EL 41% QUIERE TRABAJAR EN LA EMPRESA PRIVADA Y EL 30% SER FUNCIONARIO

Sólo ocho de cada cien estudiantes quieren montar su propio negocio

Encontrar emprendedores en España no es tarea fácil y el motivo es que muchos estudiantes ni siquiera se lo plantean como una opción de futuro. Esta

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Sólo ocho de cada cien estudiantes quieren montar su propio negocio

Encontrar emprendedores en España no es tarea fácil y el motivo es que muchos estudiantes ni siquiera se lo plantean como una opción de futuro. Esta rara especie está formada por solo un 8% de los universitarios que han sido encuestados en el segundo barómetro Universidad – Sociedad, elaborado por el Consejo Social de la Universidad Complutense de Madrid entre un total de 1.200 estudiantes. Según este sondeo, el 41% de los estudiantes se plantea trabajar en la empresa privada y casi un 30% de los encuestados aspira a ocupar un puesto de funcionario.

El dato se ha conocido esta misma semana: España cuenta con la peor tasa de paro juvenil de toda Europa, situada en un 43,5%. El promedio que presentan los países del viejo continente está situado en el 20,4% y otros como Grecia –segundo en este ranking- marcan una clara distancia con nuestro país y se sitúan a más de siete puntos seguido de Eslovenia y Lituania.

A la vista de los datos, los estudiantes se muestran más o menos optimistas según la rama de los estudios que están cursando. Entre los que ven con mejores ojos su futuro laboral están los que proceden del área de Salud, un contraste que se acentúa al compararse con los que estudian una carrera perteneciente al área de Experimentales o ciencias Sociales o Jurídicas. En lo que sí están de acuerdo la práctica totalidad de los encuestados es que el mercado laboral español no es flexible ni permite la movilidad geográfica, no fomenta la contratación y el empleo, no favorece el empleo ni la contratación y necesita una reforma en profundidad.

No obstante, a la hora de valorar el papel que juegan los empresarios españoles, los estudiantes muestran una opinión muy desfavorable hacia ellos. Consideran que no son innovadores y carecen de capacidad para crear trabajo y riqueza o potenciar el desarrollo económico y social. Además, la mitad de los universitarios opina que los empresarios españoles no tienen una adecuada formación ni iniciativa para asumir riesgos en los negocios. Los sindicatos y el papel que juegan en el tejido empresarial tampoco se salva de la quema: el 70% de los encuestados cree que no defienden los derechos de los trabajadores, no colaboran en la consolidación del Estado del Bienestar y tampoco están adaptados a la realidad social del momento.

Ser funcionario, la meta para muchos

“Montar un negocio es para gente que tenga dinero”. Este es el argumento más generalizado entre aquellos universitarios a los que se les pregunta por si se verían con buenos ojos esta posibilidad. La traba de la inversión inicial en muchos proyectos, unida a la falta de oportunidades que ofrecen los bancos en la concesión de créditos y al riesgo de incurrir en pérdidas en un panorama de creciente inseguridad por la crisis económica, son el cóctel definitivo para esterilizar los nuevos proyectos. Sin embargo, la posibilidad de encontrar un empleo fijo y duradero como funcionario público son los argumentos más atractivos para la gran parte de estos futuros empresarios españoles.

Para Marc Vidal, autor de Contra la cultura del subsidio (ed. Gestión 2000), esta situación se debe a motivos culturales relacionados con “el acomodamiento social y el miedo al fracaso, ya que vivimos en una especie de sofá social que nos invita a no movernos mucho para lograr cosas pues estas vienen muchas veces por sí solas. Esto es peligroso, pues adormece a la sociedad y la aleja de los retos”. 

Lo que parece claro es que, a pesar del desalentador panorama laboral, la actitud queda condicionada en función de las distintas sociedades. Como apunta Víctor Conde, coordinador del Club de Emprendedores de la Universidad Antonio de Nebrija, “el 70% de los universitarios estadounidenses quiere montar su propia empresa, porque lo han mamado y lo han asumido desde niños y porque allí el empresario es un personaje de prestigio. Aquí, el mensaje que reciben es que hay que buscar lo seguro y que lo mejor es no meterse en líos”.

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