El caos italiano: cuando el Gobierno sabía qué hacer contra la pandemia... salió todo peor
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UNA TÓNICA REPETIDA POR EUROPA

El caos italiano: cuando el Gobierno sabía qué hacer contra la pandemia... salió todo peor

Hasta el 31 de mayo, el país sumaba 33.415 fallecidos por los 33.731 de esta segunda parte de un mal partido que ha recomenzado, en ocasiones parece que sin árbitro, en octubre

placeholder Foto: Protesta de sanitarios contra el Gobierno en Italia por la falta de recursos. (Reuters)
Protesta de sanitarios contra el Gobierno en Italia por la falta de recursos. (Reuters)

Italia tiene en esta pandemia más muertos en la segunda ola que en la primera. El sorpaso se produjo el 22 de diciembre. Hasta el 31 de mayo, el país sumaba 33.415 fallecidos por los 33.731 de esta segunda parte de un mal partido que ha recomenzado, en ocasiones parece que sin árbitro, en octubre. Todo lo que podía ir peor ha ido peor: el virus se ha desatado de nuevo, algunas normas para atajarlo se contradicen, filtraciones constantes a la prensa de los decretos generando una enorme confusión en los ciudadanos, cambios de rumbo de última hora, peleas dentro de un Ejecutivo que cada mañana amenaza con romperse… ¿Qué no ha fallado?

Quizá controlar la pandemia y la economía sea una tarea imposible donde el único éxito sea que ambas vayan moderadamente mal, pero muchos italianos han tenido la sensación de estar bajo el paraguas de un Gobierno que ha perdido el rumbo. “¿Qué haces en Navidad? No lo sé, aún no sabemos si nos dejan salir y podremos ir con nuestra familia”. Esta conversación, del 17 de diciembre, no necesita nombres. Se repetía por toda Italia.

Ese mismo día el primer ministro Giuseppe Conte anunciaba las por fin definitivas restricciones, un navideño 'lockdown' total con matices, que justificó así: “Ofrecen un punto de equilibrio entre el endurecimiento necesario y las excepciones necesarias considerando la importancia social que tienen estas fiestas en nuestra comunidad”. En resumen, 'un cerramos pero no del todo porque debemos cerrar del todo pero no queremos hacerlo ni nosotros ni vosotros', que parece condensar todas las sensibilidades de un Gobierno y sociedad en la que hay ideas divergentes sobre cómo afrontar esta crisis. “Festividad de Navidad, reaperturas de escuelas, mayoría del Gobierno dividida: caos total”, respondía al anuncio gubernamental el partido Forza Italia del ex primer ministro Silvio Berlusconi.

Italia y la rutina del caos

Italia sabe vivir muy bien en el caos y sobrevivir muy mal en la rutina. Hay un arraigo social en aceptar que, en una prueba coral, este es un país que obtendría una excelente nota si se suman todas las calificaciones individualmente y se saca la media y que, sin embargo, suspendería holgadamente cualquier examen de grupo. En Italia no hay crisis de Gobiernos, hay Gobiernos perennemente en crisis. Sin entender esa capacidad de resistencia italiana de ser sublimes en sus virtudes y en sus defectos no se entiende nada: ni que lleve 66 Gobiernos desde el final de la II Guerra Mundial, ni la celebración de la vida y la muerte de Maradona, ni una pandemia.

Foto: Test de coronavirus en Turín, Italia. (Reuters)

La primera ola del coronavirus sacó a flote muchas de las virtudes italianas. Su resiliencia, esa palabra tan de moda, está contrastada. Italia pudo pasarse 1.400 años troceada entre papas, príncipes, artistas y canallas sin perder su identidad, que no era otra cosa que un gusto exquisito para pintar muros y una capacidad innata para comprar y vender mercancías. ¿Cómo un país que hasta hace 140 años no era un país puede haber estado durante siglos moldeando la historia del planeta?

Con el virus pasó algo parecido. Cuando todo estaba en contra, cuando las apuestas eran que los italianos quemarían sus casas antes de aceptar que los encerraran dentro, los transalpinos sorprendieron, se encerraron en sus viviendas dos meses, llenaron las ventanas de carteles con arcoíris pintados por niños donde se leía “Andrá Tutto Bene” y se dedicaron a cantar canciones en los balcones. Italia exportó eso al mundo, porque Italia fue para el resto del globo la primera experiencia visible, y mandó un mensaje de solidaridad y responsabilidad encomiable. ¿Qué hubiera pasado en esta aldea global que imita lo que dice su teléfono móvil si en vez de familias cantando junto a una bandera hubiera visto coches y contenedores en llamas protestando porque ahogaban libertades?

1.600 millones gastados en pupitres vacíos

Eso tuvo una recompensa y en la recompensa de las virtudes se encendieron todos los males. El Gobierno italiano subió en popularidad, se convirtió en ejemplo global de gestión de infecciones masivas y se empezaron a tomar medidas para un escenario en el que el virus estaría acorralado. ¿Era realista? Italia empezó a ofrecer un intento de normalidad futura con planes que desde el principio chirriaban a muchos y que ha acabado con una sucesión decretos con medidas que se contradicen. “Cerramos ahora para no cerrar en navidad”, prometió Conte en octubre. La oposición de la Lega le echa en cara hoy al mandatario la sucesión constante de planes que han acabado fallando.

Foto: Un trabajador sanitario, en Roma. (EFE)

Primero, en verano, se elaboró un proyecto ambicioso y enloquecido para equipar las escuelas. Se encargaron 2,5 millones de nuevos pupitres, individuales y con ruedas, en los que se iban a invertir 1.600 millones de euros. El proyecto era imposible de cumplir físicamente, no había capacidad de fabricar todas esas nuevas sillas en un mes, pero dejaba, además, muchas dudas de que fuera a servir para algo. ¿Quién pensó que en medio de una pandemia de contagios separar las sillas sería una garantía de poder mantener las escuelas abiertas? Si separar los pupitres no garantizaba las no infecciones, ¿para qué invertir todo ese dinero? El resultado es que el plan se cumplió a medias, muchos colegios tiraron de imaginación mientras, dando clases al aire libre o serrando los viejos pupitres para dividirlos en dos, y en octubre, cuando regresaron las restricciones, la mayor parte de las regiones cerraron las escuelas y se regresó a la educación a distancia. ¿Abrirán las aulas en enero? “El Gobierno está muy unido en la idea de reabrir las escuelas el 7 de enero”, ha dicho la ministra de educación Lucia Azzolina. La nueva variante del llamado virus inglés pone de nuevo en duda que ese plan pueda llevarse a cabo. Habrá que esperar a los números de inicios de año.

No a las compra y subvención de pagos

Sobre la apertura de restaurantes, hoteles y comercios lo único que se puede decir es que los últimos tres meses han sido un vaivén de ideas, filtraciones de nuevas estrategias y todo tipo de variables. Cuesta explicar que el mismo Gobierno, que ha pedido a los ciudadanos que dejen de comprar masivamente en las calles para evitar contagios, ha elaborado un plan por el que se reintegra el 10% de los pagos con tarjeta que se hagan hasta final de año. En concreto, las personas que hagan 10 pagos presenciales en tienda por hasta 1.500 euros recuperarán hasta 150 a través de una aplicación en la que se deben dar de alta en los móviles.

“Los restaurantes somos víctimas de todos estos cambios de planes”, ha explicado el afamado chef romano Renato Salvatori

¿Cuál es el propósito de esta norma? Si es acabar con la economía sumergida, la imagen que se ofrece a los socios europeos en plenas discusiones por las ayudas comunitarias es preocupante. Mientras algunos países dan fondos de cooperación, ¿Italia subvenciona un 10% de las compras bancarias de sus ciudadanos para evitar fraudes? Si se trataba de apoyar al pequeño comercio, el mensaje es confuso: ¿deben salir o no deben salir los italianos a comprar a las calles? Decirles que no salgan y premiarles si lo hacen parece una táctica desacertada.

Con los restaurantes la situación ha sido similar. Hasta el 17 de diciembre, todos los restaurantes estaban promocionando sus comidas, incluso del día de Navidad, durante las fiestas (desde finales de octubre cierran a las 18 horas). Finalmente, con buena parte de la compra de despensa ya hecha, el Gobierno decidió que no abrirían desde el 24 de diciembre al 6 de enero. “Los restaurantes somos víctimas de todos estos cambios de planes”, ha explicado el afamado chef romano Renato Salvatori. Algunos acababan de adecuar las nuevas terrazas con calefactores y otros ya habían comprado parte del menú y elaborado un plan de negocio.

Navidades, ¿solos o acompañados?

También sobre los movimientos navideños ha habido un cambio de rumbo significativo. Ha sido casi imposible planificar nada estas Navidades. “Aún no sabemos si nos vamos a Toscana. Parece que va a pasar a zona amarilla y podremos ir, pero estamos a la espera de que confirmen”, explicaba el viernes 18 Andrea, cuya familia es toscana mientras él vive en Roma. El semáforo regional italiano, junto al calendario, es una de las variantes que hasta última hora había que mirar para decidir dónde se pasaban las fiestas. Entre las regiones consideradas amarillas está permitido moverse, pero ese es un color que cambia cada semana a tenor de los números de contagios, por lo que muchos italianos han adelantado o retrasado sus movimientos considerando esa variable.

Luego llegó el nuevo decreto del 17 de diciembre y se supo que todo el país está en 'lockdown' (zona roja) del 24 al 27 de diciembre, del 31 al 3 de enero y el 5 y 6 de enero. Es decir, el 4 de enero, habrá una previsible estampida de gente a la calle.

Foto: Boris Johnson. (Reuters)

El resultado de este calendario ha sido un difícil parto dentro del propio ejecutivo en el que cada día se filtraba una cosa nueva. Primero se dijo que nadie en Navidad y Nochevieja podría salir de casa, alargando el actual toque de queda el 1 de enero hasta las 7 de la mañana, luego que todos en casa y finalmente se ha dado un giro inesperado y ahora podrán reunirse hasta cuatro adultos y dos hijos para comer o cenar en las fiestas. La matemática familiar de sumas y restas hace el resto. No es fácil, hace falta calculadora para comprender las reglas.

Dos ejemplos: ¿si una pareja tiene dos hijos menores de 16 años y uno mayor de 16 años, pueden cenar todos junto a sus abuelos u otra pareja? No, el niño de 16 años o uno de los dos progenitores no puede ir. ¿Puede uno los días de 'semilockdown' —28, 29, 30 de diciembre y el 4 de enero— ir a otra región o municipio? No, pero si uno habita en un pueblo de menos de 50.000 habitantes puede entre las 5 de la mañana y las 22 horas ir a otro municipio o región que esté a un máximo de 30 kilómetros de distancia de la propia residencia y que no sea la capital de provincia. Fácil, ¿no?

Un Gobierno en crisis perenne

Las últimas semanas ha habido, por si la situación no fuera ya complicada, una nueva crisis de Gobierno protagonizada por el partido del ex primer ministro Matteo Renzi y el actual primer ministro Giuseppe Conte. El nuevo roce ha surgido por el uso de los fondos europeos, pero la sensación es que el tripartito del Movimiento 5 Estrellas (M5S), el Partido Democrático (PD) y su escisión de Italia Viva tiene problemas estructurales. El principal es que no se gustan entre ellos, no se fían entre ellos y están juntos solo para evitar que no gobierne la coalición de derechas que lidera las encuestas.

placeholder Matteo Renzi. (EFE)
Matteo Renzi. (EFE)

La nueva crisis, nada nuevo en el panorama italiano, podría solventarse con cambios en un ejecutivo en el que el PD va teniendo cada vez más fuerza, pero que, al final, depende de los votos del minoritario y casi desaparecido Renzi para mantenerse en pie. ¿Puede caer Conte? Parece improbable, aunque su figura, hasta ahora con altos niveles de aprobación ciudadana, está quedando dañada en esta segunda ola y Renzi parece proclive a cobrarse esa pieza.

“Escribieron que queremos sillones. Escribieron que somos irresponsables. Escribieron que hacemos tácticas. Escribieron…, pero, como suele ocurrir, no han leído. Confiamos en que, con el debido respeto a las polémicas, el presidente Conte haya leído esta carta. Veremos si quiere dar algunas respuestas. El balón ahora está en manos del primer ministro, depende solo de él. Debe las respuestas a Italia, no a Italia Viva”, ha dicho un Renzi que pretende sacudirse esa imagen de exmandatario ambicioso que no sabe cerrar la puerta al salir. Italia Viva exige a Conte participar activamente en el reparto de esos fondos de reconstrucción europeo y que aumente considerablemente la partida dedicada a la sanidad que en el plan actual sería de solo 9.000 millones de euros, un 4,3% del total de los fondos disponibles.

Foto: Foto de archivo del presidente francés, Emmanuel Macron. (EFE)

Conte, por su parte, decidió aceptar en un primer momento el órdago de Renzi: “¿No tengo la confianza? Vayamos a votar al parlamento”, dijo el presidente del Consejo de Ministros para añadir que “sin la confianza de toda la coalición mayoritaria es imposible gobernar”. Conte sabe que las encuestas no son favorables a Italia Viva ni a Renzi, que corre riesgo de acabar de dar un salto mortal hacia atrás si pasa por las urnas. ¿Quién de los dos tiene más que perder?

El M5S y el PD, mientras, observan la jugada desde fuera, afilando sus cuchillos ante una crisis que ahora no conviene, pero que convendrá casi seguro cuando, tras 2022, el parlamento reelija el importante cargo de presidente de la República y se acerquen las elecciones de 2023.

Nada en Italia parece improbable porque todo parece siempre posible. El caos de las últimas semanas ha generado controversia y desgaste social. Recurriendo a tópicos, Maquiavelo, no podía faltar, entendió bien la política patria y a su propio pueblo cuando aseguró que “la naturaleza de los pueblos es muy poco constante: resulta fácil convencerlos de una cosa, pero es difícil mantenerlos convencidos”. Italia solo está convencida de una cosa, de que saldrá adelante, aunque nunca parece tener una estrategia clara de cómo.

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