Incertidumbre en cuanto al sucesor de Merkel

La UE se juega su plan de futuro en la nueva sucesión de Merkel, tras la dimisión de AKK

La dimisión de la sucesora de Angela Merkel, Annegret Kramp-Karrenbauer, abre una etapa de incertidumbre no solo a nivel alemán, sino también a una escala europea

Foto: La presidenta de la Unión Cristianodemócrata (CDU), Annegret Kramp-Karrenbauer. (EFE)
La presidenta de la Unión Cristianodemócrata (CDU), Annegret Kramp-Karrenbauer. (EFE)

La dimisión de la sucesora de Angela Merkel, Annegret Kramp-Karrenbauer, abre una etapa de incertidumbre no solo a nivel alemán, sino también a una escala europea. Lo que pase en Berlín tendrá efectos directos sobre el engranaje de Bruselas.

Una de las cosas que tienen en común la Unión Europea y la política alemana de los últimos años es su predictibilidad. No hay sobresaltos, no hay sorpresas. La UE avanza como una maquinaria bien engrasada y Angela Merkel se mantiene impasible en el puesto de canciller alemana. Pero ya no queda nada de eso.

La UE, con sus crisis internas y el Brexit, ha entrado en una etapa de inestabilidad sin precedentes, mientras que en Alemania la sucesión de Merkel está demostrando ser más difícil de lo que se suponía en un principio. La elección de Annegret Kramp-Karrenbauer (conocida como AKK) para situarla al frente del partido fue una decisión difícil y divisiva para la CDU. Su dimisión este mismo lunes demuestra hasta qué punto la política alemana empieza a entrar en escenarios mucho más volátiles.

En cierto modo la dimisión se esperaba desde hacía algo de tiempo. Los resultados de los democristianos alemanes no habían hecho más que empeorar desde que AKK se pusiera a las riendas de la CDU, e indicaban una trayectoria peligrosa para la que ahora es ministra de Defensa. Pero no por ello ha sido una sorpresa para la política europea.

Riesgo europeo

Su dimisión abre dos ventanas. Las dos pueden tener efectos potencialmente muy positivos para Alemania y para la UE, pero también representan un riesgo muy importante y pueden inaugurar un nuevo foco de inestabilidad para el proyecto europeo.

Por un lado, la dimisión de AKK abre de nuevo la carrera por la sucesión de Merkel. Cuando Kramp-Karrenbauer se impuso y se convirtió en líder de la CDU lo hizo por un muy estrecho margen frente a Friedrich Merz, representante del ala más derechista y conservadora del principal partido alemán. Eso significa que con la reapertura del liderazgo el sector más derechista de la CDU, muy crítico con Merkel y su gestión, tiene una nueva oportunidad para hacerse con el control de la situación.

Que AKK siguiera siendo la 'delfín' de la canciller tampoco era del todo positiva. La ministra había demostrado deficiencias importantes a un nivel europeo: la sensación de Bruselas era de que no tenía un discurso real sobre el proyecto, y que si era incapaz de controlar su propia casa, poniendo en orden la política alemana, AKK no iba a poder mirar hacia Europa. Y eso, hoy por hoy, no es una opción para la UE.

El escenario potencialmente positivo es, por tanto, que la alternativa a AKK sea una persona con un discurso más europeo, más preparado para los momentos en los que la Unión Europea se encuentra. El escenario potencialmente negativo es que, en esta segunda vuelta regalada, el sector derechista se imponga y que, con él, Alemania se retire un poco más de la política europea. Hoy por hoy, Berlín sigue mirando buena parte del mapa europeo desde un prisma interno. Esto se agudizaría con un liderazgo más conservador.

Annegret Kramp-Karrenbauer junto a Angela Merkel (EFE)
Annegret Kramp-Karrenbauer junto a Angela Merkel (EFE)

El otro escenario que se abre tiene que ver con el primero. La dimisión de AKK, si conlleva la llegada de un nuevo líder con un discurso europeo, puede devolver a Alemania del todo al tablero de la Unión Europea, donde se le está echando en falta, con una Merkel a la que se le nota demasiado cansada para embarcarse en grandes proyectos comunitarios.

Pero también se abre la puerta a una Alemania no solo centrada en sus asuntos internos, sino desgastada por luchas fratricidas, con inestabilidad interna y una incapacidad para mantener la casa en orden. No hace falta que gane la sucesión la facción más derechista: basta con un liderazgo débil, puesto en duda desde dentro de la CDU.

Sabemos que este escenario tiene importantes consecuencias porque es lo que se lleva viviendo desde hace tiempo, aunque con efectos algo reducidos, ya que Merkel ha continuado siendo canciller. Los efectos que en el debate europeo tendría esta situación, una vez la canciller hay abandonado su cargo, serían inmediato: parálisis. Y la UE es un animal que avanza lento pero seguro. Pero cuando hay parálisis se vuelve vulnerable.

Crecimiento de la ultraderecha

Otra de las opciones sobre la mesa, y que preocupan en Bruselas, es que el trasfondo del debate sobre la sucesión de Merkel tiene un protagonista: el partido de ultraderecha Alternativa por Alemania (AfD). Lo que ha provocado la dimisión de AKK es, en gran parte, la desobediencia de sus colegas en el 'lander' de Turingia, que decidieron romper el cordón sanitario y apoyar a un candidato liberal con el apoyo del AfD.

Kramp-Karrenbauer sabe que no hay unidad en la CDU sobre cómo hay que comportarse con AfD. Y la sucesión de Merkel dependerá, en parte, de esta cuestión. La cúpula de la CDU lo tiene claro, y de hecho su reacción agresiva al pacto de Turingia deja clara cuál es su actitud respecto a AfD. Pero también es sabido que todos ellos son del círculo cercano a la canciller y dentro de la CDU hay, como en otras formaciones políticas, una revuelta contra los líderes.

El temor en Bruselas es que la victoria de un candidato derechista propicie la caída de los vetos a AfD, la normalización europea de los pactos con la ultraderecha y los efectos que un partido así pudiera tener sobre la política europea que se haga desde Berlín.

En la sucesión de Angela Merkel la Unión Europea también se está jugando su futuro. En el mejor de los escenarios, el proyecto europeo puede encontrar un nuevo y necesitado liderazgo desde Alemania. En el peor de los casos, la UE se encontrará con un cambio de las reglas del juego que se daban por hecho hasta ahora. Como tantas veces ha pasado en los últimos años.

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