RÉCORD MUNDIAL DE MUERTES

Caos y esperanza en el epicentro del virus: la Casa Blanca sabía lo que iba a pasar en enero

En la ciudad de Nueva York, además de estos fallecimientos, están muriendo diariamente, en sus casas, más de 200 personas

Foto: Una médico saludando a su hija en su casa de Nueva York. (Reuters)
Una médico saludando a su hija en su casa de Nueva York. (Reuters)

La curva de la pandemia en Estados Unidos continúa disparada, con más de medio millón de casos confirmados de Covid-19 y un récord mundial de personas fallecidas: camino de 22.000. Del Pacífico al Atlántico y del campo a la ciudad, el país discurre por la cima de la curva. Un terrible proceso que, sin embargo, empieza ya a mostrar discretos puntos de luz. Sobre todo en el epicentro de la crisis, Nueva York.

La Gran Manzana terminó la semana pasada con la triste imagen de una fosa común en la Isla de Hart, al norte de la ciudad. El lugar al que, desde hace 150 años, han ido a parar los cuerpos que nadie reclama o que no pueden pagarse un entierro. Este ha sido el caso de varias víctimas del Covid-19: los enterramientos han pasado de dos docenas semanales a dos docenas diarias, dado que tanto las morgues como las funerarias y los cementerios se han quedado sin espacio o no dan abasto.

Las muertes en el estado rondan las 750-800 al día, y solo son las estimaciones del Gobierno estatal (muertos en los hospitales). En la ciudad de Nueva York, además de estos fallecimientos, están muriendo diariamente, en sus casas, más de 200 personas, un número ocho veces mayor del habitual.

Nueva York llega a su meseta

Sin embargo, varios datos apuntan a que el ritmo de contagio bajando: el número de ingresos diarios en hospitales sigue descendiendo desde hace una semana. También están cayendo los ingresos en unidades de cuidados intensivos. En palabras del gobernador del estado, Andrew Cuomo, la curva de la pandemia, después de subir, ha entrado en una fase de “meseta”. Se ha estabilizado.

El director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, el Dr. Anthony Fauci, también ha resaltado estas señales positivas y ha tanteado una “reapertura progresiva” del país en mayo. “Debemos de asegurarnos de que no hacemos algo de manera precipitada y prematura. Al mismo tiempo, prestemos atención e intentemos volver a la normalidad”, declaró en la CNN. Aún así, alertó de una posible segunda ola de contagios: “Siempre está la posibilidad, a medida que entramos en el otoño y el comienzo del invierno, de que veamos un repunte”.

La prensa continúa aclarando el proceso de toma de decisiones de la Casa Blanca respecto a la pandemia. Una investigación de 'The New York Times', firmada por seis de sus periodistas estrella, detalló la cronología de advertencias al presidente por parte de varias agencias del Gobierno. A principios de enero, el Consejo de Seguridad Nacional predijo que el virus se propagaría por Estados Unidos. A finales de ese mes, con varios infectados en territorio americano, un memorándum interno advertía sobre la posibilidad de tener hasta medio millón de muertos por Covid-19.

Una cadena de correos entre varios expertos médicos ligados a la administración discutía la gravedad del riesgo. “Estoy viendo comentarios de gente preguntando por qué la OMS y la CDC (Centro de Control y Prevención de Enfermedades) parecen estar quitándole importancia a esto”, decía en un correo Carter Mecher, asesor médico del Departamento de Asuntos de los Veteranos. “Lo mire por donde lo mire, esto tiene muy mala pinta”. Lo escribía un 28 de enero.

Una "mala temporada de gripe"

Un especialista en enfermedades infecciosas, James Lawler, ironizaba sobre las grandes subestimaciones de la historia. “Pompeya: una pequeña tormenta de polvo”, decía. “Hiroshima: una mala ola de calor. Wuhan: solo una mala temporada de gripe”. A finales de febrero, todas las agencias y expertos médicos del Gobierno de Estados Unidos estaban ya convencidos del inminente peligro de pandemia. Pero tardaron tres semanas enteras en convencer al presidente.

En los condados rurales el contagio va más lento, pero las poblaciones son más vulnerables y los hospitales están más dispersos

Algunos estados siguen sin imponer el confinamiento. En Arkansas solo se han prohibido las reuniones de más de 10 personas y el gobernador, Asa Hutchinson, dio permiso a las iglesias para que celebrasen el domingo de pascua. El republicano aseguró que los feligreses respetarían la distancia física “con mucho cuidado”. A finales de marzo, 34 personas se contagiaron durante un evento en una iglesia del estado. “Quizás ustedes dieron por sentado que los ocurriría, como hice yo”, reconoció el pastor. En Arkansas hay 1.200 casos confirmados y más de 20 muertos.

En los condados rurales, más desconectados de los viajes internacionales y de los epicentros urbanos de la pandemia, el contagio va más lento, pero las poblaciones son más vulnerables y los hospitales están más dispersos y peor equipados. También tienen dificultades las fuerzas del orden público, escasas y en primera línea del virus. Algunos pueblos dependen de apenas un puñado de agentes que, además, hacen las veces de bomberos.

El dolor económico también se expande por el país. En Nueva York las organizaciones caritativas estiran al máximo sus capacidades para socorrer y dar de comer a una cantidad de población sin precedentes en las últimas décadas. En torno a un tercio de los habitantes no pagaron el alquiler de abril y una cantidad difícil de precisar, dado que los servicios públicos están saturados, ha perdido el empleo.

De los aproximadamente 150 millones de trabajos en Estados Unidos, la tercera parte es especialmente vulnerable a los despidos o recortes de salario como consecuencia de la pandemia. El 86% de estos empleos tienen nóminas inferiores a 40.000 dólares anuales: es decir, son posiciones de clase trabajadora.

Hasta el mundo onírico se resiente. El blog ‘I dream of Covid’ (“Sueño con el Covid”) está recibiendo los sueños que anotan lectores de todo el mundo, todos ellos vívidos y relacionados con la pandemia. Según los expertos consultados por Vox.com, se trata de una época dorada para los estudiosos del mundo de los sueños. Un momento en el que se mezclan, sobre todo, dos factores: la capacidad de dormir más durante el confinamiento, lo que posibilita un sueño más profundo, y el hecho de que pasemos por una fase de caos e inseguridad. El cerebro estaría preparando nuestro subconsciente para afrontar un futuro incierto.

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