El karma de las vacunas abofetea a Europa: tres profecías autocumplidas de la pandemia
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Nueva variante sudafricana

El karma de las vacunas abofetea a Europa: tres profecías autocumplidas de la pandemia

La nueva variante sudafricana B.1.1.529 del covid, bautizada como variante ómicrom, ha puesto al mundo en modo pánico

Foto: Una mujer recibe la vacuna del covid en Sudáfrica. (Reuters/Sumaya Hisham)
Una mujer recibe la vacuna del covid en Sudáfrica. (Reuters/Sumaya Hisham)
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La nueva variante sudafricana B.1.1.529 del covid, bautizada como variante ómicrom, ha puesto al mundo en modo pánico. El barril de petróleo se ha despeñado. En Europa, las bolsas han cerrado en números rojos y en apenas unas horas, países como Francia, Bélgica, Reino Unido o Alemania han suspendido vuelos desde y hacia los países del sur de África. Si el coronavirus fuera vengativo, diría que la UE y los países desarrollados han recibido su primera bofetada del karma de las vacunas.

De las casi 8.000 millones de dosis que se han inoculado en el mundo durante el último año, el 75% ha sido en los países más ricos. Mientras las naciones desarrolladas acumulaban más vacunas de las que podían poner, hablaban de terceras y hasta cuartas dosis de refuerzo e incluso tiraban viales que se echaban a perder, en África apenas se ha vacunado un 6% de la población.

En este contexto, la aparición de nuevas y más peligrosas variantes con potencial para impactar la recuperación económica y sanitaria no solo era algo previsible, sino que había sido advertido por científicos y expertos hasta la extenuación. La llegada de ómicrom viene a materializar las tres profecías más repetidas durante la pandemia: 1) Nadie estará seguro hasta que no estemos todos seguros, 2) El egoísmo de Occidente acaparando vacunas va a pasarle factura, 3) La pandemia está lejos de acabar y el virus (como el pánico) no entiende de fronteras.

Foto: Un trabajador sanitario en Sudáfrica. (Siphiwe Sibeko/Reuters)

1) O todos seguros, o ninguno

Justo cuando España estaba rozando con los dedos la nueva normalidad, sin restricciones de movimiento y con la saturación hospitalaria y las muertes por covid casi bajo control, acaba de aparecer la variante ómicron. Se cancelan los vuelos, se anuncian reuniones de emergencia y se dispara el temor de si esta variante —más transmisible, según los primeros estudios— puede acabar generando una nueva ola. El enésimo recordatorio de que la pandemia está lejos de acabar.

La frase que pronunció Tedros Adhanom Ghebreyesus, "hasta que no estemos protegidos [con la vacuna] todos, no lo estaremos ninguno", se ha convertido en uno de los mantras más repetidos en la pandemia. Mientras que España roza ya el 80% de vacunación, y la mayoría de los países europeos oscilan entre el 60-70%, apenas el 6,6% de la población africana ha sido vacunada hasta la fecha. Tan solo cinco países africanos (de 54 que conforman el continente) podrían alcanzar el objetivo de vacunar al menos al 40% de su población para finales de año, entre ellos Seychelles, Mauricio o Cabo Verde —pequeñas islas con escasa población—, Túnez y Marruecos (este último con una economía algo más desarrollada y un estricto plan de vacunación).

Este reparto desproporcionado ha sido criticado hasta la saciedad por su vertiente moral. Pero ahora vemos las contraindicaciones prácticas. "Una baja cobertura de la vacunación significa que el virus continuará replicándose, permitiendo la transmisión comunitaria sin control. Conforme esta avanza, es más probable que el virus mute, complicando los esfuerzos por controlarlo", explica Charles Shey Wiysonge, epidemiólogo y director del instituto para la investigación médica Cochrane South Africa, a El Confidencial. Es decir: cuanta menos vacunación, más transmisión, y cuanta más transmisión, más oportunidades de que se produzcan mutaciones.

El pánico ante la variante Ómicron deja claro que Europa, pese a sus elevadas tasas de vacunación, no es un compartimento estanco a salvo de variantes externas. "La inequidad en el reparto de vacunas va a perpetuar una pandemia que podríamos controlar mucho mejor. [Los países sin acceso a vacunas] no solo siguen sufriendo la pandemia, sino que la exportarán [al resto de países]", sostiene, por su parte, Sebastián González-Dambrauskas, coautor del recientemente publicado estudio 'Vaccine apartheid: this is not the way to end a pandemic' ('Apartheid de las vacunas: este no es el modo de acabar con una pandemia'), a El Confidencial. El investigador uruguayo añade: "Esto es un fracaso moral que no deja de ser un tiro en el pie de los países ricos, que están vacunando incluso a poblaciones de menos riesgo mientras hay países que no tienen ninguna".

"Es un fracaso moral que no deja de ser un tiro en el pie de los países ricos"

En estos países que combinan escasa cobertura de vacunación, gran masa poblacional y urbes hacinadas (escenario ideal para la transmisión del virus) seguirán apareciendo nuevas variantes, se descubran o no. Para poder detectar las nuevas mutaciones del virus como ómicron y, por tanto, emitir alertas sanitarias, es necesario secuenciar el genoma de las muestras positivas de coronavirus, algo que países desarrollados están potenciando para entender mejor la transmisibilidad y la capacidad de las nuevas variantes para evadir los anticuerpos. Estados Unidos secuencia el genoma de 30 de cada 1.000 casos positivos de coronavirus, Alemania 39 y España 13, según datos ofrecidos por la Iniciativa GISAID.

Sin embargo, en este mapa también hay un grave agujero en los países en desarrollo, que carecen de medios para identificar las posibles nuevas variantes. Aun así, es llamativo que en Sudáfrica (con 60 millones de habitantes) se han detectado ya dos variantes "de preocupación" mundial, mientras que en India (con 1.380 millones de habitantes) una. Parte de la explicación es que en Sudáfrica se secuencian 5 de cada 1.000 casos de covid, mientras que en India apenas uno.

2) El egoísmo nos va a pasar factura

Los países occidentales no solo se han asegurado suficientes vacunas para toda su población, sino que países como Estados Unidos o Canadá han reservado incluso más dosis de las que pueden llegar a inocular. Las naciones del G-20 han recibido 15 veces más dosis per cápita que los países de África Subsahariana y tres veces más que a todo el resto de países juntos, según un reciente informe encargado por UNICEF. Este volumen está acaparando la capacidad de producción global de vacunas, dejando las órdenes de compra de los países con menos recursos al final de una larga cola de pedidos. Y, según han denunciado diversos gobiernos de países africanos como Sudáfrica o Uganda, las grandes farmacéuticas les están cobrando más caras las vacunas que a la Unión Europea.

Pero el egoísmo de los países desarrollados no solo ha sido en las vacunas, sino también en principios activos (Estados Unidos bloqueó durante meses la exportación de materiales esenciales para la producción de vacunas) o productos relacionados, como las jeringuillas. UNICEF ha denunciado un déficit de hasta 2.200 millones de jeringas, y países como Kenia, Ruanda y Sudáfrica ya han experimentado retrasos en las entregas.

Además, la propia Unión Europea se ha mostrado en contra de liberalizar la patente de las vacunas de coronavirus, una medida que (aunque a largo plazo) favorecería que fueran los países africanos quienes fabricaran sus propias vacunas. "El acaparamiento por parte de los países ricos ha dejado a los países africanos luchando, con poco éxito, para acceder a las vacunas. Establecer y ampliar la fabricación de vacunas en África podría conducir a un suministro sostenible y seguro de vacunas en el continente", asegura Charles Shey Wiysonge. "Sin embargo, la fabricación de vacunas en África requeriría una inversión sustancial", matiza.

Hasta el momento, las mayoría de las vacunas desarrolladas siguen siendo eficaces contra las variantes detectadas. La británica demostró más transmisibilidad, pero no más resistencia a las vacunas de, por ejemplo, Moderna o Pfizer-BioNTech. Sin embargo, ambas vacunas vieron su eficacia algo rebajada frente a la delta, detectada también en Sudáfrica en septiembre de 2020. "Esta progresión de variantes demuestra el impulso del virus por una mayor aptitud, la selección natural de mutaciones y cepas que hacen que sea más probable encontrar huéspedes se facilita más al eludir la respuesta inmune (...) De hecho, se puede esperar que surjan nuevas variantes (que deberán monitorearse meticulosamente, ya que representan una amenaza potencial para la salud pública)", escribían el virólogo italiano Roberto Burioni y el genetista estadounidense Eric J. Topol en un artículo publicado hace seis meses en la revista 'Nature', en el que pronostican que las variantes hagan al virus más transmisible pero no más letal.

Por el momento se desconoce cómo afectarán las 32 mutaciones de la variante Ómicron a su peligrosidad. Pero los expertos consultados advierten que, si no se cambia la tendencia de desequilibrio de vacunación, aumentan las posibilidades de que aparezca una variante que acabe reduciendo la efectividad de las vacunas.

3) El virus no entiende de fronteras

La primera reacción a la nueva variante ha sido suspender vuelos. Los 27 países europeos acordaron el viernes cerrar las rutas aéreas desde y hacia siete países del cono sur africano durante al menos dos semanas, una decisión que las autoridades sudafricanas han deplorado. "El hecho de que la variante se haya detectado primero en Sudáfrica no necesariamente significa que se haya originado aquí. Podría haberse originado en cualquier otro país y que simplemente en Sudáfrica tenemos un mayor sistema de vigilancia de las secuencias de genoma (que detectan variantes), y que hemos sido transparentes en informar al resto del mundo en tiempo y forma", defiende Shey Wiysonge, el genetista sudafricano.

De hecho, apenas unas horas después de anunciarse oficialmente por la OMS que ómicron es una variante "de preocupación", aparecieron casos en lugares tan alejados como Bélgica, Israel o Hong Kong y en personas que no necesariamente habían pasado por Sudáfrica, lo que hace pensar que lleva tiempo circulando fuera de África del sur.

Foto: Dos niños corren en Kliptown, Sudáfrica. (Reuters/Siphiwe Sibeko)
La variante ómicron resucita el miedo al covid y pone en guardia al planeta
Berta Tena Nacho Alarcón. Bruselas Ana Rodríguez

Otro de los grandes clichés de la pandemia, quizá el más antiguo de todos, es el de que "el virus no conoce fronteras". Y está siendo así. La variante ómicron ya ha dado el salto a Europa y es más que probable que ese trasvase continúe. Pese al cierre del tráfico aéreo, los movimientos migratorios son difíciles de contener. De hecho, el 'shock' que supondrá este nuevo cierre para la economía africana y el miedo a la variante generará a largo plazo las condiciones para que se incremente la presión migratoria —regular e irregular— hacia Europa.

Y mientras las miradas están ahora sobre Sudáfrica, nuevas variantes pueden estar cocinándose en los lugares más insospechados. "En 2022 va a pasar lo mismo", avisa González-Dambrauskas. "Pasó en India, pasa ahora en Sudáfrica y pasará más adelante quizá en Brasil o Perú u otro país de Latinoamérica", concluye.

La nueva variante sudafricana B.1.1.529 del covid, bautizada como variante ómicrom, ha puesto al mundo en modo pánico. El barril de petróleo se ha despeñado. En Europa, las bolsas han cerrado en números rojos y en apenas unas horas, países como Francia, Bélgica, Reino Unido o Alemania han suspendido vuelos desde y hacia los países del sur de África. Si el coronavirus fuera vengativo, diría que la UE y los países desarrollados han recibido su primera bofetada del karma de las vacunas.

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