Londres pide entrar al Tratado Transpacífico: ¿qué hay en juego en el tablero geopolítico?
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NUEVOS AMIGOS TRAS EL BREXIT

Londres pide entrar al Tratado Transpacífico: ¿qué hay en juego en el tablero geopolítico?

El club transpacífico, que representa el 13,4% del Producto Interior Bruto mundial, incluye entre sus once socios actuales a economías de rápido crecimiento como Méjico, Malasia y Vietnam

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Boris Johnson. (Reuters)

El Gobierno de Boris Johnson comienza a definir la Global Britain, un nuevo Reino Unido al que los euroescépticos se refieren cual tierra prometida de la Biblia. Cuando se cumple un año del divorcio legal entre Londres y Bruselas y un mes del fin de periodo de transición, Downing Street -enfatizando más que nunca que ahora es dueño de su soberanía y puede negociar acuerdos comerciales con quien le plazca-, ha presentado formalmente este lunes su adhesión al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, en inglés). La jugada no solo hay que analizarla desde el punto de vista económico, sino también desde el geopolítico en un tablero internacional en el que Londres no quiere perder su influencia.

El club transpacífico, que representa el 13,4% del Producto Interior Bruto mundial, incluye entre sus once socios actuales a economías de rápido crecimiento como Méjico, Malasia y Vietnam, así como actores regionales establecidos como Japón (la tercera economía mundial), Australia, Nueva Zelanda y Canadá.

El nuevo Tratado Transpacífico, que entró en vigor en diciembre de 2018, no es más que una versión actualizada del frustrado pacto firmado en 2016, que sufrió una profunda crisis tan sólo un año más tarde, a raíz de la decisión de Donald Trump de retirar a Estados Unidos. Downing Street calcula que la membresía “impulsará” el comercio del Reino con el club, que representó 111.000 millones de libras (125.000 millones de euros) el año pasado, y crece a una media de un 8% anual desde 2016, cuando los británicos decidieron abandonar la UE. Aunque no ha especificado en cifras que supondrá eso para el PIB británico.

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“Un año después de nuestra salida de la UE estamos forjando nuevas asociaciones que traerán enormes beneficios económicos para los británicos”, señaló Johnson. A su juicio, el lanzamiento del proceso “demuestra la ambición” británica por hacer negocios en todo el mundo y por ser un “entusiasta campeón del libre comercio global”.

La realidad es que, en términos puramente de volúmenes comerciales, no es un movimiento especialmente significativo. La mayor parte del comercio del Reino Unido tiene lugar en otros lugares. Y, además, Londres ya tiene acuerdos bilaterales con siete de los once miembros y está en negociaciones con otros dos. La distancia sigue siendo un factor clave en el comercio. No se puede obviar que el 43% de las exportaciones británicas van a la UE. El propio Ejecutivo reconoció que el reciente pacto firmado con Japón representará a largo plazo tan sólo un incremento del PIB británico del 0.07% frente a la reducción de casi un 5% que sufrirá la economía británica tras haber salido del bloque.

Pero lo que Londres también busca con sus nuevos socios son dos objetivos. Primero, una vía de estrechar los lazos con Estados Unidos, con el que aún no ha cerrado el tan deseado acuerdo comercial. La administración de Joe Biden está centrada ahora en la inversión nacional y el crecimiento económico que respalde a la clase media estadounidense. El nuevo presidente ha dicho repetidamente que el CPTPP “necesitaría ser renegociado”, aunque no parece tener prisa por revisarlo de inmediato. En cualquier caso, Downing Street no tira la toalla. En segundo lugar, uniéndose al nuevo club, Londres quiere fortalecer la apertura de países, obligando indirectamente a China a comenzar a seguir las reglas de juego.

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Joe Biden. (Reuters)

Shanker Singham, uno de los abogados especializados en comercio más reputados a ambos lados del Atlántico y considerado como el cerebro del Brexit económico, ya avanzaba esta estrategia en una entrevista con El Confidencial. “Lo que quieren los Estados miembros [del Acuerdo Transpacífico] es la adhesión del Reino Unido en 2021 si fuera posible. Quieren que el Acuerdo Transpacífico se convierta en una plataforma con poder en esta zona que rete a China y la falta de movimiento de la propia Organización Mundial del Comercio. Es una comunidad que comparte valores generales y económicos (…) Y Londres no quiere tener que negociar al mismo tiempo con Estados Unido y su adhesión al Acuerdo Transpacífico. Si quedan detalles por limar con Washington, es más fácil resolverlos ya como miembro del Acuerdo Transpacífico”, matizaba.

Pese a toda la polémica del año pasado con Huawei en el desarrollo de la red 5G, Boris Johnson no quiere enemistarse por completo con Pekín. Sin embargo, los rebeldes de sus propias filas ponen cada vez más impedimentos y ahora se encuentran en plena batalla en Westminster para sacar adelante una enmienda que daría a los jueces, y no al Gobierno, el poder para decir la lista de países con los que se puede establecer nuevos acuerdo comerciales. Aquellos que cometan genocidio quedarían fuera. En concreto, el foco de atención está sobre el trato de China hacia los miembros de la minoría musulmana de los Uigures.

La portavoz de Comercio en la oposición laborista, Emily Thornberry, se preguntó si el Reino Unido tendría derecho de vetar la eventual entrada de China en el CPTPP e instó al Gobierno a consultar a los británicos sobre la pertenencia a un nuevo bloque comercial, después de los cinco años de debate interno para salir de la UE.

Por su parte, en un artículo de opinión publicado en 'The Telegraph', biblia para los 'tories', la ministra de Comercio, Liz Truss, recalcaba que el nuevo pacto “eliminará los aranceles sobre el 95% de los bienes comercializados entre los miembros, proporcionará un acceso más profundo al mercado para los servicios, de los cuales el Reino Unido es el segundo mayor exportador mundial, y marcará las reglas de vanguardia para el comercio digital”.

“Negociaremos con firmeza, pero de manera justa en interés del pueblo británico. Nuestras líneas rojas son bien conocidas: el NHS [Sistema Nacional de Salud pública] no está sobre la mesa, al igual que nuestros estándares medioambientales y de calidad de alimentos, así como la protección de datos”.

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