NO SE SABE NI QUIÉN ERA NI DÓNDE VIVÍA

'La mujer de Isdal', medio siglo de dudas del caso sin resolver más extraño de Europa

Una mujer fallecida en extrañas circunstancias en plena montaña noruega allá por 1970 sigue siendo uno de los casos sin solución más extraños de todos los tiempos

Foto: Montañas de Isdalen, en Noruega, donde se produjo el asesinato. (CC)
Montañas de Isdalen, en Noruega, donde se produjo el asesinato. (CC)

Un 29 de noviembre de 1970, Marcus decidió ir de excursión a Isdalen, el Valle del Hielo, junto a sus dos hijas. Situado en la localidad de Bergen (Noruega), se trata de un paraje único, donde siete montañas generan una vista única rodeada de nieve virgen. Cuando la familia llegó hasta la zona, se toparon con algo extraño. Lo que no podían ni esperar es que la hoguera a la que se acercaban escondía uno de los crímenes más raros de la historia de Europa.

Algo extraño hizo que este hombre se acercara hasta ahí: el olor. Aquello no era un fuego para calentar comida, tenía algo extraño, lo que hizo que Marcus se acercara a ver de cerca que misterio escondía: el cuerpo de una mujer completamente calcinado. Tras verlo, decidió llamar a las autoridades, que comenzaron a investigar quién había provocado tan horrendo crimen: casi medio siglo después, aún continúan sin saber quién es y qué es lo que pasó.

Un cuerpo calcinado, rodeado de pastillas, con una botella de licor vacía, un pasaporte completamente quemado, una cuchara de plata y dos botellas de gasolina junto a ella es todo lo que consiguieron encontrar las autoridades, además de descubrir algo extraño: su vestimenta no se correspondía a la que se debe de utilizar en una zona de nieve pero, además, tenía todas las etiquetas cortadas de manera deliberada. Alguien estaba tratando de ocultar determinada información.

Tras realizar las primeras pruebas, los resultados fueron más allá: la mujer había fallecido por las quemaduras y por la intoxicación por monóxido de carbono. Pero, además, aquellas pastillas que había en el suelo eran somníferos, de las que se encontraron cerca de 50 dentro de su cuerpo. Cuando quisieron tomarle las huellas dactilares. confirmaron que habían sido eliminadas a través de lijado, además de encontrar un enorme hematoma en su cuello.

Una vez la noticia saltó a los medios de comunicación, otro joven acudió a la policía: al leer en el diario que la joven encontrada tenía una vestimenta no apropiada para ir a la montaña, recordó que seis días antes de que apareciera muerta, él se encontró con alguien que encajaba con la descripción: una mujer con un vestido elegante, que no tenía sentido en aquel lugar, seguida de dos hombres vestidos con traje negro. Pero no cruzó ninguna palabra con ella.

Después de una investigación preliminar, la policía consiguió descubrir que estuvo alojada en varios hoteles de Noruega, pero con identidades falsas. Tras realizar un retrato robot con aquellos que había tenido contacto, encontraron una nueva pista: el encargado de las taquillas de una estación de tren recordaba que una mujer de características similares había dejado allí varias maletas guardadas. Pronto, las autoridades decidieron abrirlas en busca de soluciones.

Un misterio sin resolver

Varias pelucas, varias gafas, mucha ropa, nueve pasaportes con identidades falsas, varias cucharas de plata -similares a la encontrada junto al cuerpo- y un extraño cuaderno negro escrito en código aparecieron en las maletas. Cuando consiguieron descifrar el texto, descubrieron que solo era un registro de los viajes que había realizado y los nombres que había ido utilizando en cada uno de los lugares en los que había dormido. ¿Qué significaba?

Poco o nada más se supo de ella. Las dudas radican en si era alemana o italiana y, sobre todo, en su profesión: se barajó que se trataba de una vendedora de antigüedades prohibidas, una estafadora, una desertora o, la versión más plausible, una espía de la 'Guerra Fría'. Pero, ¿qué espiaba? Pues no se sabe a ciencia cierta, pero los expertos afirman que aquellos días viajó a Noruega un alto cargo de la KGB y, por otro lado, también se estaba probando los secreto misiles noruegos Penguin.

Hace escasos años, alguien encontró a unos 40 metros de donde se halló el cuerpo un pequeño bolso de mano totalmente corroído por el tiempo, del que no se extrajo ninguna información valiosa. Muchos expertos aseguran que la única solución pasa por un análisis de ADN para intentar cotejarlo con bases internacionales que arrojen pistas sobre quién podía ser, pero Noruega no permite estas pruebas por cuestiones éticas. Medio siglo después, sigue siendo un caso sin resolver.

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