BENITO SERRANO, TÉCNICO DE BOMBEROS DE VALENCIA, CUENTA CÓMO SE ENFRENTARON AL INFIERNO

“Atacar al fuego directamente era un suicidio”

“Supe desde el primer momento que nos enfrentábamos a un monstruo. Fuimos de los primeros en llegar, el fuego acababa de empezar y ya tenía una

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“Atacar al fuego directamente era un suicidio”
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    “Supe desde el primer momento que nos enfrentábamos a un monstruo. Fuimos de los primeros en llegar, el fuego acababa de empezar y ya tenía una virulencia bestial”. Todavía con la adrenalina disparada, Benito Serrano, Técnico Forestal del Consorcio de Bomberos de Valencia, cuenta cómo fue la lucha contra los incendios de Cortes de Pallás y Andilla.

    Los cientos de bomberos y voluntarios tuvieron los elementos en contra. El viento de poniente se convirtió en un enemigo más y las altas temperaturas que se registraron el pasado fin de semana en el Levante español, sumadas al bajo porcentaje de humedad hicieron que las llamas superaran a los medios disponibles. Una semana después los incendios no se han extinguido por completo.

    No había capacidad de extinción a corto plazo, eso lo sabíamos todos. Las condiciones climatológicas solo complicaban la situación y el fuego tenía por delante demasiado monte del que alimentarse”, recuerda este técnico forestal que en sus 18 años de experiencia “no había vivido nunca algo así”.

    El primero de los dos incendios fue el que empezó alrededor de las cuatro de la tarde en la localidad de Cortes de Pallás. “Desde las cuatro a las ocho el fuego arrasó 20 kilómetros. Lo nunca visto. Los compañeros que llegaban por la tarde preguntaban que cuántos días llevaba el incendio activo”. Pocos se habían enfrentado a las condiciones que se dieron la semana pasada en Valencia, que no vivía un fuego de esa dimensión desde 1994.

    “El incendio de Andilla nos destrozó”

    Veinticuatro horas después de que el fuego empezara a abrasar hectáreas en Cortes, en el término municipal de Andilla se declaró un segundo incendio. Benito Serrano era el encargado de coordinar a todos los equipos que participaban en las labores de extinción. “Nos destrozó. Nos obligó a dividir efectivos, a dividir fuerzas, la situación se hizo el doble de complicada”.

    “Vivimos tres días muy difíciles, te sientes muy pequeño ante la inmensidad de la fuerza del fuego. ¿Qué puede hacer una persona con una manguera ante llamas de hasta cuarenta metros de altura?”, se pregunta resignado.

    En situaciones de tal envergadura las acciones de bomberos y voluntarios se ven muy limitadas. “Vivimos un ambiente muy agridulce porque intentabas mantener la ilusión por tu trabajo, por ganar esa batalla, pero veías cómo la naturaleza iba cayendo al paso de las llamas”.

    “Atacar a las llamas directamente era un suicidio”

    “Nos quemaba la simple radiación de las llamas, era imposible acercarse”, recuerda Benito. La extinción de los fuegos fue posible mediante un ataque indirecto, en los que se utilizan técnicas como los cortafuegos –gracias a los que se salvó la población de Cortes- o la eliminación de pasto que sirva de combustible mediante maquinaria pesada.

    El fuego desbordaba carreteras, caminos, nada le impedía avanzar. “Daba saltos de hasta un kilómetro. Una de las situaciones más complicadas que viví fue por culpa de uno de estos saltos, creíamos estar en una zona segura y en cuestión de segundos el fuego prácticamente nos rodeó. En ese momento tus cinco sentidos están desbordados por las sensaciones del fuego, es muy fácil que el estrés y el agobio te superen, pero hay que tener la cabeza fía y no hacer locuras”.

    Serrano aprovecha su relato para recordar la importancia de que cualquiera que se enfrente a un incendio tenga una ruta de escape y una zona de seguridad -hacia dónde escapar-. “Eso nos salvó a nosotros”.

    “Los medios aéreos son nuestros dioses”

    Los peores incendios de Valencia de las últimas décadas han dejado más de 70.000 hectáreas abrasadas, miles de evacuados y una víctima mortal. José Agustín Nieva Gómez falleció en un accidente con su helicóptero. Benito se emociona a la hora de hablar de la muerte de su compañero. “No le conocí, pero sin duda ha sido la peor noticia. Él y los demás medios aéreos son nuestros dioses”.

    Para todos aquellos que luchan contra un fuego poder contar con la ayuda de helicópteros y aviones es un añadido porque cumplen tres labores fundamentales: seguridad, extinción y transporte.

    “Ellos son nuestros ojos, ven lo que los medios terrestres no podemos y nos alertan del movimiento de las llamas. Además, nos dan la vida a la hora de apagar un fuego porque nos permiten volcar hasta mil litros de agua en un punto concreto con una cadencia de cinco minutos. Y por último, nos sirven de medio de transporte, nos llevan allí donde los camiones no pueden llegar”.

    “Eran incendios en los que luchamos por árboles, personas y casas”

    La mayor parte de los incendios que se producen en España lo hacen en un entorno urbano-forestal. Fue el caso de los de Valencia, donde las labores de extinción buscaban salvar “árboles, personas y casas. Nos costó pero conseguimos ganar la batalla al fuego”, que hoy está controlado.

    “Seguiremos luchando. Vivimos incendios forestales a diario. Cuando llegué el jueves al fuego de Cortes venía de sofocar llamas en otro punto de la provincia. La ropa todavía me olía a humo”. 

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