Tijanóvskaya: "Lidiamos con un dictador patológicamente enganchado al poder"
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Premio Sájarov del Parlamento Europeo

Tijanóvskaya: "Lidiamos con un dictador patológicamente enganchado al poder"

Hace meses, era una profesora que dejó su trabajo para cuidar a sus hijos. Hoy, es líder de la oposición bielorrusa. Ha pasado más de la mitad de su corta carrera política en el exilio

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Belarus opposition leader svetlana tichanovskaja visits sweden

En Bielorrusia hay algo a lo que llaman "conversaciones de cocina". Es cuando los amigos, un círculo cercano, "se sienta en la cocina y discute lo que no va bien con el país", explica Veronika Tsepkalo, uno de los principales rostros femeninos de la oposición bielorrusa. "Lo que no va bien" como los 26 años que lleva gobernando el que ha llegado a ser conocido como "el último dictador de Europa", Alexandr Lukashenko. Un año más y como cada cinco, este agosto los bielorrusos se preparaban para unas elecciones de las que no esperaban nada, nada más que una nueva victoria de Lukashenko. También un año más y como cada cinco, algunos candidatos de la oposición fueron detenidos o sus candidaturas prohibidas y forzados al exilio por miedo a la cárcel. Más madera para avivar las conversaciones de cocina. Pero este año pasó algo que galvanizó el escenario y empujó a la oposición bielorrusa a uno de sus momentos más dramáticos en décadas y el desafío más serio al Gobierno de Lukashenko: cuatro meses de multitudinarias protestas y huelgas de trabajadores, miles de detenidos (según las fuerzas opositoras, cerca de 32.000), una creciente represión violenta de las manifestaciones y un consejo opositor casi al completo en el exilio. "Los bielorrusos han despertado y lucharán hasta la victoria", sentencia por su parte Svetlana Tijanóvskaya, la líder de la oposición bielorrusa.

Hace unos meses, Tijanóvskaya era una profesora que dejó su trabajo para cuidar a sus hijos. Hoy, es la líder de la oposición bielorrusa. Ha pasado más de la mitad de su corta carrera política en el exilio, desde el 10 de agosto, un día después de que Alexandr Lukashenko se declarara ganador de las elecciones presidenciales con el 80% de los votos en lo que han sido ampliamente consideradas unos comicios fraudulentos. La candidatura de Tijanóvskaya entró en las listas casi por casualidad. Tras la detención de su marido, el opositor Siarhei Tijanosky, quien había hecho pública su intención de presentarse como candidato, la detención de otro candidato, Viktar Babaryka, y que la comisión electoral no permitiera la candidatura y forzara el exilio de un tercer opositor, Valery Tsepkalo, tres mujeres (la propia Tijanóvskaya, la líder de campaña de Babaryka -Maria Kalesnikava- y la mujer de Tsepkalo, Veronika) unieron fuerzas en una candidatura unificada de la oposición. Lukashenka pasó toda la campaña ridiculizándolas, asegurando que unas mujeres no podían llegar a ser presidentes, que la constitución bielorrusa "no está escrita para las mujeres". Y sin embargo Tijanóvskaya empezó a movilizar masas. "En los primeros mítines venía muy poca gente. Estaban asustados, no creían que ningún cambio pudiera suceder en Bielorrusia. La pregunta que más me hacían era: ¿por qué lo haces?", recuerda Veronika Tsepkalo, también en el exilio, a El Confidencial.

Y cuando Lukashenko se declaró ganador de las elecciones, comenzaron las protestas, las más numerosas que ha visto el país desde hace décadas. Protestas cada fin de semana durante los últimos cinco meses.

Foto: Charles Michel, presidente del Consejo. (Reuters)

Lukashenko, sin embargo, se ha mantenido en el poder. "Estamos lidiando con un dictador que está patológicamente enganchado al poder. No quiere abandonar [el poder] incluso viendo cómo la gente está sufriendo, que la economía está sufriendo, que la sociedad está sufriendo... No, él decide seguir agarrándose al poder. No perdonaremos ni olvidaremos todas las atrocidades que está cometiendo, ni los crímenes que está cometiendo contra su gente", denuncia Svetlana Tijanóvskaya en un encuentro ante periodistas esta semana, entre ellos El Confidencial, durante su 'gira' por Europa, pidiendo a los gobiernos europeos más compromiso con la lucha de la oposición bielorrusa.

"Desde aquí [el exilio] puedo hacer más que si estuviera en la cárcel en Bielorrusia", afirma Tijanóvskaya.

Hasta el momento, sostiene la líder opositora, la UE ha estado jugando por debajo de su peso en la presión que es capaz de ejercer contra Lukashenko. "La UE tiene que poner mucha más presión sobre el régimen [de Lukashenko], y las sanciones económicas es una de las herramientas evidentes [de presión]. Pero la gente en Bielorrusia está un poco decepcionada con este método. Solo para comparar: cuando hubo un levantamiento después de las elecciones de 2010, Europa también impuso sanciones contra este régimen. Y entonces hubo 850 detenidos y se puso a 150 personas en la lista de sanciones [de la UE]. Y ahora hay 32.000 personas han sido detenidas desde las elecciones y apenas hay ni siquiera 100 personas en la lista de sanciones. No suena serio por parte de la UE", critica.

"En Bielorrusia, la UE parece un gran poder. Pero ahora la gente siente que han sido abandonados por la Unión Europea. Y nosotros estamos pidiendo que nos presten más atención. Que nos apoyen ahora, luego será demasiado tarde".

placeholder Protestas en Minsk (Reuters)
Protestas en Minsk (Reuters)

Más de 20 domingos de manifestaciones después y tras una tenaz represión por parte de las fuerzas del orden (solo el domingo pasado se produjeron más de un centenar de arrestos solo en la capital, según la Policía de la ciudad de Minsk), las protestas empiezan a perder fuelle. La idea de que Lukashenko decidiera rápidamente, ante las protestas populares, abandonar el poder, queda cada vez más lejos. ¿Está la oposición bielorrusa languideciendo? "Hay que entender que las manifestaciones y los movimientos de protestas son dos cosas distintas", explica la líder opositora. "Las manifestaciones son solo parte del movimiento de protesta, que continúa y continuará hasta nuestra victoria. Puede cambiar de forma, quizá hacia acciones más 'undergroud'; estamos organizando nuevas estructuras en todo el país que antes no podíamos tener. No estamos esperando [a la ayuda internacional], estamos luchando. Y vamos a luchar hasta la victoria", asevera Tijanóvskaya.

"Es cuestión de tiempo"

La oposición confía en que en algún momento tendrá que ceder. "Lukashenko es un cadáver político", sostiene Tsepkalo. Según la opositora, la violencia con la que las fuerzas de seguridad han reprimido las protestas (al menos 7 personas han fallecido, según la oposición, y grupos internacionales de derechos humanos han denunciado numerosos casos de tortura, palizas e incluso violaciones en las cárceles del país) ha terminado de minar el exiguo apoyo que tendría Lukashenko entre la población bielorrusa. "Lukashenko no tienen ningún apoyo interno de la gente de Bielorrusia, no tiene apoyo externo de la gente de los países de la Unión Europea, no tiene el apoyo de Estados Unidos, el mayor país del mundo. No es posible ser líder de un país si tienes absolutamente cero apoyos. Es cuestión de tiempo", afirma. Rusia, sin embargo, sí que ha apoyado a Lukashenko, con el presidente Vladímir Putin llegando a afirmar que desplegaría fuerzas especiales de policía para ayudar a controlar las protestas si la situación se hiciera insostenible.

Por el momento, la oposición se mantiene en el exilio, visitando países y gobiernos para intentar deshacer el punto muerto y obtener mayores compromisos contra el Gobierno de Lukashenko. La UE, Reino Unido y EEUU han impuesto sanciones a éste y a otros funcionarios bielorrusos. Países vecinos han establecido "corredores humanitarios" para los bielorrusos pudieran salir del país. El Parlamento Europeo acaba de entregar a la oposición bielorrusa el Premio Sájarov a la libertad de conciencia. "Pero la UE puede hacer mucho más".

¿Volver a Bielorrusia? Tras la detención de Maria Kalesnikava, la otra mujer líder inicial de la campaña opositora junto a Tijanóvskaya y Tsepkalo, ninguna de estas dos mujeres se ve lo suficientemente segura. Tsepkalo teme ser detenida y que incluso le quiten a sus hijos; cuenta que antes de salir del país las autoridades intentaron fabricar cargos para retirarle la custodia "diciendo que no éramos buenos padres". Tijanóvskaya, también teme por su seguridad: "Volveré a Bielorrusia cuando me sienta a salvo ahí. Cuando esté segura de que no voy a ser detenida. Mi marido está en la cárcel y yo no puedo dejar a mis hijos para mandarlos al orfanato".

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