba ese regustillo de montaje: “Sí, seguro que ya ha vuelto a activar todo”, pensaban muchos.

Un año después continúa 'desconectado'

Pero no. Knapp ha vuelto esta semana a su columna para recordar a todos (y en especial a los que le calificaron de tonto a él por tener un iPhone sin casi funciones) para recordar que, un año más tarde, no solo sigue sin ser esclavo de todo lo escrito, sino que además su esposa le acompaña ahora en la experiencia. Sí, lo está pensando: ¿Por qué no se compra un móvil de medio pelo sin internet y se ahorra la pasta de un iPhone?

Es aquí donde brilla la magia del asunto: nuestro protagonista no renuncia a las miles de aplicaciones que soporta su terminal, y de hecho, es ahora cuando más jugo está sacando de ellas. Ahora los commutes al trabajo son aprovechados para escuchar música o incluso hacer yoga, gracias a una app. La gran diferencia es que es él ahora quien determina cuándo acceder al correo o redes sociales, y desde luego, nunca desde el móvil.

Una extraña perspectiva que nos debería hacer reflexionar. ¿Somos más productivos y estamos mejor informados por llevar la pantalla pegada a la cara todo el santo día?

Una extraña perspectiva que nos debería hacer reflexionar. ¿Somos más productivos y estamos mejor informados por llevar la pantalla pegada a la cara todo el santo día? Un vistazo al metro por la mañana nos da una idea de la dimensión del asunto: cabezas bajas y los rostros iluminados por el brillo de las notificaciones que no tienen fin.

¿Quién manda sobre quién? Knapp se ha puesto a los mandos de su nave, y lo tiene claro: “La vida pasa a velocidad de vértigo, pero este año he tenido la sensación de que ha ido un poco más despacio”.   

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