Los países se alinean en grupos de poder

Es la hora de las tribus: las negociaciones pos-Brexit amenazan con dividir la UE

Las negociaciones futuras con el Reino Unido va a dividir los Estados miembros por intereses y prioridades. ¿Se podrá conseguir mantener la unidad lograda en la primera fase?

Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters)
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters)
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Si los políticos, diplomáticos y técnicos del lado europeo tuvieran que escoger una palabra que haya representado las negociaciones del Brexit, sería 'unidad'. La teoría era que la UE, como suele hacer, iba a devorarse a sí misma en un festival de intereses personales de cada país en cuanto empezaran las conversaciones con el Reino Unido. Pero nada de eso ocurrió.

La Comisión Europea se impuso, llevando las conversaciones con mano de hierro y manteniendo la unidad en un trabajo de orfebrería que ha convertido a Michel Barnier, negociador jefe del Ejecutivo comunitario, en un personaje tremendamente respetado en la capital comunitaria y al que han encargado seguir con las riendas durante esta nueva fase.

Pero mientras los intereses de los Estados miembros tenían muchos puntos comunes durante el divorcio, la situación cambia a partir de ahora.

Cada país tiene una serie de intereses estratégicos en las conversaciones: unos quieren que se priorice la pesca, otros que no afecte el turismo, mientras otro sector se preocupa por los bienes industriales y servicios. Cada casa tiene su propio margen de maniobra, y eso va a complicar las negociaciones, aunque seguramente no llegue al punto de división que los británicos desean y que les facilitaría el 'dividir y vencer'.

Lo que está claro es que, durante esta fase, se van a notar mucho más las distintas tribus de poder que conforman la Unión Europea. Todos los países desean tener una relación estrecha con el Reino Unido, y en lo que se diferencian es en prioridades sectoriales y en qué precio están dispuestos a pagar a cambio de su relación.

Eje franco-alemán vs. hanseáticos

Una visión más o menos común es que un grupo de Estados miembros, con Francia siendo el más visible, pero en el que también se considera que está Alemania, quiere priorizar que el Reino Unido no salga fortalecido, no divida el mercado único y haga ver que fuera de la Unión Europea se puede contar con los beneficios de formar parte de la misma pero sin tener que cumplir las obligaciones.

En su momento, Berlín dejó claro que prefería un daño económico a una decisión política que pudiera minar la legitimidad del proyecto europeo, cuya desintegración acabaría teniendo efectos negativos mucho más severos. El sector empresarial, especialmente el automovilístico, poderosísimo en la política alemana, se alineó con esa visión.

Hay una serie de aliados naturales del Reino Unido que han sido perfectamente visibles durante las negociaciones: Países Bajos y los países escandinavos. A ellos se suma la República de Irlanda, que durante esta primera fase ha tenido un rol especial por estar atrapada en el caso irlandés. Estos Estados miembros, especialmente expuestos a la economía británica, y que a la vez no son favorables a la visión de "una Unión cada vez más estrecha", van a priorizar mitigar los efectos económicos por delante de proteger el corazón del proyecto europeo. Estos países son conocidos como 'los nuevos hanseáticos'.

En este eje están también los países del este, el bloque de Visegrado, que engloba a Polonia, Eslovaquia, Hungría y República Checa. Todos estos países se ven especialmente afectados por la situación de sus ciudadanos en territorio británico, sobre todo en el caso de Polonia. No parece claro que este bloque vaya a defender una postura única durante el proceso, y es muy probable que apuesten por estrategias distintas. En cualquier caso, ninguno de estos países tiene una visión estratégica de Europa como Alemania o Francia, por lo que es posible que acaben decantándose más por el lado de los nórdicos y prioricen tener mano blanda con Londres.

Pesca vs. lo demás

Hay un asunto sectorial especialmente delicado: la pesca. Bélgica, Países Bajos y Francia, y también en parte España, necesitan las aguas británicas como parte crucial de sus capturas, pues el Atlántico norte es uno de los caladeros clave para la pesca europea.

Es un sector relativamente pequeño, pero políticamente importante para estos Estados miembros. Y eso pone en riesgo otra serie de intereses, como el comercio de bienes o los servicios financieros (si es que el acuerdo comercial da para poder llegar tan lejos). Hay hasta julio para que el Reino Unido ceda y permita que se mantenga el 'statu quo' de la situación, en la que pescadores europeos pueden hacer sus capturas en aguas del Reino Unido mediante un sistema de cuotas. Si no cambia de posición, a finales de año los pesqueros europeos sufrirán un 'shock' sin precedentes.

El impacto político para Francia de dejar tirados a sus pesqueros sería brutal, así que París no planea dar su brazo a torcer, y la Comisión Europea se alinea con los franceses para intentar arrastrar al resto de Estados miembros: hay que ir a por todo desde el primer minuto porque, además, no hay tiempo.

Johnson ha dejado claro que no pretende ceder en este punto. Muchos diputados británicos, independientemente de su partido, han defendido el Brexit porque sus votantes, dependientes del sector pesquero, han creído en la promesa de que las aguas británicas serían solo británicas, sin que ningún barco europeo entrara en ellas.

Pero que algunos Estados miembros compliquen un acuerdo global hasta que no se garantice que los pesqueros europeos van a seguir teniendo acceso a las aguas británicas se considera hoy por hoy una posibilidad real en Bruselas. En el mejor de los escenarios, si la UE mantiene la unidad en este aspecto, los Veintisiete pueden amenazar al Reino Unido con consecuencias en otros sectores de su interés si no cede.

"Es posible que tenga que hacer concesiones en áreas como la pesca para obtener concesiones de nuestra parte en áreas como los servicios financieros. Por eso las cosas tienden a estar todas en un solo paquete", amenazaba hace pocos días el primer ministro irlandés, Leo Varadkar.

¿Y España?

España tiene un papel particular en todo este proceso. Por principio, se alineará con la posición de Alemania y Francia, aunque intentando mitigar el impacto económico dentro de esa posición, porque la economía española es una de las más expuestas a la situación en el Reino Unido: es decir, ideológicamente se sitúa en el grupo franco-alemán, pero sus intereses económicos están con los nórdicos.

Pedro Sánchez, conversando con Angela Merkel y Emmanuel Macron en una cumbre. (EFE)
Pedro Sánchez, conversando con Angela Merkel y Emmanuel Macron en una cumbre. (EFE)

Algo hace que para España estas conversaciones vayan a ser diferentes que para el resto: Gibraltar. El futuro de la Roca es materia bilateral entre Madrid y Londres, pero es imposible que esas conversaciones, que correrán en paralelo a las negociaciones comerciales, no tengan un efecto sobre la postura española en el diálogo sobre el acuerdo comercial.

En cualquier caso, España tiene mucho interés en proteger al turismo británico, que es clave para el sector. También prioriza la situación de los ciudadanos españoles en el Reino Unido, y aquí Madrid tiene una carta envidiable: es el Estado miembro que más puede presionar a Londres con que las medidas que tome respecto a los ciudadanos comunitarios en suelo británico tendrán un efecto inmediato e idéntico sobre la numerosa colonia británica en España.

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