Una guerra de irrealidad: por qué Rusia ha vuelto a encender el polvorín ucraniano
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La realidad paralela del Kremlin

Una guerra de irrealidad: por qué Rusia ha vuelto a encender el polvorín ucraniano

Moscú cree que Kiev está buscando una solución militar al conflicto de Donbas y que la OTAN y los Estados Unidos están conspirando con Ucrania para retomar Crimea

Foto: El presidente ucraniano, Vladimir Zelensky, visita a las tropas cerca de la zona de conflicto. (EFE)
El presidente ucraniano, Vladimir Zelensky, visita a las tropas cerca de la zona de conflicto. (EFE)

Durante las últimas dos semanas, el despliegue militar ruso cerca de la frontera de Ucrania ha llamado cada vez más la atención de Occidente. A finales de marzo, estos movimientos se estaban produciendo hacia el este, norte y sur del país europeo –incluso a través de la movilización de algunas tropas bielorrusas– pero, la semana pasada, el grueso de la acumulación militar de Rusia se desplazó hacia la península ocupada de Crimea y hacia Krasnodar, región limítrofe con Donbas.

Dado que la situación aún se está desarrollando, existen diversas estimaciones respecto tamaño del despliegue de Rusia, pero queda claro que ha movilizado muchas de las brigadas de maniobra y regimientos pertenecientes al Distrito Militar Sur sobre el terreno, lo cual supone un mínimo de 30 grupos tácticos del batallón ruso. También se han desplegado 16 más de otras regiones del país euroasiático. Esto equivale aproximadamente con la fuerza de las tropas anunciadas por el Estado Mayor ucraniano (en comparación, la fuerza de respuesta rápida de la OTAN busca contar con 30 batallones). Debido a que los despliegues aéreos son mucho más difíciles de rastrear para los civiles, existe poca información disponible sobre los movimientos de la fuerza aérea rusa. Sin embargo, se han registrado aumentos en las actividades aéreas rusas en la región del Báltico durante estas semanas y el Ministerio de Defensa ruso ha declarado que todas las unidades de aviación naval y de la fuerza aérea del Distrito Militar Sur ejercerán tareas operativas comunes. No hay duda de que Rusia está reuniendo una fuerza de asalto capaz de invadir Ucrania. Pero, ¿hasta dónde llegará?

Foto: El Teniente General retirado Ben Hodges. (Reuters)

Un elemento del aparato militar ruso destaca por su ausencia: la ‘Rosgvardia’ (Guardia Nacional). En 2014, cuando Rusia amenazaba con lanzar una invasión a gran escala de Ucrania, un gran número de las unidades predecesoras de la Guardia Nacional (entonces dependientes del Ministerio del Interior) fueron desplegadas junto con unidades militares. La idea era que el Kremlin necesitaría a la Guardia Nacional para establecer un régimen de ocupación en Ucrania y reprimir la resistencia local e irregular contra los invasores rusos. Por lo tanto, sea cual sea el plan de Rusia, actualmente no parece implicar una invasión de Ucrania –como, por ejemplo, conquistar toda la región al este del Dnepr, a la cual los medios de propaganda rusos se refieren como 'Novorossiya' (Nueva Rusia)–.

Sin embargo, es plausible –e incluso probable– que Rusia emprenda otras formas más limitadas de escalada para alterar el tablero de juego de la guerra ucraniana. Hay varias razones para ello. En primer lugar, la escalada podría proporcionar a Moscú un pretexto para desplegar formalmente "fuerzas de paz" o mejorar los lazos diplomáticos con las repúblicas separatistas del este de Ucrania, alterando así los términos de la disputa legal sobre la guerra de Donbas. Incluso en el caso de una provocación limitada por parte del Kremlin en Donbas, los despliegues masivos de tropas rusas en los flancos derribarían las reservas ucranianas que protegen el interior, impidiendo que Kiev reaccione con mano dura.

En segundo lugar, la escalada limitada en Crimea para capturar un pequeño terreno que conecta la península con el resto del territorio ucraniano –una operación justificada formalmente por la falta de suministro de agua en la península, pero, en la práctica, diseñada para aumentar la vulnerabilidad militar de Kiev– está dentro del reino de posibilidades. El reciente despliegue de lanchas de desembarco desde el Mar Caspio hasta el Mar Negro apunta hacia esa posibilidad, así como el aumento desenfrenado de la propaganda rusa contra Ucrania.

En cualquier caso, Moscú considera que los esfuerzos por mostrar la vulnerabilidad militar ucraniana son valiosos a la hora de conseguir que Kiev haga concesiones. El Kremlin exige que el Gobierno ucraniano cumpla el Acuerdo de Minsk en sus términos –integrando las repúblicas rebeldes en Ucrania en su estado actual, proporcionando así a Rusia un veto permanente sobre la política interna de Kiev–. Desde el comienzo de la guerra, Moscú no ha estado dispuesto a aceptar otro tipo de compromiso. Pero ni Ucrania ni Occidente han indicado disposición alguna a aceptar los términos de Moscú. Por el contrario, el presidente estadounidense, Joe Biden, utilizó su primera llamada con su homólogo ruso, Vladimir Putin, para afirmar claramente que la soberanía de Ucrania no está en venta. Ahora, Putin parece estar probando si esta promesa seguirá siendo cierta después de que suba el precio.

Sin embargo, más allá de la simple provocación, existe una preocupante motivación detrás de las maniobras rusas. Las acusaciones del Kremlin de que Kiev está buscando una solución militar al conflicto de Donbas y de que la OTAN y los Estados Unidos están conspirando con Ucrania para retomar Crimea no son meras herramientas de propaganda. Gran parte del aparato político de Moscú, especialmente los servicios de inteligencia, creen sinceramente en estas acusaciones. Por lo tanto, Moscú está utilizando al ejército para prevenir una escalada que, en realidad, nadie en Kiev está planeando.

placeholder El presidente ucraniano, Vladimir Zelenksy. (EFE)
El presidente ucraniano, Vladimir Zelenksy. (EFE)

Irónicamente, en 2019, el presidente ucraniano Vladimir Zelensky impuso restricciones adicionales a su propio ejército para que no lograra ni siquiera avances mínimos en Donbás (aunque ganó algunas escaramuzas menores entre 2016 y 2018, avanzando la línea del frente 50 metros aquí y allá). A su vez, fue mucho más comunicativo que su predecesor, Petro Poroshenko, en las negociaciones sobre la desmilitarización y la separación de tropas, con la esperanza de garantizar a Moscú de que Kiev no quería desafiar el statu quo militar. Por la misma razón, Zelensky nombró a Andriy Yermak, una de las figuras más prorrusas de su equipo, como enviado especial para las negociaciones con Rusia y más adelante incluso lo ascendió a jefe de la administración presidencial, con el objetivo deeliminar posibles obstáculos a la comunicación directa entre el Kremlin y su oficina. El mandatario también acordó en 2019 incluir a Vladimir Tsemakh, un testigo clave en el incidente del MH17, en un intercambio de prisioneros con Moscú, con el objetivo de salvar a Rusia de la humillación de la investigación holandesa sobre el caso. Estos pasos resultaron entonces muy polémicos en Kiev, pero Zelensky los consideró necesarios.

Ucrania no obtuvo nada a cambio. El presidente señaló recientemente su descontento con la falta de voluntad de Moscú de moverse ni un centímetro en estos temas y sancionó al aliado más confiable de Putin en Ucrania, Viktor Medvedchuk. Aunque hay pocas posibilidades de que figuras prorrusa como Medvedchuk o Yuriy Boyko puedan ganar alguna elección nacional ucraniana, el Kremlin todavía cree que son una fuerza política creíble, una de sus muchas interpretaciones fundamentalmente erróneas de la política ucraniana. Por lo tanto, Putin se sintió privado de una "opción política" para Kiev que nunca había existido realmente.

En respuesta a las recientes amenazas militares de Moscú, Zelensky ha incrementado sus esfuerzos para presionar por la membresía en la OTAN y ha descartado cualquier regreso de las negociaciones físicas en Minsk, dado que Bielorrusia ya no es neutral en el conflicto. Este último movimiento se había esperado ampliamente desde agosto, cuando Moscú comenzó a fortalecer su control sobre el régimen de Aleksandr Lukashenko tras las protestas contra la elección presidencial fraudulenta en Bielorrusia.

Foto: Vladimir Putin, en una imagen de archivo de 2019, asistiendo a las maniobras del ejército ruso. (EFE)

Zelensky fue, realistamente, el político más conciliador que Moscú podría haber esperado al frente de presidencia de Ucrania. Ahora, el Kremlin ha empujado a Zelensky hacia una postura similar a la de Poroshenko.

Los gobiernos europeos aún tienen que aprender las lecciones de esta confrontación. La realidad alternativa en la que vive el Kremlin, basada en fantasías como la alianza de la OTAN y Ucrania para conquistar Crimea, se está volviendo cada vez más peligrosa. No ha habido ningún esfuerzo militar ucraniano que justifique las operaciones que Rusia está llevando a cabo ahora en la fronteras. Si bien los temores del Kremlin se basan en ilusiones, cree que estas ilusiones le dan derecho a realizar acciones ofensivas reales. Aparte de Estados Unidos y Reino Unido, los países occidentales han sido increíblemente lentos y cautelosos en sus críticas al comportamiento reciente de Moscú. Por el bien de su propia seguridad, Europa debe dejar claro a Putin que no aceptará los delirios rusos sobre las intenciones de otros estados como casus belli. Los líderes europeos deben denunciar públicamente las acusaciones rusas contra Kiev y Occidente y utilizar todo el conjunto de herramientas de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) para desacreditar los argumentos del Kremlin y dejar claro que se tratan de pura ficción. La pasividad diplomática, la indiferencia y la equidistancia solo envalentonarán al Kremlin para llevar su irrealidad hasta nuevos límites y actuar en consecuencia.

Cuanto más vulnerables son los vecinos de Rusia, más eficaz se vuelven sus exhibiciones de músculo militar. Pero fortalecer su capacidad de defensa y aumentar los costos del aventurerismo militar ruso es un esfuerzo a largo plazo que los europeos no pueden lograr de la noche a la mañana en una crisis en la que, de repente, se han dado cuenta de que deberían haber actuado mucho antes. Hay muchas propuestas sobre cómo la Unión Europea puede fortalecer la resiliencia de sus socios orientales. Solo necesita actuar al respecto.

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