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'Mafia judicial': la condena contra Cristina Fernández llega en plena 'guerra civil' argentina
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Una sentencia para dividirlos a todos

'Mafia judicial': la condena contra Cristina Fernández llega en plena 'guerra civil' argentina

La condena contra Fernández de Kirchner divide a la sociedad que, por un lado, aplaude el combate a la corrupción y, por el otro, denuncia la utilización de la Justicia con fines políticos

Foto: Marcha a favor de Cristina Fernández de Kirchner tras ser condenada a seis años de cárcel. (Agustin Marcarian/Reuters)
Marcha a favor de Cristina Fernández de Kirchner tras ser condenada a seis años de cárcel. (Agustin Marcarian/Reuters)

La sentencia no pilló desprevenida a Cristina Fernández de Kirchner. Minutos después de que se confirmara la pena a seis años de cárcel e inhabilitación perpetua por defraudación al Estado contra la expresidenta y actual vicepresidenta argentina, ella ya tenía su discurso listo. "La condena ya estaba escrita. Está claro que la idea era condenarme", dijo Fernández en su canal de YouTube y apuntó a que los jueces y los medios forman parte de un "Estado paralelo que domina a la Argentina". "Esta no es una condena por las leyes de la Constitución o el Código Penal. Esto es un Estado paralelo y mafia, mafia judicial", añadió.

Por el otro lado, la oposición argentina afirmó que el fallo es "otro capítulo del fin de la impunidad de la corrupción pública", según la mesa nacional de Juntos por el Cambio. "Es fundamental en términos del funcionamiento institucional de la Argentina. Es un punto de inflexión para que en nuestro país no haya impunidad", añadió Gerardo Morales, gobernador de la Provincia de Jujuy y presidente de Unión Cívica Radical.

Foto: Manifestantes en rechazo del intento de atentado contra Cristina Fernández. (Reuters/Nedelcu)

La condena ha dividido a la sociedad y política argentina en un fallo histórico porque es la primera vicepresidenta en ser condenada mientras ocupa su cargo, aunque se ha quedado a medio camino entre lo que pedía la Fiscalía —12 años de cárcel— y la defensa de la política. Cristina Fernández de Kirchner ha sido declarada culpable de favorecer a un empresario de la provincia de Santa Cruz, donde tanto ella como su marido y expresidente Néstor Kirchner construyeron sus trayectorias políticas. La Justicia ha condenado a Kirchner por defraudar al Estado, pero dejó fuera la acusación por asociación ilícita.

El veredicto se ha interpretado como un síntoma del lawfare (la utilización de la Justicia con fines políticos) y como una victoria contra la corrupción por otros, pero no hay duda de que ha sido un golpe político para Fernández de Kirchner. La vicepresidenta ya era, antes de la condena, una de las figuras que más ha dividido Argentina entre los defensores del kirchnerismo y los que opinan que ha contribuido al colapso económico del país por la alta inflación y el fracaso de políticas económicas. Fernández lleva muchos años en el punto de mira —primero como primera dama, luego como presidenta y ahora como senadora y vicepresidenta— por las investigaciones de corrupción con las que ha sido relacionada. En dos casos fue absuelta y otros cuatro fueron desestimados. Esta es la primera vez que llegó a sentarse en el banquillo.

Sin embargo, Cristina Fernández y sus partidarios afirman que, desde que dejó la presidencia en 2015, toda la maquinaria judicial se ha empeñado en encontrar alguna prueba o armar alguna causa que sirviera para sacarla de la carrera política. La argentina no irá a la cárcel porque tiene fueros como vicepresidenta y todavía existen varias instancias judiciales para la revisión de la condena. El próximo 9 de marzo se leerán los fundamentos de la condena y será entonces cuando pueda iniciar el proceso de apelaciones que puede durar años. Hasta entonces, Kirchner podrá seguir siendo funcionaria y hasta candidata para las elecciones a la presidencia en octubre de 2023. Una opción que, no obstante, descartó en su discurso retransmitido en su canal de YouTube.

La corrupción que divide Argentina

Las palabras "no voy a ser candidata" han caído como un jarro de agua fría para los aliados del kirchnerismo, que coinciden en que el objetivo de la condena no es atacar la corrupción, sino acabar con la candidatura de una de las políticas que más votos arrastra. Comparan el proceso con el del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, encarcelado y posteriormente liberado por errores de forma en la condena y ahora recién elegido de nuevo mandatario tras vencer a Jair Bolsonaro.

A pesar de que no se han convocado grandes manifestaciones para apoyar a la vicepresidenta, todavía está por ver cuál será la reacción de amplios sectores de la población que ven en Cristina Fernández de Kirchner su líder indiscutible. Sir ir más lejos, hace algunas semanas, después de un intento de magnicidio, una enorme movilización popular tomó las calles y se manifestó en su apoyo.

Fernández de Kirchner habló durante más de una hora después de escuchar la sentencia e hizo evidente la división en la sociedad y en la política argentina en lo que respecta a la justicia y al combate a la corrupción. La vicepresidenta hizo hincapié en la filtración de chats y audios entre jueces, funcionarios de la Ciudad de Buenos Aires (gobernada por Juntos por el Cambio) y empresarios, que los vincula con presuntos casos de corrupción. Las conversaciones y los audios, difundidos después de que la línea de móvil de uno de los implicados fuera hackeada, muestran cómo un grupo de jueces, así como dos directivos del Grupo Clarín, intentan enmascarar un viaje a Bariloche denunciado como "dádivas" en octubre pasado. Los audios filtrados confirman una coordinación para difundir una versión falsa sobre ese viaje.

Los jueces fueron posteriormente denunciados por un "mal desempeño de sus funciones" y "por un grave desorden de conducta personal". Al mismo tiempo, se abrió una investigación por "violación de deberes de funcionario público, admisión de dádivas y tráfico de influencias". Este caso, que el kirchnerismo afirma que ha sido invisibilizado por muchos medios de comunicación, ha vuelto a poner sobre la mesa el concepto de lawfare. La vicepresidenta sostiene que es víctima de "un partido judicial" que busca sacar a los dirigentes progresistas del poder y este último escándalo de corrupción, así como la sentencia contra la política, intensifican los rifirrafes de la clase política.

Foto: La vicepresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner. (Reuters)

"Es un sistema disciplinador", señaló Cristina Fernández de Kirchner al acabar su discurso en su canal. "La condena no es la cárcel, sino la proscripción, la inhabilitación perpetua. Me están cobrando los años de Gobierno, pero, ¿saben qué?, no voy a ser candidata, una buena noticia para usted, Magnetto (director del grupo Clarín), pero mascota de usted ¡nunca jamás!". Quedan varios capítulos en la historia judicial de la expresidenta argentina. Primero, su sentencia debe ser confirmada, luego podría ser recurrida y, mientras tanto, continuaría en su cargo como vicepresidenta. Sus propias palabras indican que no veremos a una Fernández de Kirchner como candidata a 2023, pero si algo ha dejado claro la historia política argentina es que las cosas pueden cambiar mucho en un año. Mucho más si se trata de un año electoral.

La sentencia no pilló desprevenida a Cristina Fernández de Kirchner. Minutos después de que se confirmara la pena a seis años de cárcel e inhabilitación perpetua por defraudación al Estado contra la expresidenta y actual vicepresidenta argentina, ella ya tenía su discurso listo. "La condena ya estaba escrita. Está claro que la idea era condenarme", dijo Fernández en su canal de YouTube y apuntó a que los jueces y los medios forman parte de un "Estado paralelo que domina a la Argentina". "Esta no es una condena por las leyes de la Constitución o el Código Penal. Esto es un Estado paralelo y mafia, mafia judicial", añadió.

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