¿SEGUIR EN EL CENTRO O PACTAR CON LOS ULTRAS?

Alemania contiene el aliento: los sustitutos de Merkel que podrían destrozar su legado

Aún boquiabiertos por el final político de AKK, los conservadores alemanes se preparan para una nueva batalla ideológica

Foto: Friedich Merz, el derechista de la CDU con más posibilidades de suceder a Merkel. (Reuters)
Friedich Merz, el derechista de la CDU con más posibilidades de suceder a Merkel. (Reuters)

El silencio de los tres favoritos para suceder a Angela Merkel como líder de los conservadores alemanes ilustra bastante bien la dimensión del terremoto político que sacude a la CDU desde el lunes. Sus nombres están en boca de todos, pero ninguno se ha atrevido a dar un paso claro al frente tras el naufragio de la hasta ahora "delfín" de la canciller, la desafortunada Annegret Kramp-Karrenbauer (AKK).

"En una situación así, la reflexión inteligente es más importante que hablar rápido", comunicó uno de ellos, Friedrich Merz, conocido en el pasado más bien por su lengua afilada y su poco disimulada inclinación por la polémica. En medio del desconcierto que paraliza a los conservadores, por el momento sólo dos cosas parecen predecibles en las quinielas: que el sucesor de Merkel será finalmente un hombre, en contra de los planes que parecía haber dejado asegurados la propia canciller, y que la búsqueda podría ser larga y tortuosa. Eso porque AKK ha anunciado que desistirá de ser candidata a canciller y que dejará el liderazgo del partido, pero que la suya será una retirada que se concretará sólo a finales de año.

La crisis, además, ha revivido la disputa entre el centro ideológico del partido, la base política de Merkel, y el ala más conservadora de la CDU, que exige desde hace un tiempo un giro hacia la derecha debido a las claras señales de agotamiento del "merkelismo". Una pugna que parecía saldada 14 meses atrás con la elección de AKK como nueva líder del partido. La política natural del pequeño land del Sarre se impuso por un margen estrecho en la votación del congreso de la CDU de diciembre de 2018 a Friedrich Merz, el candidato predilecto de los críticos de Merkel, y estaba destinada a asegurar la continuidad. El fracaso de AKK reabre ahora la lucha por el corazón del partido.

"Comeback" de un viejo rival de Merkel

Friedrich Merz sigue siendo el favorito de los sectores más derechistas y es un viejo rival de la canciller que podría ver llegar, ahora sí, la hora de su revancha. El político de 64 años fue sustituido por Merkel en 2002 como líder de bancada en el Parlamento y dejó la política activa en los próximos años tras el ascenso fulgurante de la canciller. En 2018 volvió para lo que parecía su tardío ajuste de cuentas con la jefa de Gobierno, pero cayó en la elección frente a AKK.

Sus simpatizantes creen ahora que Merz es la mejor carta de los conservadores para hacer frente al avance de la ultraderecha y para recuperar a los votantes que se han pasado al bando de la populista Alternativa para Alemania (AfD). Sus detractores, en consiguiente, son aquellos dispuestos a defender el legado de Merkel y que podrían por eso apoyar a Armin Laschet.

El gobernador del Renania del Norte-Westfalia, uno de los estados federados más influyentes por su densidad de población, es el más volcado al centro entre los tres candidatos con más posibilidades. Laschet, sin embargo, se ha mantenido a una distancia prudente de la canciller, según mermaba la popularidad de ésta tras la crisis de los refugiados de 2015 - el parteaguas de la gestión de la canciller - y mientras avanzaba el declive imparable de Kramp-Karrenbauer.

El tercer favorito es el actual ministro de Salud, Jens Spahn. El joven político homosexual de 39 años pertenece al ala derechista y ha sido muy crítico de la política migratoria de Merkel. En diciembre de 2018, sin embargo, fracasó rotundamente con su candidatura para liderar la CDU y acabó muy por detrás de Kramp-Karrenbauer y Merz en la votación. Muchos lo ven aún como poco experimentado.

¿Fin del tabú para las alianzas a la "andaluza"?

La CDU "post-Merkel" también deberá terminar de definir cuál será su relación con la ultraderechista AfD, el partido que más ha mermado la base de votantes conservadora, sobre todo en los estados de la antigua Alemania del Este. Tras la crisis política de Turingia, donde la CDU votó junto con la ultraderecha a favor de un candidato liberal como gobernador regional, los pesos pesados del partido se han posicionado contra cualquier cercanía con la AfD.

Pero en el seno del partido existe una corriente ultraconservadora, la agrupación denominada la "Unión de los Valores" ("Werte-Union"), que ha coqueteado casi abiertamente con posibles acercamientos con los populistas. Hasta ahora, sin embargo, se mantiene el cordón sanitario a cualquier alianza con la ultraderecha, una constante de la política alemana desde la Segunda Guerra Mundial que hace -aún- impensable posibles alianzas al estilo PP-Ciudadanos-Vox, como en Andalucía.

AKK, en un callejón sin salida

La realidad política y las nuevas aritméticas electorales, sin embargo, convirtió ese tabú en un callejón sin salida al menos en Turingia, en una camisa de fuerza que acabó por asfixiar a AKK. La aún líder del partido vetó cualquier cooperación de la CDU con cualquiera de los extremos políticos, en alusión a La Izquierda y a la AfD, ambos convertidos en los partidos más votados tras las elecciones regionales en Turingia. Algunos críticos creen que el veto de Kramp-Karrenbauer a un posible gesto de su partido para que se forme un gobierno de coalición liderado por La Izquierda empujó a la rama regional de la CDU a la disimulada alianza con los ultraderechistas.

Una crisis que se convirtió en la estocada final para una malograda trayectoria en la que la líder partidista no pudo nunca encontrar el tono adecuado. Al comienzo de su gestión molestó a sus seguidores y a los de Merkel al abrir sin necesidad un debate sobre la política migratoria de la CDU, y más adelante se enemistó con propios y ajenos al sugerir, por ejemplo, que era necesaria la censura para frenar a críticos feroces de su partido en internet. La debacle de Turingia fue la gota que colmó el vaso para una prometedora política regional que, hace poco más de un año, había asumido el díficil reto de suceder nada menos que a Angela Merkel.

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