¿Por qué el país que podría liderar la vacunación mundial se está quedando atrás?
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Brasil tiene gran capacidad para vacunar

¿Por qué el país que podría liderar la vacunación mundial se está quedando atrás?

El presidente brasileño rechazó la llegada de millones de vacunas al inicio de la crisis, lo que impidió que el país, curtido en varias campañas gigantes de inmunización, pudiera actuar

placeholder Foto: Cartel contra la gestión de la pandemia del presidente brasileño, Jair Bolsonaro. (Reuters)
Cartel contra la gestión de la pandemia del presidente brasileño, Jair Bolsonaro. (Reuters)

“Somos unos privilegiados”. “Estamos muy agradecidos por haber sido escogidos”. “Esta vacuna nos va a salvar de esta enfermedad terrible”. A los habitantes de Serrana, una pequeña localidad del pujante estado de Sao Paulo, les ha tocado la lotería. Durante seis meses, el Instituto Butantán y la Universidad de Sao Paulo han preparado en secreto el Proyecto S, un estudio epidemiológico único en el mundo que consiste en vacunar al 95,7% de la población adulta, es decir, a cerca de 28.000 personas. El objetivo es descubrir el impacto de la Coronavac, la vacuna producida por el laboratorio chino Sinovac junto al Butantán, en una población específica, a pesar de las múltiples mutaciones que están surgiendo en Brasil.

“Serrana fue subdividida en 25 pequeñas áreas. Estamos analizando la cobertura inmunológica de cada una de estas áreas para determinar si eso tiene relación con la inmunidad de rebaño y con la reducción de casos graves y hospitalizaciones”, explica Marcos Borges, director del Hospital de Serrana y coordinador del Proyecto S. El experimento culminó el 11 de abril, cuando fue aplicada la segunda dosis de la vacuna a todos los voluntarios. Mientras, la ciudad cumplía con las medidas de cuarentena obligatoria decretadas por el Gobierno de Sao Paulo.

Los resultados parciales son más que alentadores: cero pacientes intubados, disminución del 60% de los casos graves y tan solo una muerte. El alcalde, Leonardo Capitelli, señala orgulloso que en breve Serrana podría recuperar la normalidad e incluso servir como parámetro para otras ciudades en el regreso a las actividades educativas.

Foto: Voluntarios desinfectan las calles de la favela de Santa Marta, en Río de Janeiro. (Reuters)

En tan solo dos meses, esta ciudad satélite de la vecina Riberao Preto, un conocido centro universitario y agrotecnológico, se ha convertido en una referencia internacional, atrayendo a periodistas de todo Brasil y de muchos países extranjeros. Incluso el cónsul de Israel, uno de los países más avanzados del mundo en la vacunación masiva, se ha interesado por este experimento inédito y ha propuesto una colaboración al alcalde. “Muchas empresas de la región han entrado en contacto con el consistorio para establecer aquí su sede. En este momento somos la ciudad más segura de Brasil y esto jugará un papel crucial en el desarrollo de Serrana”, revela Capitelli.

Serrana representa el éxito que Brasil que podría haber cosechado en la carrera hacia la inmunización si la gestión de la pandemia hubiese sido diferente. A pesar de la imagen de caos y derrota que proyecta, el país más grande de América Latina —y también el más afectado por la pandemia— es una verdadera potencia en lo que se refiere a la vacunación. Hasta la fecha, han sido aplicadas más de 26 millones de dosis contra el covid-19. Esta cifra equivale al 12,36% de la población. Es como si más de la mitad de los españoles ya hubiese sido inmunizada. Brasil es el quinto, según datos del Ministerio de Sanidad. En términos relativos, el país tropical ocupa la novena posición en el 'ranking' global de vacunados por cada 100.000 habitantes.

Esta capacidad ha sido adquirida a lo largo de casi medio siglo. Brasil cuenta en la actualidad con 38.000 salas de vacunación y acumula una experiencia enorme gracias a campañas de inmunización contra el sarampión, la gripe y fiebre amarilla, entre otras enfermedades. Para poner tan solo un ejemplo, en 2010 este país fue capaz de vacunar a 81 millones de personas contra el H1N1 en tan solo tres meses. Era la época en que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva rondaba el 87% de popularidad. Y Lula, un animal político sin parangones en el continente latinoamericano, se encargó de destacar este detalle en su primer discurso público, el pasado 10 de marzo, después de que el Tribunal Supremo anulase todas sus condenas por corrupción y blanqueo de dinero.

placeholder El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva recibe una dosis de la vacuna contra el covid-19 en Sao Paulo. (Reuters)
El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva recibe una dosis de la vacuna contra el covid-19 en Sao Paulo. (Reuters)

“El Programa Brasileño de Inmunizaciones es reconocido como uno de los mayores del mundo”, destaca Drauzio Varella, uno de los médicos más mediáticos del país. “Tiene más de 45 años de antigüedad y una enorme competencia. Hay que recordar que ha sido capaz de eliminar la viruela y otras enfermedades, de vacunar a 18 millones de niños contra la poliomielitis en un solo día y a 80 millones de personas contra la gripe en 2020”, agrega.

Sin embargo, la realidad en la era de la pandemia es muy diferente. En Brasil no hay suficientes dosis de vacunas contra el covid-19 por la falta de previsión y de diplomacia del Gobierno brasileño. El equipo del presidente Jair Bolsonaro perdió mucho tiempo precioso el año pasado para reservar un bien escaso y deseado en todo el planeta. Varios expertos coinciden: el desastre actual de un país que camina inexorablemente hacia los 400.000 muertos se debe al factor Bolsonaro.

Una serie de errores colosales llevaron a la situación actual. En primer lugar, Brasil apostó durante mucho tiempo por una única vacuna, la que ha sido desarrollada por la farmacéutica AstraZeneca en colaboración con la Universidad de Oxford. Además, durante meses el mandatario brasileño se negó a comprar dosis de la Coronavac, la vacuna de procedencia china que Bolsonaro llamó de forma despectiva “vaChina”, en medio de una disputa política con el gobernador de Sao Paulo, João Dória.

Foto: Jair Bolsonaro. (Reuters)

Este empresario y presentador de televisión ha pasado de la posición de antiguo aliado a ser declarado principal enemigo del mandatario brasileño. En 2018 Dória, que nunca ocultó su aspiración a participar en la carrera presidencial en 2022, surfeó en la ola bolsonarista para llegar a la gobernatura de Sao Paulo. Sin embargo, con la pandemia empezaron las discrepancias sobre las medidas de cuarentena. La lucha de Bolsonaro contra los intentos de los gobernadores de contener los contagios llegó incluso a la Corte Suprema, que en dos ocasiones ha dado la razón a estos últimos.

Al mismo tiempo, el presidente se dedicaba a promocionar un dudoso tratamiento precoz contra el covid, basado en una combinación de hidroxicloroquina y de un vermífugo llamado Invermectina. Son dos medicamentos considerados ineficaces por la comunidad científica e incluso, en el caso de la Invermectina, por el propio fabricante, y que contribuyeron a dar una falsa sensación de inmunidad a una porción de brasileños.

Ante la falta de acción del Gobierno Federal, Dória se adelantó a los acontecimientos y el año pasado anunció la compra de 100 millones de dosis de Coronavac de China. Este centro público de investigación científica, que a partir del segundo semestre, tras realizar la transferencia tecnológica, debería empezar a producir la vacuna integralmente en Brasil, asegura que en julio de 2020 ofreció 160 millones de dosis al Gobierno de Brasil, pero nunca obtuvo una respuesta.

Es más, el pasado mes de octubre Bolsonaro desautorizó al exministro de Sanidad, el general Eduardo Pazuello, que había anunciado la compra de 46 millones de dosis de Coronavac. “He ordenado que sea cancelada”, dijo el presidente. “No compraremos vacuna china", zanjó. Pocos días después, Pazuello fue humillado públicamente y explicó en una bochornosa conexión en directo: “Es así de simple: uno manda y otro obedece”. Palabra de un general de cuatro estrellas que se sometió a un excapitán reformado y acabó defenestrado de su cargo ministerial por incompetencia.

Foto: Felipe Neto, el 'youtuber' que disputa con Bolsonaro el título de más influyente de Brasil.

Bolsonaro tampoco quiso comprar la vacuna de Pfizer. La farmacéutica estadounidense ofreció 70 millones de dosis en agosto, pero el presidente rechazó la propuesta, alegando que es arriesgado aceptar la cláusula del contrato que obliga al Gobierno federal a responsabilizarse por eventuales daños a la salud de la población. En más de una ocasión, Bolsonaro llegó a ironizar sobre los hipotéticos efectos colaterales de las vacunas. “Si te conviertes en un caimán, es tu problema”, dijo a mediados de diciembre. Recientemente, el senador Jorge Kajuru contó en la televisión brasileña que el mandatario dejó al representante de Pfizer esperando 10 horas en el palacio del Planalto y que nunca apareció. La farmacéutica desmintió esta versión.

El resultado es que, desde el mes de enero, cuando empezó la vacunación, varias ciudades tuvieron que interrumpir durante algunos días la vacunación por falta de suministro, entre ellas Río de Janeiro y Curitiba. En las últimas semanas, el Ministerio de Sanidad ha anunciado a bombo y platillo acuerdos con distintas empresas farmacéuticas. Sin embargo, en más de cinco ocasiones se ha visto obligado a rebajar la expectativa de entrega. Actualmente, el 83% de las vacunas aplicadas en todo el país son del Instituto Butantán. Es un gol político del gobernador Dória que Bolsonaro, cuya popularidad está en caída libre, no consigue encajar.

Brasil posee un potencial científico que ha sido desperdiciado por el Gobierno federal. Los dos principales institutos de investigación, el Butantán y la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), tienen capacidad para producir e incluso exportar vacunas a los países en desarrollo. De hecho, el Butantán ha anunciado que dentro de pocos meses podría desarrollar su propia vacuna '100% made in Brazil'. Por su parte, la Fiocruz ya produce 900.000 dosis por día de la vacuna de AstraZeneca y prevé entregar 18,4 millones de dosis hasta el 2 de mayo.

placeholder Protesta por la falta de vacunas en Río de Janeiro. (Reuters)
Protesta por la falta de vacunas en Río de Janeiro. (Reuters)

Cabe destacar que el calendario de vacunación es muy transparente. El país tropical está priorizando al personal sanitario, a los indígenas, a los ancianos por franjas de edad (ya se están vacunando las personas de 60 años) y a los policías. Sin embargo, la ausencia de una eficiente campaña de información está provocando que muchas personas no acudan a la cita para la segunda dosis, algo que preocupa a los epidemiólogos.

Brasil tiene todas las papeletas para ser un ejemplo en el mundo. No debería pasar por esta situación tan dramática”, destaca un médico de Río de Janeiro, que confirma el peor escenario: en varios centros hospitalarios escasean los medicamentos para la intubación. Los pacientes se despiertan y tienen que ser amarrados a las camas para evitar que se arranquen los tubos de la garganta.

El Ministerio de Sanidad ha prometido la distribución de 2,3 millones de fármacos, que están tardando en llegar a los hospitales. El Gobierno federal va a remolque y reacciona tarde y mal a la emergencia. Mientras, los enfermeros tienen que buscarse la vida con medicamentos menos eficientes y que producen más efectos secundarios, lo que multiplica el trabajo de un colectivo que está agotado tras 13 meses de lucha contra el coronavirus. “Es inhumano intubar a los pacientes en estas condiciones”, se quejan los médicos. La situación es tan catastrófica que la Embajada de España va a realizar una donación humanitaria a Brasil de estos medicamentos tan necesarios.

Foto: Cementerio de Vila Formosa en Sao Paulo. (Reuters)

Abril ya ha alcanzado el triste récord del mes más mortífero desde el inicio de la pandemia. En al menos 12 ciudades brasileñas, los fallecimientos por causa del coronavirus superan los nacimientos. Es el caso de Río de Janeiro, que en marzo registró cerca de 36.000 muertes y 32.000 nacimientos, y de Porto Alegre, que tuvo 3.221 muertes y solo 1.509 nacimientos. El Ayuntamiento de Sao Paulo, el más poblado de Brasil y también el que registra más bajas, ha tenido incluso que ampliar el horario de los cementerios con entierros nocturnos. En las cinco horas que esta periodista pasó en Vila Formosa, el camposanto más grande de América Latina, los sepultureros no pararon ni un solo momento. Lo que presenció fue lo más parecido a una cadena de montaje de la muerte.

Frente a esta situación el expresidente Lula, que publicó en sus redes sociales imágenes de su vacunación, ha empezado una campaña internacional para romper las patentes de las vacunas. “Es importante que las patentes sean liberadas y no pertenezcan solo a los laboratorios, y que las vacunas puedan ser financiadas por los países más ricos y así traer la cura para los países pobres de África, Asia y América Latina”, declaró recientemente a una agencia de noticias china.

Algunos líderes africanos ya hablan de “apartheid' de vacunas”. “Depositamos nuestra confianza en las vacunas, pero nos hemos quedado del otro lado. Existe un 'apartheid' de vacunas. En el pasado luchamos contra el 'apartheid' y ahora luchamos de nuevo”, dijo recientemente el presidente de Namibia, Hage Geingob. Datos oficiales muestran que Estados Unidos ha distribuido a su población 15 veces más vacunas que en todo el continente africano.

Por su parte Bolsonaro, de 66 años, se niega a vacunarse, alegando que prefiere dejar su dosis a personas que la necesitan más. En diciembre, antes de subirse al carro de las vacunas por mero oportunismo político, el presidente brasileño llegó a afirmar que no se vacunaría bajo ningún concepto e incluso ridiculizó a quienes le criticaban. “Algunos dicen que estoy dando un pésimo ejemplo. O es imbécil o es idiota (...). Yo ya tuve el virus. Ya tengo anticuerpos. ¿Para qué tomar la vacuna de nuevo?”, cuestionó, ignorando estudios que demuestran que es posible reinfectarse, sobre todo por causa de las variantes que tanto preocupan a la comunidad internacional y que están convirtiendo a Brasil en un paria aislado.

Ahora una Comisión Parlamentaria de Investigación, creada por el Senado tras una decisión vinculante del Supremo, tendrá que apurar si el Gobierno de Bolsonaro cometió crímenes en su gestión de la pandemia. Los analistas políticos no se ponen de acuerdo sobre el resultado de esta comisión. Para algunos, la investigación de los senadores puede culminar en el 'impeachment' de Bolsonaro. Para otros, la lentitud de esta puede redundar en la nada.

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