Las elecciones que hacen peligrar el único filón europeo de 'tierras raras'
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Elecciones en Groenlandia

Las elecciones que hacen peligrar el único filón europeo de 'tierras raras'

Groenlandia decide en las urnas el futuro del proyecto minero de tierras raras de Kvanefjeld, una de las mayores reservas del mundo y de las pocas en territorio europeo

Foto: Nuuk, en Groenlandia. (EFE)
Nuuk, en Groenlandia. (EFE)

Este martes, los poco más de 41.000 ciudadanos con derecho a voto en Groenlandia están convocados a elecciones. Pero más allá del nuevo parlamento del territorio autónomo de Dinamarca, las urnas también decidirán el futuro de las minas de tierras raras en la isla, únicas reservas europeas de este tipo de materiales, sobre los que China tiene la absoluta hegemonía en el mundo y son cada vez más vitales para el desarrollo de productos tecnológicos y de defensa del futuro.

En el centro del debate electoral groenlandés está la mina de uranio y tierras raras de Kvanefjeld, en el sur de la isla, cuya explotación promete nuevos ingresos al territorio, pero a la que varios partidos políticos se oponen por motivos medioambientales. Los resultados oficiales de los comicios no se conocerán hasta la madrugada del miércoles, pero las encuestas previas dan un 36% de intención de voto al principal partido de la oposición, Inuit Ataqatigiit (IA), que ya ha adelantado que clausurará todo el proyecto minero de Kvanefjeld, conocido localmente como Kuannersuit. El actual partido de gobierno (a favor de explotar la mina), los socialdemócratas de Siumut, obtendría un 23,2%. Los partidarios del proyecto minero confían en que los ingresos derivados darán una mayor independencia financiera al territorio, altamente dependiente de subsidios ofrecidos por Dinamarca, mientras que los más críticos la señalan como una amenaza contra el turismo, el delicado equilibrio social y el medioambiente, en uno de los territorios -por su localización geográfica y su orografía, cubierto de hielo- más sensibles al cambio climático.

Pero las implicaciones de la explotación de tierras raras en Groenlandia van más allá de la política local.

Los elementos de tierras raras (REE, por sus siglas en inglés) son vitales para la industria de las telecomunicaciones, la transición a energía verde y en temas de Defensa, pero la producción es casi exclusiva de China. Con la intención de mantener su hegemonía en una industria en crecimiento, el gobierno en Pekín clasifica la industria de REE y las exportaciones relacionadas como "estratégicas", y controla actualmente casi el 100% del procesamiento de esas tierras raras. Hoy día solo hay una instalación de procesamiento de tierras raras a escala fuera de China, propiedad de la firma australiana Lynas y ubicada en Malasia.

Europa, que no cuenta con ningún tipo de reservas de estos materiales, importa más del 90% de sus tierras raras de China. Es de prever que, con los cada vez más ambiciosos planes 'verdes' de la Unión Europea, aumente también la demanda de estas tierras raras, componentes claves en la industria de la energía renovable y los coches eléctricos.

Las tierras raras adquieren una importancia creciente en la tecnología militar tanto europea como estadounidense. Según un informe de la OTAN en 2020, un submarino estadounidense de la clase Virginia requiere aproximadamente 400 toneladas de REE, un destructor clase Arleigh Burke de más de dos toneladas y un avión de combate F-35, 400 kilos. Hoy día, y pese a que EEUU sí cuenta con reservas naturales de tierras raras, la dependencia de la OTAN de las importaciones de China es del 100%, según dicho informe.

Aquí entra en juego la promesa de Groenlandia: la isla, de 56.400 habitantes en un total de 2 millones de kilómetros cuadrados y que aprobó su Estatuto de autonomía de Dinamarca en 1979, cuenta con una de las mayores reservas de tierras raras del mundo, similares a las que posee EEUU, aunque mínimas comparadas con China (líder indiscutible), Vietnam o Brasil, según la US Geological Survey. Rusia, India y Australia completan el palmarés de reservas estimadas de REE.

placeholder Una casa tradicional en Nuuk, Groenlandia. (Reuters)
Una casa tradicional en Nuuk, Groenlandia. (Reuters)

El proyecto minero de extracción en Kvanefjeld es propiedad de la empresa australiana Greenland Minerals, que sostiene que la mina tiene el potencial de convertirse en "el productor de tierras raras más importante en el mundo occidental", y posiblemente uno de los más baratos a nivel mundial. De momento, el proyecto seguirá en suspenso hasta que el gobierno groenlandés de los permisos medioambientales necesarios.

Pero incluso aunque el proyecto minero salga adelante, la explotación de Kvanefjeld no implicará necesariamente una vía abierta para que Europa no sea tan dependiente de la cadena de importación China de tierras raras. Además de que la UE ya llega tarde al proyecto de Kvanefjeld (la empresa china Shenghe Resources, muy cercana al gobierno de Pekín, cuenta con un 10% de la propiedad de Greenland Minerals), la hegemonía china con las tierras raras va más allá de las reservas y la extracción: hasta el momento, todas las minas existentes de REE fuera de China, con excepción de las rusas y una en Australia, exportan sus tierras raras a China para su procesamiento, lo que da a Pekín el control de la cadena de valor.

Pero para los intereses de Groenlandia igual puede valer vender sus tierras raras a China que a EEUU o la Unión Europea. La explotación y venta de REE podría ayudar a diversificar la economía de la región, fundamentalmente pesquera, y muy dependiente de financiación del gobierno danés. Según estadísticas gubernamentales de Copenhague, el subsidio anual a Groenlandia alcanza casi el 30% del PIB de la región autónoma en 2018.

Pero para ser un país independiente hay que saber jugar sus cartas a nivel geopolítico. En los últimos años, el interés económico de China en Groenlandia, como parte de esa nueva ruta de la seda del Ártico, ha aumentado en forma de proyectos económicos. Fue memorable aquel comentario del expresidente de EEUU, Donald Trump, sobre "comprar" Groenlandia a Dinamarca, pero lo cierto es que su localización, tan cercana al Ártico, la hace una pieza jugosa en la tensión regional con China, Rusia y EEUU.

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