biopolis, dedicada al mundo que no vemos

La empresa española que nos ayuda a convivir con millones de bacterias

Biopolis trabaja sobre ese mundo de los microbios que no vemos y tanto nos afecta. Esta empresa cuenta con un equipo que soluciona problemas

Foto: La empresa española que nos ayuda a convivir con millones de bacterias

Dice el tópico que cada persona es un mundo y, aunque solo sea por casualidad, acierta de pleno. Cuando a principios de este siglo se secuenció el primer genoma humano se empezaba a conocer solo una pequeña parte de lo que somos; se escrutaba solo al bicho más grande de un inmenso ecosistema. Aquella información solo nos hablaba de las células humanas que forman una persona. Quedaba aún por conocer el 90% de nuestras células, las de billones de bacterias que, aunque no pesan mucho más de dos kilos, desempeñan un papel clave en nuestra existencia.

Daniel Ramón, presidente de Biopolis, ofrece un ejemplo de cómo lo hacen. “La gente cree que la causa del fallo de una fertilización in vitro es que el óvulo no prende o que hay problemas con el esperma, pero la principal razón es que la mujer contrae una vaginosis (una infección por bacterias)”, explica. “Todas las mujeres, sanas o no, tienen patógenos en la vagina porque son habitantes naturales, pero los tienen a unas concentraciones muy bajas, y también tienen muchos lactobacilos (un tipo de bacterias que tienen un efecto positivo)”, continúa.

“Cuando el lactobacilo está como flora dominante los patógenos no crecen, pero en el momento en el que hay un cambio hormonal durante el ciclo menstrual o se pone un tratamiento anticonceptivo o por el contacto con el mismo preservativo, baja el PH de 4,8 a 4,6, los lactobacilos están muertos y los patógenos, que estaban controlados, se hacen con la situación”, añade.

“Para recomponer eso, la forma clásica es aplicar antibióticos, con los que matas los patógenos pero también te cargas los lactobacilos”, afirma. “La mejor forma de solucionar el problema es introducir lactobacilos que vuelvan a hacer bajar el PH de la vagina y una vez que lo has logrado la flora se recompone sin necesidad de nada más”, concluye. Esta capacidad para entender ese mundo de microorganismos que tenemos en nuestro interior y ponerlo al servicio de nuestra salud será uno de los focos principales de Biopolis en los próximos años.

Un mundo de microbios

Esta empresa dedicada a ese mundo de los microbios que no vemos y tanto nos afecta, es una de las mejores representaciones del ideal de lo que puede aportar la ciencia. Hace once años en el CSIC se dieron cuenta de que producían mucha ciencia de calidad, pero no eran capaces de convertirla en productos tangibles tanto como sería deseable. Vieron que había que solucionar problemas de escalado para llevar los resultados de un experimento de laboratorio hasta la producción industrial. Para eso, entre otras cosas, era necesario poner en contacto a las personas que hacen los descubrimientos con quienes son capaces de poner en marcha los desarrollos industriales. Y se pusieron a construir puentes.

Como una especie de Patrulla X de la ciencia y la tecnología, esta empresa surgida del CSIC cuenta con un equipo multidisciplinar que soluciona problemasEn la última década Biopolis ha evolucionado mucho y ha logrado aglutinar la capacidad para recorrer el camino completo desde la ciencia básica a la producción a gran escala. Como una especie de Patrulla X de la ciencia y la tecnología, esta empresa surgida del CSIC cuenta con un equipo multidisciplinar que soluciona problemas. Cuando una empresa llama a su puerta con una necesidad, ésta se desmenuza desde el punto de vista del conocimiento y se ofrecen opciones para satisfacerla.

Una posibilidad podría consistir en aprovechar un residuo para producir algún producto de valor. Los expertos en microbiología buscarían bacterias que pudiesen por ejemplo, convertir la paja de una cosecha en un bioplástico. Después se seleccionaría la que lo hiciese con mayor eficiencia y los ingenieros diseñarían el modo de producir esos microorganismos a gran escala para después entregárselo al cliente. El trabajo se completaría con la labor de abogados y economistas que gestionarían aspectos como los derechos intelectuales o la introducción en el mercado.

“Empresas que hacen I+D o que producen hay muchas en Europa, pero que hagan las dos cosas a la vez hay muy pocas, y eso es lo que creo que hace muy única nuestra oferta”, apunta el director de Biopolis.

Con estas capacidades, se dirigen “al sector de la alimentación humana y animal, pero también al químico y farmacéutico”, explica Ramón. A todos ellos les ofrecen una gran cantidad de posibilidades, desde probar productos de una empresa como Coca Cola en un modelo animal de gusanos C. Elegans para que pueda cumplir sus compromisos éticos de no experimentar con animales superiores, hasta probar si una molécula de una farmacéutica se puede fabricar a gran escala y ser rentable.

El futuro pasa por los probióticos

Uno de los casos de éxito de Biopolis es un probiótico (alimentos con microorganismos añadidos que producen distintos efectos) contra la celiaquía surgido de una patente del CSIC. “Era una patente muy inmadura y junto con el CSIC decidimos invertir en ella, nosotros aportando en la parte industrial y ellos en la parte de ciencia básica”, explica Ramón. “Al final hemos generado un probiótico que estamos vendiendo tanto a una compañía láctea para que haga uno de sus productos como a una compañía farmacéutica para que haga un suplemento nutricional y estamos negociando tres o cuatro licencias más”, explica el director de Biopolis.

Daniel Ramón, presidente de Biopolis (Fotografía: Lino Escuris).
Daniel Ramón, presidente de Biopolis (Fotografía: Lino Escuris).

“Además de eso, nosotros podemos producir centenares de kilos al año de ese probiótico que vendemos a nuestros clientes y con ese dinero pagamos regalías al CSIC, como parte de nuestro acuerdo, y dedicamos otra parte a invertir en nuevos desarrollos”, añade.

Sobre el futuro, Ramón considera que precisamente los probióticos tendrán cada vez más importancia. "Hasta hace cinco años no sabíamos todo lo que teníamos aquí dentro y aún no lo sabemos bien", indica. "Con la secuenciación masiva nos hemos dado cuenta de que en lugar de las 400 especies bacterianas de las que yo hablaba cuando daba clase hace 8 años, y decía que solo sabemos cultivar 80, ahora, con los datos de metagenómica, sabemos que, dependiendo del invidividuo, son entre 1500 y 3000 especies distintas, y seguimos sabiendo cultivar solo 80", cuenta.

Sabemos que lo que no sabemos cultivar es lo que está influyendo sobre nuestra salud"Y cada vez más, sabemos que lo que no sabemos cultivar es lo que está influyendo sobre nuestra salud", remata. "Cuando ves, por ejemplo, el microorganismo que han dado a ratones autistas y ha sido capaz de revertir parte del autismo, se trata de una bacteria que prácticamente no podemos cultivar porque es de las fastidiosas". "Todo esto hay que asimilarlo y entenderlo, y ahí está el papel de los probióticos", añade.

Para lograr comprender y ser capaces de manipular "este órgano dentro de nosotros que no somos nosotros", Ramón anda en busca de ecólogos microbianos que sean capaces de entender las estructuras poblacionales de estos cientos de bacterias y averiguar cuáles de ellas son claves para mantener los equilibrios que, como en el caso de los lactobacilos en la vagina de las mujeres, resultan beneficiosos.

La Patrulla X de la ciencia que es Biopolis parece dispuesta a seguir creciendo.

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