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Rusia cambia sus objetivos sobre el terreno (y eso es malo para Ucrania)
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Guerra de desgaste

Rusia cambia sus objetivos sobre el terreno (y eso es malo para Ucrania)

La victoria militar rápida y total que Rusia había planificado inicialmente es ya virtualmente imposible. Nos encaminamos hacia un largo conflicto como el del Donbás, pero multiplicado exponencialmente

Foto: Punto de control en la capital ucraniana, Kiev. (EFE/Atef Safadi)
Punto de control en la capital ucraniana, Kiev. (EFE/Atef Safadi)
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Si algo hay que reconocerle a Vladímir Putin es que, pese a ser un estratega desastroso (los resultados están a la vista), es un táctico bastante talentoso. A diferencia de otros líderes, Putin sabe reaccionar cuando las circunstancias cambian y sacar el mejor provecho de la nueva situación.

Como escribe el experto británico Mark Galeotti en su libro “Tenemos que hablar de Putin”, el líder ruso no es un ajedrecista, sino un judoka: “El ajedrez es una competición con reglas inflexibles” y “Putin no quiere limitar sus propias opciones de ese modo. Sin embargo, sabe judo”. Y añade: “Tanto en la geopolítica como en el judo, Putin es un oportunista. Tiene cierto sentido de lo que constituye una victoria, pero no un camino predeterminado para lograrlo. Se basa en aprovechar rápidamente cualquier ventaja que ve, más que en una estrategia cuidadosa”. De hecho, argumenta Galeotti, “muchos supuestos ‘éxitos’ aparentes a corto plazo han resultado ser cargas a largo plazo”, si bien “esto ayuda a explicar por qué a menudo somos incapaces de prever los movimientos de Putin por adelantado”.

Foto: Fuerzas de Defensa Territorial en las afueras de Kiev la semana pasada. (Getty/Chris McGrath)

La victoria militar rápida y total que Rusia había planificado inicialmente es ya virtualmente imposible: en el mejor de los casos, Moscú tendría que hacer frente a una larga y costosa ocupación frente a una población hostil y una guerrilla motivada y respaldada por Occidente. Una auténtica pesadilla para el Kremlin. En ese contexto, a lo que Rusia debe aspirar es a minimizar las pérdidas y sacar el mejor partido posible de lo que ya es una debacle militar y económica. Y si uno presta atención a los detalles, eso es exactamente lo que está haciendo.

Aunque es pronto para predecir los resultados de las negociaciones entre Rusia y Ucrania, es muy probable que no conduzcan a ningún acuerdo significativo, al menos a corto y medio plazo. La conquista de Kiev parece hoy por hoy una opción todavía bastante remota, e incluso Jarkiv, junto a la frontera rusa, está resistiendo los embates del vecino. Por eso todo apunta a que la nueva estrategia rusa puede ser el afianzar su control sobre las regiones ribereñas del Mar Negro: Jersón, Mariúpol (cuya caída parece inminente), Melitópol y quizá, si los vientos de la guerra le son favorables, el estratégico puerto de Odesa.

Ese es el motivo de que las tropas rusas se hayan empleado con contundencia para impedir las manifestaciones pacíficas de protesta a la ocupación en Jersón, o de que los soldados estén yendo casa por casa a buscar a activistas y reporteros locales en Mariúpol (algo que, por cierto, los servicios de inteligencia estadounidense también habían avisado que sucedería en cada una de las ciudades sometidas por los invasores), tratando de silenciar todas las voces críticas. Si Rusia no puede conquistar Ucrania, al menos, como premio de consolación, creará un corredor directo desde Crimea hasta el Donbás, dominando de paso no sólo el Mar de Azov, sino también toda la ribera superior del Mar Negro.

Esto, además, le permitirá resolver varios de los problemas más acuciantes de la península de Crimea, como el agua potable: acuíferos y canales quedaban fuera del territorio anexionado por Rusia en 2014, por lo que las autoridades ucranianas cerraron el suministro, generando una importante situación de escasez. Conquistando estas infraestructuras, Moscú mata varios pájaros de un tiro.

Eso hace cada vez más improbable una retirada total rusa de territorio ucraniano, incluso limitándolo a las áreas invadidas desde el 24 de febrero, como propone por ahora la delegación de Ucrania en las negociaciones. El escenario hacia el que caminamos -si no ocurre nada que de un vuelco a la situación sobre el terreno- es una ocupación prolongada del este del país y un largo conflicto entre los ejércitos de Rusia y Ucrania por el control de esos territorios. Una guerra como la del Donbás, pero multiplicada exponencialmente.

*Este artículo se encuentra disponible en abierto en nuestra newsletter 'Europa, en guerra'. De lunes a viernes, al cierre, mantente informado de la situación en el frente, los movimientos geopolíticos y el impacto económico global de la ofensiva rusa en Ucrania. Suscríbete de forma gratuita aquí.

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