UN CAMPO DE GOLF EN EL CENTRO DE MADRID OCUPA EL LUGAR DESTINADO A UN PARQUE

Chamberí: En busca del parque perdido

En Madrid hay de todo. Museos que son la envidia en el extranjero, uno de los aeropuertos más grandes de Europa con una terminal que es

Foto: Chamberí: En busca del parque perdido
Chamberí: En busca del parque perdido

En Madrid hay de todo. Museos que son la envidia en el extranjero, uno de los aeropuertos más grandes de Europa con una terminal que es el último grito en diseño, cuatro nuevos rascacielos… y hasta un campo de golf en pleno barrio de Chamberí. Cien puestos para practicar tiros y nueve pequeños hoyos distribuidos sobre los depósitos del Canal de Isabel II, un espacio inicialmente destinado a un gran parque que, de repente y sin previo aviso, quedó transformado en esta instalación deportiva, muy a pesar de los vecinos.

El 14 de abril de 2003, Alberto Ruiz-Gallardón y José María Álvarez del Manzano colocaban la primera piedra de lo que sería un gran parque en la avenida de Islas Filipinas para deleite de los vecinos de la zona. Tres años después y sin previo aviso, los vecinos se levantaron una mañana y vieron que los carteles que anunciaban el espacio verde habían sido cambiados por los correspondientes a un nuevo proyecto: un campo de golf. De las 9 hectáreas que iba a ocupar el parque; 7,5 han pasado a ser parte del complejo.

Casi de manera paralela al levantamiento del campo de golf, nació la asociación Parque Sí en Chamberí, no para reclamar que se derribase el campo de golf, sino para pedir que se cumpla lo prometido: un parque. No dudan en aprovechar cualquier ocasión para matizarlo: “No somos los vecinos contra el campo de golf, somos los vecinos a favor del parque”.

“Se han olvidado de las necesidades de la gente de esta zona”, cuentan desde Parque Sí a El Confidencial. “Aquí hay niños, gente mayor, estudiantes de colegios mayores, que necesitan un parque”, denuncian. “Estamos en el barrio de Madrid con la ratio más baja en lo que a zonas verdes se refiere”.

Esta asociación se dedica a recoger firmas y organizar días de promoción de su protesta como los llamados Domingos verdes. De momento, estos vecinos cabreados, unidos a otras asociaciones, como El Organillo, no solamente han logrado hacer ruido, sino que también han conseguido que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) haya anulado el acuerdo con el que la Comunidad de Madrid esquivó las trabas que le impedían construir esta instalación deportiva.

El Gobierno regional se escudó en el “interés general” para saltarse las trabas municipales, entre las que había un informe negativo de la Comisión Institucional para la Protección del Patrimonio Histórico y Artístico del ayuntamiento de Madrid, que pidió que se suprimiesen las plataformas desde las que se practica el tiro y los enormes postes que sostienen las redes.

Sin embargo, los vecinos no ven el interés general por ningún lado. Su anhelo, el parque, ha quedado reducido a la mínima expresión. Un pequeño pasillo alrededor del campo de golf por el que se acumulan viejecitos con bastón y corredores. “Se supone que hay un circuito por el que se puede pasear, pero realmente no se puede, porque se forman muchos atascos de personas”, afirman desde la asociación.

Asimismo, no se olvidan de los quebraderos de cabeza provocados por el campo de golf. Acusan a la instalación de provocar ruidos con las máquinas distribuidoras de pelotas y de causar contaminación lumínica debido a los potentes focos que iluminan el campo.

Un plan mejorado

Desde el Canal de Isabel II, las cosas no se ven tan claras ni tan evidentes. Acusan a los vecinos de no contar el plan anterior con todos los detalles, incluido un helipuerto presente en el proyecto, con todos los trastornos auditivos que hubiese podido ocasionar.

De esta manera, la sentencia del TSJM ha sido recurrida, ya que, según fuentes del Canal consultadas por este diario, el proyecto final mejora bastante la propuesta ya que “es mucho más utilizable una zona deportiva, que no está sólo dedicada al golf, que un helipuerto”.

Contando con el vecino parque de Santander, “duplicamos la superficie ajardinada, con zonas para niños y personas mayores”, situándola en 60.000 metros cuadrados frente a los 25.952 iniciales. Por todo esto, el Canal considera que el proyecto realizado justifica su “interés general”.

Una polémica que colea

La protesta de los vecinos de Chamberí no ha concluido en lo que consideran su legítima demanda de su parque. Esta asociación interpuso una querella contra el vicepresidente y portavoz del Gobierno de Esperanza Aguirre, Ignacio González, acusándolo de prevaricación en la adjudicación de la gestión y de la explotación de las instalaciones. Sin embargo, el TSJM acabó no admitiéndola a trámite.

A la historia tampoco ha faltado alguna medida de presión, según los vecinos. “Como parte de una de las medidas de protesta, plantamos un árbol y nos denunciaron. En ese momento sí que parecía que había presiones y un intento de hacer ver que éramos unos maleantes”, cuentan desde Parque Sí. “Intentaron criminalizarnos, pero plantar un árbol, evidentemente, no es un delito”.

La asociación evita su politización y no quieren que ninguna formación se aproveche de su labor. “Nuestra lucha no es política. No es una cuestión de Aguirre o Gallardón. Lo que queremos es que quiten esta estructura metálica. Quién lo haga y cómo lo haga, nos da igual”, afirman desde esta asociación.

A pesar de la candidatura de Madrid a la Ryder Cup, del ruido de las máquinas y de la contaminación lumínica, la esperanza es, para estos vecinos, una certeza: Este campo “es un muro que caerá”.

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