nuevas normas este año

¿Por qué Holanda quiere echar a los turistas de los 'coffee shops' de Ámsterdam?

Ámsterdam tiene nuevas reglas turísticas que entran en vigor en abril, pero además, el Ayuntamiento está valorando cómo reducir el turismo impulsado por el consumo de cannabis

Foto: Entrada de un coffeeshop en el centro de Ámsterdam. (I. Rachidi)
Entrada de un coffeeshop en el centro de Ámsterdam. (I. Rachidi)

El cambio de imagen de Países Bajos no se quedó en el cambio de su nomenclatura oficial: si bien su nombre siempre ha sido ese, Países Bajos, el que más se ha usado a lo largo de la historia para denominar a este estado del noroeste de Europa de 17 millones de habitantes ha sido Holanda. Ahora bien, desde el 1 de enero de 2020 se acabó: antes de que finalizara el año se tomó la determinación de fomentar el uso del término oficial, en parte para poner fin a décadas de confusión, pero también para desasociar el nombre del país a solo una parte del mismo, vinculado este último a la percepción de Ámsterdam como foco de 'vicios'. Ahora, la ciudad de Ámsterdam está explorando nuevas maneras de minimizar un tipo de turismo que no beneficia a los habitantes y del que el Gobierno ha querido desligarse.

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Según una encuesta publicada recientemente por la alcaldesa, Femke Halsema, muchos viajeros jóvenes (de entre 18 y 35 años) reducirían su interés por viajar a la capital neerlandesa si se tomaran medidas como la implantación de un sistema de entradas de pago al famoso barrio rojo o si existiera una medida que prohibiera a los extranjeros entrar en los conocidos 'coffee shops', locales donde fumar cannabis está permitido. De este estudio, elaborado por el servicio de estadísticas de la ciudad, se extrae que estos establecimientos son un factor importante a la hora de decidir si viajar o no: dos tercios de los encuestados sostienen que acuden a ellos para consumir cannabis. El Ayuntamiento de Ámsterdam, que está luchando por controlar los efectos negativos de los más de 17 millones de turistas que visitan cada año la ciudad, tiene identificado en este sector (jóvenes de 18 a 35 años, y especialmente los varones) la principal molestia para los locales.

Halsema ha dejado claro, tal y como recoge la prensa neerlandesa, que esta encuesta se va a utilizar para evaluar políticas que puedan "reducir el poder de atracción del cannabis" hacia el turismo, y acabar con la cadena de suministro ilegal que alimenta a estas cafeterías —el cultivo está totalmente prohibido en el país, aunque sí se toleran la comercialización y el consumo de cannabis y productos elaborados con extractos de esta planta—. El portavoz de la Alcaldía, Sebastiaan Meijer, explicó a Dutch News que, en principio, la ciudad no tiene previsto prohibir la entrada de extranjeros en los 'coffee shops', pero que sí están viendo qué políticas aplicar para hacerlos menos atractivos y, de este modo, reducir las molestias a los habitantes de Ámsterdam.

Varios turistas junto al Rijksmuseum en Ámsterdam. (Reuters)
Varios turistas junto al Rijksmuseum en Ámsterdam. (Reuters)

"Va a llevarnos algo de tiempo dar los siguientes pasos, porque no hay una mayoría clara [en el consejo municipal] sobre cuál es la solución", señaló. En 2005, la ciudad de Maastricht aprobó una ley que impedía a los turistas extranjeros entrar en los establecimientos en los que se vendía marihuana; cinco años después, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dictaminó que, efectivamente, las autoridades neerlandesas podían vetar la entrada de turistas en estos establecimientos. Aunque cualquier municipio puede exigir a los visitantes de estos 'coffee shops' que demuestren que son neerlandeses, esta norma no se aplica en Ámsterdam.

La mitad de los turistas no viajaría

Según los datos de esta encuesta, el 65% de los encuestados reconoce visitar este tipo de locales; de hecho, para el 57% de ellos estos establecimientos son una razón muy potente para visitar Ámsterdam. Tanto es así que el 44% de los entrevistados se plantearía no viajar o hacerlo con menos frecuencia en el caso de que se prohibiera la entrada a extranjeros. En el mismo estudio se pregunta también si pagarían por entrar al denominado Barrio Rojo de Ámsterdam: el pasado verano, Halsema anunció que estaba considerando cerrarlo ante la "situación inaceptable" que viven las mujeres y el acoso de las multitudes de turistas a las trabajadoras sexuales. Los datos del estudio revelan que el 32% no entraría al Barrio Rojo si se solicitara el pago de una tarifa para acceder, mientras que el 44% lo haría con menos frecuencia. Entre los que estaría más dispuestos a pagar se encuentra los que consideran importante el acceso a los 'coffee shops'.

En este contexto, a partir del mes de abril de este año entran en vigor nuevas normas para limitar el turismo en la ciudad: los recorridos fuera del Barrio Rojo estarán permitidos, pero solo si los guías (y los visitantes) cumplen una normativa determinada —bajo amenaza de multa de 190 euros y disolución del grupo de turistas de inmediato—. Los guías que sean sancionados tres veces sufrirán una suspensión temporal de su permiso de guía, y a la cuarta ocasión, la retirada del permiso será permanente. Desde esta fecha, los grupos de turistas no podrán pasar por delante de los escaparates del barrio, y el tamaño de los grupos no podrá tener más de 15 personas.

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