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De Agente Gernika a Agente Bromo: el espía vasco que vendió secretos nazis al FBI
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La vida de José Laradogoitia

De Agente Gernika a Agente Bromo: el espía vasco que vendió secretos nazis al FBI

La vida del pastor vizcaíno José Laradogoitia, Joe Larado para su familia en EEUU, en realidad es la de un espía en plena IIGM. Así engañó a los nazis y se convirtió en agente doble

Foto: José Laradogoitia en 1996. (Cedida por Allison Larado)
José Laradogoitia en 1996. (Cedida por Allison Larado)

En la casa familiar de Allison Larado había una biblia con un recorte de prensa amarillento en su interior. El artículo anunciaba la detención de dos colaboradores nazis en Filadelfia y elogiaba la actuación de José Laradogoitia, un "spaniard" que habría engañado a los alemanes durante años. Allison sabía que ese hombre era en realidad Joe Larado, su abuelo, pero él nunca quiso responder a sus preguntas. Al parecer, no le gustaba hablar de la Segunda Guerra Mundial. Ahora, gracias a un informe desclasificado de una misión secreta conocida como Basque G. Project, El Confidencial ha tenido acceso a los dos interrogatorios realizados a Laradogoitia en mayo de 1943, poco después de que este se entregara a las autoridades estadounidenses para actuar como agente doble. Los interrogadores —Antón Irala y Manuel de la Sota— pertenecían al Servicio Vasco de Información (SVI), una organización de espionaje creada por el PNV durante la Guerra Civil que luego pasó a formar parte del Gobierno Vasco en el exilio.

Durante el primer interrogatorio el detenido habló distendidamente. En el segundo, los agentes interrumpieron su relato con preguntas capciosas, tratando de cazarlo en alguna mentira, pero José Laradogoitia no incurrió en ninguna contradicción. Esta es la historia que les contó.

placeholder Recorte de prensa guardado dentro de una biblia en la casa familiar de los Larado. (Cedida)
Recorte de prensa guardado dentro de una biblia en la casa familiar de los Larado. (Cedida)

Nació en 1913 en Urduliz, un pueblo de la Bizkaia rural donde abundaba el pastoreo. Todavía no está del todo claro si se apellidaba Laradogoitia, Laradagoitia o Laraudogoitia. La crisis económica de finales del XIX había dejado a su familia en una situación delicada, por lo que el joven emuló a sus hermanos y probó suerte en las Américas. Sin estudios ni planes premeditados, viajó al nuevo continente con la esperanza de encontrar riquezas, aunque su periplo terminó de forma abrupta. Fue arrestado por extender cheques sin fondo y expulsado del país por el servicio de inmigración estadounidense, que lo embarcó dentro de un buque con destino a Bilbao. Laradogoitia asumió que las autoridades no serían indulgentes con un pastor cuya familia estaba vinculada al entorno nacionalista, así que puso en marcha una singular estrategia. Fingió afinidad ideológica con Valeriano Peña, un barbero que resultó ser un agente infiltrado del régimen. Su intuición resultó efectiva, pues antes de desembarcar, Peña consiguió que la policía le permitiera abandonar el buque libre de cargos.

La historia de un estafador franquista llegó a oídos de un hombre con acento extranjero que pidió reunirse con él en el Hotel Excelsior de Bilbao. Tenía 41 años, medía 1’78, lucía un pelo negro engominado hacia atrás y conservaba una constitución fuerte. Inicialmente se presentó como Emilio Martincho, pero Laradogoitia no tardó en descubrir su verdadero nombre: Georg Helmut Lang, jefe del servicio de inteligencia alemán (Abnehr) en Bizkaia y director de una estación de operaciones ubicada en el tercer piso de la calle Alameda Mazarredo 10, en el centro de la ciudad. Lang disponía de unos 60 agentes repartidos en barcos de navieras tan importantes como Aznar o Ybarra. Los alemanes eran entonces los "absolutos dueños" de España. "La policía está a su entera disposición —queda recogido en el informe del interrogatorio—. Mandan como si fueran los soberanos. Disponen y destituyen incluso a oficiales del ejército español si les interesa por alguna razón. En varias ocasiones le ha oído decir a Lang que en 24 horas ponen un millón de hombres en España".

placeholder Informe desclasificado del Basque G. Proyect. (M. I.)
Informe desclasificado del Basque G. Proyect. (M. I.)

Laradogoitia describió al superior nazi como una persona "inteligente, hábil y de gran energía de trabajo". Al parecer, se pasaba meses enteros sin ver a su esposa, Antonia Crespo, una "mujer guapa" que tenía lazos con la monarquía y la alta sociedad madrileña. Aunque, tal y como aclaró el interrogado, "a los alemanes no les preocupa lo más mínimo la cuestión de la restauración monárquica, asunto al que no hacen alusión ni referencia alguna". Lang debió de ver en su nuevo aprendiz las cualidades necesarias para cincelar a un buen agente secreto. La aparente falta de escrúpulos, el instinto de supervivencia, el dominio del inglés y de los Estados Unidos, así como sus vínculos con los nacionalistas vascos lo convertían en el candidato perfecto. Sin ni siquiera imaginar el error que acababa de cometer, el alemán decidió instruirlo en el sutil arte del espionaje. Y así, el humilde pastor vizcaíno pasó a ser el agente G, cuya inicial hacía una sádica referencia al municipio bombardeado de Gernika. Laradogoitia recibió una extensa instrucción práctica y teórica y aprendió los diferentes códigos y métodos practicados por los servicios secretos alemanes.

Tal y como explicó en el interrogatorio, además de las comunicaciones telegráficas, los espías germanos usaban tres tipos de tinta invisible para enviar mensajes ocultos. Una amalgama de limón y orina; media copa de un alcohol superior a los 42 grados mezclado con 0.05 gramos de naftaleno; y una sencilla técnica que únicamente consistía en escribir con lápiz en un papel seco sobre uno mojado adherido a un cristal. Cada "receta" tenía su propio método de revelado y los alemanes idearon un curioso código para saber cuál debían usar: la ubicación de la fecha dentro del documento indicaba qué tipo de escritura oculta habían elegido.

placeholder José y su nieta Allison, en noviembre de  1978. (Cedida por Alisson Larado)
José y su nieta Allison, en noviembre de 1978. (Cedida por Alisson Larado)

El agente Gernika descifró decenas de mensajes para los nazis, muchos de los cuales llegaban a través de un sargento de la Guardia Civil apodado 'Joaquín el Andaluz', que trabajaba en el cuartel bilbaíno de La Salve. Tras cumplir con éxito varias labores de espionaje y ganarse la confianza de su superior, Lang le encomendó su primera misión importante. En 1942 lo embarcaron en un buque rumbo a Brasil con el propósito de que después lograra introducirse en Estados Unidos. Una vez en Río de Janeiro, se puso en contacto con personas vinculadas a la España republicana, el jefe de la Francia Libre y la delegación del Gobierno Vasco en Nueva York, que le facilitaron la documentación necesaria para seguir viajando. Sin embargo, la enorme dificultad que suponía trasladarse al norte le obligó a renunciar a sus verdaderas intenciones, que consistían en entregarse a las autoridades estadounidenses sin que sus superiores sospecharan de la traición. Decidió esperar a una mejor oportunidad, abortó la misión y volvió a España de polizón en un mercante. No sin antes practicar una relajada "vida de turista" en Brasil. A pesar de fracasar en su cometido, sorprendió gratamente a sus superiores, que valoraron su capacidad de adaptación ante cualquier situación. El pastor de Urduliz había demostrado su valía.

Recetas para la tinta invisible

Durante los siguientes meses, Laradogoitia usó sin restricciones el coche de Lang (provisto de una colección de matrículas que cambiaban diariamente), recibió 2.000 pesetas mensuales (además de las dietas) y cumplió toda clase de labores de espionaje, entre las que destaca el hecho de haberse infiltrado en el consulado estadounidense de Bilbao. En 1943, volvió a cruzar el Atlántico por tercera y última vez, con la misión de coordinar una red de espionaje que comunicara Latinoamérica, Estados Unidos y Europa.

Al arribar en Filadelfia, Laradogoitia supo que era el momento de culminar su plan maestro. Se entregó a las autoridades estadounidenses, confesó su tapadera como agente Gernika y fue interrogado por los dos oficiales mencionados del SVI. Compartió los detalles de operaciones militares secretas, desgranó los códigos del espionaje alemán y dio los nombres de los llamados "carteros nazis", es decir, aquellos colaboradores que transmitían comunicaciones trasatlánticas mientras navegaban a bordo de en diversos barcos. Sin embargo, el pastor de Urduliz no era ningún desconocido para el SVI. Su fama de estafador y mujeriego le precedía y los agentes que lo interrogaron conocían el apodo que le pusieron sus amigos, Joe Gezurrak (José "el mentiras"), en alusión a las extravagantes narraciones que les relataba.

placeholder Los cuatro hermanos Laradogoitia, Manuel, Matthew, Antonio y José, en el Idaho de 1953. (Cedida por Alisson Larado)
Los cuatro hermanos Laradogoitia, Manuel, Matthew, Antonio y José, en el Idaho de 1953. (Cedida por Alisson Larado)

El informe desclasificado deja constancia de la desconfianza inicial: "Su hermano Antonio es muchacho que siempre ha sido de entera confianza, buena conducta personal, y totalmente unido a nuestra ideología (...) José Laradogoitia ha tenido fama entre los vascos del Oeste de persona poco seria, en contraste con la conducta recta e íntegra que llevan en general los vascos en aquella parte de EEUU". Y entonces el pastor de Urduliz volvió a demostrar su talento natural para la supervivencia. Al terminar el interrogatorio, los agentes del SVI habían cambiado por completo su actitud y recomendaron su captación inmediata, considerándolo un valioso activo: "Personalmente da la impresión de ser inteligente, muy despierto, con apariencia de poca cosa, pero con gran dominio de los asuntos en que está mezclado. Tiene aparente tranquilidad de conciencia, como quien no actúa por segunda intención sino con lealtad al servicio de un interés vasco y democrático".

Allison Larado todavía no acaba de interiorizar el hecho de que sea la nieta de un espía. "Yo no lo recuerdo como alguien que sirvió a su país y al mío, sino como un emprendedor, un padre de familia, un hombre que hacía una sopa de pollo y puerros deliciosa, que era capaz de arreglar cualquier cosa y que tenía toneladas de herramientas. De hecho, la casa donde vivía la construyó él mismo con sus propias manos", relata emocionada. De acuerdo con su testimonio, al finalizar la guerra, Laradogoitia acortó su apellido a Larado y conoció a Jewel, su futura mujer, en el Hospital Lenox Hill de Nueva York. Él trabajaba de camillero y ella, de enfermera. El experto en espionaje Fabrizio Calvo indica que los servicios secretos estadounidenses también le recompensaron con un rancho en Montana, aunque ya no se sabe qué hizo con ella. En cualquier caso, Larado abrió una cafetería y una gasolinera, que regentaría junto con su suegra hasta que se mudaron a Florida. Allí, el viejo Joe montó su propio negocio de construcción y el matrimonio se asentó en una tranquila zona residencial de la costa.

La guerra de las cloacas

Allison, que había trabajado como locutora de radio durante dos décadas, trató de averiguar alguna pista sobre el recorte de periódico escondido en la biblia familiar. ¿Quiénes eran aquellos dos colaboradores nazis? En la foto aparecía un hombre alto y embrutecido y un señorito bajito y remilgado. ¿Los conoció antes de venir a América? ¿Fue realmente un agente nazi? ¿Trabajó para el FBI? "Tengo el recuerdo de mi abuela diciéndole, 'díselo, ¿por qué no?'". Pero él no soltaba prenda. Al fin y al cabo, todo espía aprende a convivir con sus secretos. José Laradogoitia murió en 2002 sin haber confesado una sola palabra sobre su pasado.

Las fotos que Allison desempolvó de los viejos álbumes familiares, inéditas hasta la fecha, muestran el rostro de un hombre bastante anodino, que no era alto ni bajo, que vestía elegante pero discreto, un pastor sin estudios que pasaba desapercibido y que, sin embargo, hablaba varios idiomas y tenía la capacidad de embelesar a quien tuviera delante. "Me parece increíble haber ignorado durante tanto tiempo esta parte de su vida y me rompe el corazón no poder volver a verle. Le echo de menos todos los días", lamenta Allison. Afortunadamente para ella, con la irrupción de Internet encontró a un historiador bilbaíno que andaba tras la pista de su abuelo y contactó con él a través de Twitter: "Escribiste este artículo en 2017. Este hombre es mi abuelo. He estado intentando saber más sobre su historia en la II Guerra Mundial".

placeholder Jewel, Alli y 'Joe' durante unas vacaciones de 1989. (Cedida por Alisson Larado)
Jewel, Alli y 'Joe' durante unas vacaciones de 1989. (Cedida por Alisson Larado)

El académico en cuestión era David Mota, un profesor de la Universidad Isabel I que llevaba investigando a José Laradogoitia desde 2011. Antes de que él publicara su investigación, apenas existían un par de citas bibliográficas confusas sobre su vida. "Habitualmente las versiones más conocidas del conflicto reducen su desarrollo a una dicotomía de buenos y malos, de Aliados contra el Eje, de demócratas contra fascistas. Pero, detrás de este conflicto ideológico, más allá de esta versión resumida de la guerra, hay mucho más. Hay una guerra que se libró en las cloacas, que se centró en la desinformación, que contó con organizaciones de espionaje y que, por supuesto, dispuso de colaboradores muy variopintos", explica Mota.

Y en ese juego sucio, José Laradogoitia destaca como uno de los grandes desconocidos de la Historia Contemporánea. El profesor vasco reivindica ahora la relevancia de un espía que "cumplió un papel significativo en el desenlace bélico aliado por la calidad de la información que proporcionó". Pero esta historia tiene capítulos escritos con tinta invisible que todavía no han sido revelados. Recordemos que en 1941 el presidente Roosevelt creó la Office of the Strategic Services (OSS), una agencia de información dependiente del Departamento de Estado dirigida por el militar William Donovan y precursora de la actual CIA. La OSS se enfrentó desde sus comienzos al famoso Federal Bureau of Investigation (FBI), con el que libró una silenciosa batalla por el control de los informadores y los espías. El Servicio Vasco de Información colaboraba desde el exilio con los servicios secretos estadounidenses, ingleses y franceses, bajo la errónea impresión de que tras la guerra les ayudarían a luchar contra la dictadura de Franco. Tal y como deja constancia el informe del Basque G. Proyect, la inteligencia 'yankee' consideraban a los vascos unos aliados útiles. Entre otras razones, porque el discurso del lendakari Aguirre era capaz de influir en la opinión pública católica y contrarrestaba la influencia de los nazis en Sudamérica y porque contaban con el apoyo de centenares de marineros que formaban una extensa red de información.

placeholder Carta de William Donovan sobre la posibilidad de aliarse con los vascos. (M. I.)
Carta de William Donovan sobre la posibilidad de aliarse con los vascos. (M. I.)

Documentos sin desclasificar

El día que Laradogoitia se entregó a las autoridades, el SVI compartió el caso con sus compañeros neoyorquinos y tanto el OSS como el FBI mostraron gran interés por lo que el propio Donovan la calificaría como una "oportunidad ventajosa". Pero la OSS actuó demasiado lenta. La agencia del mítico J. Edgar Hoover solicitó su custodia y el pastor vizcaíno comenzó a trabajar para el FBI bajo el flamante pseudónimo de Bromo, aunque internamente se refirieran a él como Little Joe. El agente doble creó una complicada red de engaños dedicada a confundir a Lang, convenció a los alemanes de que había reclutado a varios informantes en buques mercantes españoles y, bajo la supervisión de los agentes especial John F. Sears y Tom Spencer, desinformó a los nazis sobre el tráfico marítimo y el material armamentístico con el que contaban los Aliados. Y para ello utilizó los mismos métodos que le había enseñado Lang: la radio, la tinta invisible y la red de carteros. Una historia similar a la de Juan Pujol 'Garbo', un espía catalán que engañó a Hitler para favorecer el desembarco aliado en Normandía.

Mientras revisaba las fuentes originales, Mota se dio cuenta de que la información desclasificada mencionaba casi exclusivamente la actividad del agente Gernika y omitía los detalles de los operativos llevados a cabo como agente Bromo. Siguiendo su instinto de sabueso, inició las farragosas gestiones burocráticas para solicitar al Departamento de Justicia de EEUU que desclasificara la documentación existente sobre el caso. La respuesta oficial llegó cuatro años más tarde en forma de PDF. Se trataba de un ambiguo mensaje firmado por D.M.H., jefe del archivo federal, que resultaba tan decepcionante como esperanzador: "El FBI no puede confirmar o negar la existencia de documentos sobre su tema ya que el mero reconocimiento de la existencia o inexistencia de tales registros es en sí mismo un hecho clasificado, protegido por la exención FOIA (Acta de Libertad de Información) y / o revelaría fuentes, métodos o actividades de inteligencia protegidos".

En la casa familiar de Allison Larado había una biblia con un recorte de prensa amarillento en su interior. El artículo anunciaba la detención de dos colaboradores nazis en Filadelfia y elogiaba la actuación de José Laradogoitia, un "spaniard" que habría engañado a los alemanes durante años. Allison sabía que ese hombre era en realidad Joe Larado, su abuelo, pero él nunca quiso responder a sus preguntas. Al parecer, no le gustaba hablar de la Segunda Guerra Mundial. Ahora, gracias a un informe desclasificado de una misión secreta conocida como Basque G. Project, El Confidencial ha tenido acceso a los dos interrogatorios realizados a Laradogoitia en mayo de 1943, poco después de que este se entregara a las autoridades estadounidenses para actuar como agente doble. Los interrogadores —Antón Irala y Manuel de la Sota— pertenecían al Servicio Vasco de Información (SVI), una organización de espionaje creada por el PNV durante la Guerra Civil que luego pasó a formar parte del Gobierno Vasco en el exilio.

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