EEUU pide hacer más tests

Contra el criterio científico, algunos estados de EEUU empiezan a reabrir sus economías

Por primera vez en varias semanas, el presidente Donald Trump no ha comparecido para detallar la lucha de su gobierno contra la pandemia

Foto: Protesta contra la decisión del gobernador de Georgia de abrir negocios como las peluquerías. (EFE)
Protesta contra la decisión del gobernador de Georgia de abrir negocios como las peluquerías. (EFE)

Por primera vez en varias semanas, el presidente Donald Trump no ha comparecido para detallar la lucha de su gobierno contra la pandemia, que en Estados Unidos se acerca al millón de casos confirmados y a los 60.000 fallecidos. El republicano ha acusado a los periodistas de hacer “preguntas hostiles” y de “negarse a comunicar la verdad”, y ha cancelado su rueda de prensa diaria. La decisión del presidente se produce dos días después de que sugiriese inyectar desinfectante a los enfermos de covid-19. Unas palabras que han sido motivo de crítica y mofa en todo el mundo.

La polémica puede tener diferentes orígenes. Según The Guardian, el autoproclamado “arzobispo” de la iglesia Génesis II, Mark Grenon, envió una misiva a la Casa Blanca recomendando dióxido de cloro para curar el covid-19. Grenon encabeza una organización que produce y vende este producto como una “solución mineral milagrosa”. Un género que mataría “el 99% de los patógenos del cuerpo” y que sería útil tanto para tratar el covid-19 como para el cáncer, el sida o el autismo. Se ha demostrado varias veces que las actividades de Grenon son un fraude.

Al mismo tiempo, un estudio del Departamento de Seguridad Interior, presentado el día antes de la comparecencia de Trump, afirmaba que “desinfectantes de uso común” destruyen al virus. “Lo que veo es que el desinfectante, que mata (al virus) en un minuto, ¡en un minuto! Igual hay una manera de hacer algo así inyectándolo en el interior, casi como una limpieza”, declaró el presidente.

En las 24 horas siguientes a su rueda de prensa, los servicios de emergencia del estado de Maryland recibieron más de 100 llamadas de personas que habían ingerido desinfectantes para tratarse el covid-19. En Nueva York hubo también 30 casos de ingestión de diversos productos de limpieza del hogar. En 18 horas.

El episodio ha acelerado las presiones internas de su administración. Varias fuentes consultadas por diferentes medios alegan que los asesores del presidente llevan tiempo pidiéndole que limite sus apariciones, que haga como otros políticos: que se reserve para las victorias y las buenas noticias. Si no, corre el peligro de desgastarse de cara a las elecciones presidenciales. La popularidad del presidente ha bajado en las últimas semanas, incluido en los estados que se puede permitir perder.

Cómo abrir los estados

Mientras, el país continúa estudiando, a varias velocidades, el calendario y las condiciones de la reapertura económica. Cada estado lleva su ritmo, pero la prioridad común es aumentar el número de pruebas de coronavirus: la única manera, según los epidemiólogos, de seguirle la pista y de aislar posibles focos de contagio.

La semana pasada se hicieron 1,2 millones de pruebas en todo el país: seis veces más que en la misma semana del mes anterior. Sin embargo, el doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, dice que se necesitan al menos el doble para poder empezar a reabrir la economía. Pero la producción y el acceso a estas pruebas siguen siendo complicados.

Algunos laboratorios se niegan a comprar equipamientos para producir tests en masa, ya que nadie les garantiza hasta cuándo tendrán demanda. El testeo se deja pues en manos del mercado y el Gobierno rechaza, de momento, a nacionalizar las cadenas de producción de equipos médicos. Otros laboratorios producen tests, pero tienen que importar los bastoncillos que se usan para tomar la muestra del paciente. O hay tests suficientes, pero falta personal, o equipos para proteger al personal.

El paso en falso de Georgia

Así que los estados tratan de aumentar el número de pruebas, con diferente éxito. En Nueva York hay 28 laboratorios autorizados para producir el test y el gobierno estatal quiere llegar a hacer 40.000 pruebas diarias. Las farmacias, poco a poco, también empiezan a colaborar. En Georgia, donde los negocios no esenciales pueden reabrir desde el pasado viernes, se hacen 7.200 tests diarios. Una cifra a todas luces insuficiente, según diferentes estudios epidemiológicos.

El gobernador del estado sureño, el republicano Brian Kemp, fue de los últimos en decretar el confinamiento: lo hizo el 3 de abril. Ahora es el primero que reabre la economía, aunque su decreto obliga a respetar normas de limpieza y distanciamiento social. El propio presidente Donald Trump, que ha simpatizado con la idea de volver a la normalidad antes de lo que recomiendan los expertos de su administración, declaró que Georgia debería de ir más “lentamente”.

Diferentes crónicas recogen que este fin de semana ya había peluquerías y gimnasios abiertos en ciudades como Atlanta o Macon. A partir de hoy podrán operar los cines, los restaurantes y las boleras, entre otros negocios. Sin embargo, la alcaldesa de Atlanta, la demócrata Keisha Lance Bottoms, considera el decreto del gobernador “inaceptable” y ha llamado a sus vecinos a que permanezcan en sus casas. “Escuchen a los científicos. No hay nada esencial en ir a jugar a los bolos o en hacerse la manicura en medio de una pandemia”, dijo al canal ABC.

De los 50 estados, siete no llegaron a decretar el confinamiento: todos ellos rurales. Pero el virus se abre camino en su territorio. Hasta finales de marzo, el 80% de los condados de EEUU más afectados por la pandemia tenían grandes núcleos urbanos, según un estudio de Brookings Institution. Ahora más de la mitad de los condados más afectados son rurales. El virus ha llegado al territorio del trumpismo.

Más de la mitad de los condados más afectados son rurales. El virus ha llegado al territorio del trumpismo.

Tras cinco semanas de confinamiento, en Nueva York la disciplina se resiente, aunque nunca fue demasiado alta. Las llamadas para quejarse de los vecinos, según The New York Times, se han multiplicado: quejas sobre el volumen de la música o la televisión, quejas sobre personas que no respetan el distanciamiento.

La baja moral se nota en la calle. Este sábado brillaba el sol y cinco amigos compartían una pizza sobre el capó de un coche en Flatbush Avenue, en Brooklyn. El parque de al lado, Prospect Park, estaba lleno. La autorización para hacer ejercicio se usa ampliamente: hay corredores solitarios y también familias enteras con sus niños en triciclo, llenando la aceras. En el portal de una casa, un hombre tosía con todas sus fuerzas, esparciendo su virus al viento como si fueran las cenizas de un fallecido.

Las medidas de confinamiento durarán por lo menos hasta el 15 de mayo. A partir de entonces se inciará la “fase uno” de la reapertura, en palabras del gobernador, Andrew Cuomo. La fase uno se aplicará en aquellas regiones que hayan visto 14 días consecutivos de descenso en los contagios. Los negocios que pueden reabrir, por ejemplo del sector manufacturero y de la construcción, tendrán que seguir unas recomendaciones de limpieza y seguridad específicas. Dos semanas más tarde, a tenor de las circunstancias, empezaría la fase dos de la reapertura.

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