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"Quería besar el suelo europeo": el viacrucis de estudiantes españoles para salir de Rusia
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Erasmus en Moscú al inicio de la guerra

"Quería besar el suelo europeo": el viacrucis de estudiantes españoles para salir de Rusia

La guerra estalló y ellos estaban estudiando en Rusia. La cancelación de cuentas bancarias, la tensión en las calles rusas y el aislamiento de Occidente hizo insostenible seguir allí

Foto: Alba Estévez y sus compañeros mientras viajaban para salir de Rusia. (Cedida)
Alba Estévez y sus compañeros mientras viajaban para salir de Rusia. (Cedida)
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Agobio, sufrimiento, y miedo. Eso han sentido muchos de los estudiantes españoles que residían en Rusia cuando estalló la guerra. Atravesar 'un campo de minas' en un laberinto del que no era fácil salir. Cuentas bancarias cerradas, tensión en las calles, detenciones 'a diestro y siniestro', y precios de vuelos inasequibles. Un cóctel de situaciones difíciles que se han encontrado personas que únicamente estaban allí de Erasmus. La guerra ha truncado sus estudios en el país liderado por Vladímir Putin y casi les cuesta algo más que eso.

"El día que estalló la guerra recuerdo despertarme y que mi compañera me dijese al instante alarmada: '¿Alba has visto las noticias? Rusia ha entrado en guerra con Ucrania, han comenzado la invasión'", cuenta Alba Estévez, una española de Marín (Pontevedra), estudiante de Relaciones Internacionales, Sociología y Experto en desarrollo, que a principios del mes de febrero viajó a Moscú (Rusia) de Erasmus con su universidad sin saber lo que el destino le iba a deparar poco después. "Esta beca la tengo desde hace dos años y, al principio, por el covid no me dejaron ir, y bueno, ahora ha aparecido una guerra… Ya no sé si llorar, reír o qué hacer", cuenta la estudiante lamentándose.

Desde aquel primer día en el que Rusia comenzó su ofensiva contra Ucrania, para Alba y otras estudiantes españolas, como Laida e Itsasne, que la acompañaban, además de estudiantes de diferentes puntos del globo, se iban a ir complicando las situaciones por momentos. La primera pregunta que todos se hacían era clara: ¿En qué nos afecta esto? ¿Nos tenemos que ir del país?

"A los franceses los obligaron, desde su país, a volver del Erasmus"

Los países y universidades iban a ir poniéndose en contacto con sus alumnos e ir respondiendo, en parte, a estas preguntas. "Los primeros a los que les insistieron a dejar Rusia fue a los americanos. Y a nivel europeo, los finlandeses fueron los primeros en ser alarmados por su país e instados a abandonar territorio ruso", cuenta Alba, que vio como compañeros de Erasmus iban marchando poco a poco.

En esta desescalada de alumnos internacionales, los siguientes en abandonar el barco ruso fueron los franceses e italianos. Ambos países adoptaron una decisión firme respecto a sus alumnos en Rusia. "A los franceses los obligaron, desde su país, a volver del Erasmus, no le daban la opción de quedarse al alumno. A los italianos les instaron bastante a dejar Rusia, pero no llegaron a obligarlos", comenta la estudiante española.

¿Y España? ¿Qué decisión tomó para sus estudiantes de Erasmus? "A los españoles, al principio, nos daban la opción de quedarnos en el país y respetaban nuestra decisión, sin embargo, poco más tarde, desde el consulado nos advirtieron de que si queríamos salir tenía que ser ya porque salir del país se estaba poniendo difícil y nos dijeron que si nos quedamos, era bajo nuestra propia responsabilidad", narra Alba Estévez, que ante esta disyuntiva, y al ser informada de las dificultades que se estaban dando para salir del país, pasó a un estado de alerta y temor por no poder llegar a casa, si así ella lo decidía finalmente. La decisión, en última instancia, sería la de salir de Rusia. Varios factores impulsaron esta iniciativa.

placeholder Controles en la frontera. (Cedida)
Controles en la frontera. (Cedida)

"Mi intención en un principio era quedarme allí", afirma de forma rotunda Alba, que después de que el covid se lo impidiese, quería estudiar en Moscú. "Sin embargo, la situación se volvió insostenible y estábamos todos bastante asustados", añade la gallega. Las razones por la que el pánico comenzó a apoderarse de ella comenzaron en los primeros días de guerra. "El miedo de verdad para nosotros empezó cuando ya la tensión de la guerra se respiraba en el ambiente, traducido en protestas en las calles, detenciones, avisos de peligros de ataques y atentados, etcétera. Nos decían por todos lados que tuviésemos cuidado y que no saliésemos de nuestra zona".

Sin embargo, hubo un punto de inflexión que hizo incompatible que pudiesen seguir viviendo allí los alumnos de Erasmus. "El punto máximo de agobio llegó cuando la tarjeta de crédito dejó de funcionarme, y además, a otros compañeros europeos les pasó lo mismo". Una situación que se dio antes de que Visa y Mastercard anunciaran de forma oficial, el pasado fin de semana, que dejaban de operar con Rusia. Alba apuntaba también, respecto a este corte de cuentas bancarias, que "había europeos a los que les funcionaba la tarjeta de crédito y otros a los que no, era muy desconcertante".

Tren, bus y muchos controles para salir de Rusia

La decisión de salir de allí cuanto antes estaba tomada. Febrero se acababa y querían escapar de aquella situación. Eso sí, encontrar una ruta para salir no iba a ser tarea fácil. Para la estudiante española, Alba Estévez, "fue horrible buscar cómo salir del país". "Estaba todo cerrado, estuvimos mirando vuelos y escalas a todos sitios para salir de allí, como a Dubai, Rabat, Abu Dabi, Turquía, etcétera. Pero los vuelos a cualquier punto geográfico estaban a precios totalmente desorbitados". La salida se complicaba para los alumnos españoles y europeos que allí quedaban. El agobio y la histeria iban en aumento.

Entretanto, con los ojos rojos de buscar cómo escapar del país, y de algún que otro llanto, Alba, Laida, Itsasne, y otro chico español que se unió a última hora, conformando un grupo de españoles, encontraron una serie de viajes factibles para salir del país. "Cogimos un tren a San Petersburgo, y allí nos subimos a un bus dirección Tallín (Estonia). El trayecto en bus fue complicado. En principio llegábamos sobre las nueve pero, finalmente, llegamos cerca de las dos debido a todos los controles y a que en la parte rusa de la frontera nos retuvieron varias horas".

placeholder Controles rusos en el bus camino de Estonia. (Cedida)
Controles rusos en el bus camino de Estonia. (Cedida)

Las horas de espera, los continuos controles, y el temor a que pidiesen algún tipo de documentación que no conociesen, fueron los compañeros de viaje de los estudiantes en su viacrucis personal de vuelta a casa. "Para cruzar la frontera de Rusia tuvimos que enseñar los pasaportes muchísimas veces, se quedaron con nuestra tarjeta de inmigración, pasamos muchos controles y tuvimos que mostrar nuestro equipaje a las autoridades rusas".

Llegada a Estonia. Europa. Lo malo había pasado. "Quería besar el suelo europeo", afirma entre risas Alba recordando el alivio de salir de Rusia. Pero ella aún tenía que llegar a España. Hubo un detalle que fue clave para que Estonia no fuese un problema. Y es que en el bus para Tallín se juntaron con otros compañeros de Erasmus, un francés, un checo, y he aquí la clave, un estonio. "En Tallín nos alojamos en casa de un compañero que era de Estonia, y de su vecina. Finalmente, desde allí cogí un vuelo hasta Frankfurt, y de ahí a Oporto, donde me recogieron mis padres". Los vuelos a Alemania y a Portugal fueron mucho más agradables para Alba Estévez en comparación con todo lo sufrido en la salida de Rusia. Un viaje que hasta que no se materializó llegando a Europa estaba impregnado en todo momento de una sensación de miedo.

Manifestaciones pacíficas en Moscú

Los días anteriores al periplo de vuelta a España, Alba fue testigo de alguna manifestación en contra de la guerra que tuvo lugar en Moscú. "Los últimos días, fuimos al centro a comprar algún 'souvenir', y vimos una manifestación en contra de la guerra. Cuando apareció la policía salimos corriendo de allí para evitarnos cualquier tipo de problema", recuerda la estudiante, reviviendo el momento en su cabeza con cierta preocupación, como si aún estuviese allí.

"Éramos conscientes de que en Rusia es ilegal manifestarse. A nosotros como estudiantes, si nos hubiesen detenido habríamos perdido todo y no hubiésemos podido ni volver allí a la universidad". Las manifestaciones suponen un gran peligro para los propios ciudadanos rusos, pero aún más si cabe para aquellos que son extranjeros y emiten públicamente su descontento con la dirección de Putin.

"Una chica en mi universidad, allí en Rusia, con un cartel de 'no a la guerra' fue detenida por varios policías en el mismo lugar"

En la capital rusa, Alba Estévez conoció casos de lo más rocambolescos en cuanto a detenciones: "Conocimos el caso de un profesor de mi universidad que iba con su hija a cenar. Los confundieron con manifestantes y los detuvieron las autoridades. De hecho, el profesor era diabético, y no le dejaron pincharse ni nada una vez detenido". Además, también recuerda otro caso bastante cercano: "Una chica en mi universidad, allí en Rusia, con un cartel de 'no a la guerra' fue detenida por varios policías allí mismo". Un mensaje en toda regla para aquellos otros alumnos a los que se le hubiese pasado por la cabeza manifestarse.

Agobio, sufrimiento, y miedo. Eso han sentido muchos de los estudiantes españoles que residían en Rusia cuando estalló la guerra. Atravesar 'un campo de minas' en un laberinto del que no era fácil salir. Cuentas bancarias cerradas, tensión en las calles, detenciones 'a diestro y siniestro', y precios de vuelos inasequibles. Un cóctel de situaciones difíciles que se han encontrado personas que únicamente estaban allí de Erasmus. La guerra ha truncado sus estudios en el país liderado por Vladímir Putin y casi les cuesta algo más que eso.

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