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"Por mar no llegarán": Estados Unidos trata de desactivar una nueva 'crisis de balseros'
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Como la ocurrida en 1994

"Por mar no llegarán": Estados Unidos trata de desactivar una nueva 'crisis de balseros'

La Administración Biden ha pedido a los cubanos que no intenten lanzarse a la mar para llegar a Estados Unidos y teme que el Gobierno de la isla incentive su salida en masa

Foto: Cubanos preparan una balsa para llegar a Estados Unidos durante el éxodo de 1994. (Reuters)
Cubanos preparan una balsa para llegar a Estados Unidos durante el éxodo de 1994. (Reuters)

El tramo más angosto del estrecho de Florida mide 150 kilómetros y separa a los Cayos de la Florida, el archipiélago situado en el punto más sureño de Estados Unidos, y la costa norte de Cuba. Durante décadas, miles de cubanos se han lanzado en lanchas —los relativamente afortunados— y balsas de fabricación casera —la mayoría— a desafiar las olas con el objetivo de escapar del autoritarismo y la pobreza de la isla y rehacer su vida en el continente. El Gobierno comunista no hace demasiados esfuerzos por impedirlo. ¿Por qué debería? Es una jugosa fuente de financiación, en forma de remesas, si el balsero logra su cometido y una válvula de escape para la disidencia interna pase lo que pase en el peligroso viaje.

Los grandes problemas para EEUU llegan cuando el régimen incentiva directamente y a gran escala estos cruces. Célebre es el éxodo de Mariel, cuando en 1980 Fidel Castro abrió el puerto de esta localidad cubana a todo el que quisiera irse del país, dando la bienvenida a las embarcaciones estadounidenses que vinieran a recogerlos. En menos de siete meses, 125.000 cubanos habían recorrido el estrecho. "Mariel, Florida, le abrimos ya una herida", se burlaba el líder de la Revolución Cubana en plena crisis.

Foto: Una mujer sale al balcón donde se expone una bandera cubana, en La Habana, Cuba. (EFE)

Más relevante para la situación actual es la llamada “crisis de los balseros”, desatada en 1994 a raíz del Maleconazo, una serie de multitudinarias protestas en La Habana contra el Gobierno que, por aquel entonces, no tenían precedente alguno. Ocho días después del estallido, que fue rápidamente reprimido, Fidel anunció en un discurso que, a partir de ese momento, los guardas fronterizos de las costas cubanas serían retirados y que cualquier persona que quisiera marcharse del país lo podía hacer libremente. La oleada masiva de cubanos que se lanzaron al estrecho provocó la movilización inmediata del Gobierno de Bill Clinton, que ordenó su intercepción y su llevada a la Base Naval de Guantánamo. Más adelante, los más de 30.000 exiliados recogidos en el mar fueron admitidos en EEUU.

Ahora, cuando Cuba ha vuelto a experimentar las protestas más grandes desde la consolidación del comunismo en el poder, EEUU teme un nuevo episodio en el que la población cubana sea utilizada como arma migratoria. El Gobierno cubano lo sabe, y quizá por ello parecía lanzar esta semana una amenaza velada al respecto. “Advierto al Gobierno de Estados Unidos que su conducta irresponsable (de respaldo a las protestas) puede tener consecuencias graves que dañen el interés nacional de ambos países”, aseveró el ministro de Relaciones Exteriores de la isla, Bruno Rodríguez, quien también indicó en su discurso que Washington es responsable de la “incitación a flujos migratorios irregulares y desordenados entre ambos países”.

La Administración Biden ya ha movido ficha para intentar evitar un nuevo éxodo. Alejandro Mayorkas, secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos —y nacido en Cuba—, lanzó una advertencia a las personas dispuestas a lanzarse al estrecho. "Permítame ser claro: si se hacen a la mar, no llegarán a Estados Unidos. Cualquier migrante interceptado en el mar, independientemente de su nacionalidad, no podrá ingresar a Estados Unidos".

No fue el único llamado. La Guardia Costera de Estados Unidos emitió un comunicado este martes en el que instaba a los cubanos a no recorrer la ruta marina de 150 kilómetros. “Mantenemos patrullas persistentes y vigilantes tanto en el aire como en la superficie del Caribe, incluyendo el estrecho de Florida, para garantizar la seguridad de todos los marineros. Por favor, no te eches al mar”, indica el texto.

El número de cubanos que intentan hacer el viaje ha crecido en los últimos años. En el año fiscal 2021, la Guarda Costera reportó la intercepción de 536 ciudadanos de la isla que buscaban llegar a Estados Unidos. En 2019, la cifra fue de 313; en 2018, de 259. Son cifras, no obstante, muy pequeñas comparadas con las anteriores al fin de la política de “pies secos-pies mojados”, que fue eliminada por el presidente Barack Obama durante su última semana en el cargo, en enero de 2017. Esta orden ejecutiva otorgaba a los cubanos que llegaban al suelo estadounidense ("pies secos") un trato preferencial frente a inmigrantes de otras nacionalidades y la posibilidad de acceder a la residencia legal en el país, algo que no ocurría en caso de que fueran interceptados en alta mar ("pies mojados").

Foto: Marcha en solidaridad con los manifestantes cubanos en Little Havana, cerca de Miami, Florida. (Reuters)

Estados Unidos tiene un compromiso con Cuba de expedir 20.000 visados al año para sus ciudadanos. Sin embargo, existe un enorme retraso —que roza la paralización total— en la emisión de estos documentos debido a que la embajada del país norteamericano en La Habana se encuentra inoperativa. Esto, en parte, debido a una serie de misteriosos ataques sónicos contra el personal diplomático que llevaron a la Casa Blanca a retirar a la mayor parte de su personal en la isla en 2017.

¿Una flotilla en dirección contraria?

A la Administración Biden no solo le traen dolores de cabeza las embarcaciones que puedan llegar de Cuba, sino también las que pueden partir en dirección contraria. El lunes varios ‘influencers’ cubanos en Miami manifestaron su objetivo de llevar ayuda a la isla, incluso si eran ellos los que tenían que pilotar el barco. “Nos vamos a La Habana. Si tenemos que intervenir, si tenemos que quedarnos, haremos lo que tengamos que hacer”, expresó Santiago Rivero, una personalidad local que tiene más de 93.000 seguidores en Instagram.

A esto le siguió un pequeño pero cada vez mayor movimiento de personas que buscan mandar una flotilla humanitaria hacia Cuba. "Esto es los cubanos apoyando a los cubanos, de mano en mano, de pueblo en pueblo, porque nos falta el apoyo internacional", declaró el martes a EFE John Jiménez, quien llegó a Estados Unidos hace seis años y quien había madrugado ese día para llevar agua y mascarillas a Pelican Harbor Marina, cerca de North Bay Village, en Miami.

Foto: Protesta contra el Gobierno cubano en La Habana. (Reuters)

La iniciativa todavía no cuenta con un gran respaldo. Ramón Saúl Sánchez, líder del Movimiento Democracia, organización que llevó durante varios años flotillas a Cuba y que enfrentó en 2001 una demanda judicial en EEUU por entrar en territorio cubano, aplaudió la energía de los cubanoamericanos, pero advirtió que esta debe ser canalizada adecuadamente.

Tras reconocer que sabía de la existencia de unos siete barcos que salieron esta semana de varias partes de Florida para intentar llegar a la isla y que por lo menos un centenar de dueños de embarcaciones lo han llamado para ofrecer su ayuda, hizo un llamado a “no contribuir al caos”, al señalar que los involucrados se pueden exponer a la confiscación de sus naves y a demandas judiciales en Estados Unidos.

El tramo más angosto del estrecho de Florida mide 150 kilómetros y separa a los Cayos de la Florida, el archipiélago situado en el punto más sureño de Estados Unidos, y la costa norte de Cuba. Durante décadas, miles de cubanos se han lanzado en lanchas —los relativamente afortunados— y balsas de fabricación casera —la mayoría— a desafiar las olas con el objetivo de escapar del autoritarismo y la pobreza de la isla y rehacer su vida en el continente. El Gobierno comunista no hace demasiados esfuerzos por impedirlo. ¿Por qué debería? Es una jugosa fuente de financiación, en forma de remesas, si el balsero logra su cometido y una válvula de escape para la disidencia interna pase lo que pase en el peligroso viaje.

Fidel Castro Barack Obama