ENTRE LA PROPAGANDA Y LA EFICACIA

¿Solo 3.305 muertos en China? Las cifras de la discordia que pueden hundir a Pekín

Se han generado todo tipo de conjeturas y cálculos en medios y redes sociales, alimentando a los escépticos que ponen en duda las estadísticas oficiales de China. ¿Cuánto hay de verdad?

Foto: Xi Jinping. (Reuters)
Xi Jinping. (Reuters)

3.305. Esa es la cifra exacta de muertos que China registra —hasta la fecha— por la epidemia del nuevo coronavirus. Menos que Italia (12.428), España (9.503) o Francia (3.523), países en los que el pico de víctimas todavía está por llegar. Y esto no es nada comparado con Estados Unidos, donde se calcula que los fallecidos podrían superar los 200.000 —desde los 3.600 actuales—. Hasta aquí, los datos oficiales replicados en los medios, utilizados por los científicos y validados por la Organización Mundial de la Salud. Pero no son los únicos.

Entramos ahora en el resbaladizo ámbito de las especulaciones y de las estadísticas chinas. La semana pasada, la revista 'Caixin', uno de los medios más respetados de China continental y con una destacada cobertura de la crisis sanitaria del Covid-19, publicó fotos de cientos de urnas apiladas en uno de los crematorios de Wuhan, la ciudad de 11 millones de habitantes donde se originó la pandemia.

El conductor del camión de reparto declaró al medio haber entregado 5.000 urnas en dos días solo para ese crematorio del distrito de Hankow, uno de los ocho que hay en la ciudad donde se registraron 2.535 fallecidos por Covid-19 —el 70% de los casos en China continental—. Estos días, miles de residentes peregrinan por las morgues en búsqueda de los restos de sus seres queridos. En algunas, la gente puede esperar en las colas hasta seis horas.

El ruido de la propaganda

A raíz de este episodio se han generado todo tipo de conjeturas y cálculos en medios y redes, alimentando a los escépticos que ponen en duda las estadísticas oficiales. Especialmente considerando el colapsado sistema sanitario de Wuhan, los intentos de las autoridades por encubrir el brote en sus inicios y las discutidas revisiones sobre cómo se computan los casos positivos.

"Nadie sabe lo que ocurre en China, ni siquiera los propios chinos", ironizaba hace un par de años el corresponsal de 'Foreign Policy' en China, James Palmer. ¿El motivo? Unas estadísticas muy poco fiables. Desde un PIB inflado todos los años hasta el reciente dato de que en febrero “ninguna” compañía tuvo pérdidas según las cuentas presentadas. Como dijo en su día con una sonrisa de oreja a oreja el por entonces viceprimer ministro chino, Li Keqiang, al embajador estadounidense del país asiático, Clark Randt, las estadísticas oficiales en China tan solo sirven para hacerse una idea general.

En este escenario de incertidumbre, propaganda y opacidad las especulaciones vuelan. Un artículo de Radio Free Asia, un medio financiado por Estados Unidos y acusado de hacer contrapropaganda en China, se atrevía a estimar que la cifra de fallecidos podría estar entre 42.000 y 47.000, basándose en dudosos datos sobre hornos activos y capacidad de incineración de los crematorios de la ciudad trabajando las 24 horas. Aun restándole aquellos fallecidos por causas ajenas al coronavirus durante la cuarentena —cifra que, con la tasa de mortalidad china del 0,7% supondría unos 13.000 muertos—, el dato sería 10 veces superior al oficial.

No es la primera vez durante la crisis que la cifra de muertos oficial de China se pone en duda, aunque sea con informaciones poco contrastadas. Todavía hoy algunos creen que un supuesto aumento anormal de los niveles de sulfuro en la atmósfera de Wuhan eran un indicio de cremaciones en masa, algo que ha sido desmentido por varios medios especializados.

También se han hecho elucubraciones con los 21 millones de líneas móviles que dejaron de operar durante la epidemia. El dato ha sido esgrimido por algunos medios críticos con Pekín como otra evidencia de su subestimación en la cifra de fallecidos, pese a que puede haber varias explicaciones detrás de esta caída —desde cancelación de líneas por motivos económicos a la paralización del trabajo de los migrantes—.

“Estas informaciones hay que enmarcarlas en la batalla que se está dando por la narrativa del coronavirus. Estamos ante una competencia geoestratégica entre China y Estados Unidos y nada de esto es inocente, persiguen influencia y efectos políticos. Así que es factible la manipulación de un lado y del otro”, explica Mario Esteban, investigador del Real Instituto Elcano y profesor del Centro de Estudios de Asia Oriental de la Universidad Autónoma de Madrid.

Buscando culpables

El control sobre el relato de la epidemia va más allá de ser una mera cuestión de prestigio internacional. Pocos gobiernos pueden presumir de una reacción modélica ante una amenaza cuyo impacto habían subestimado. Una vez que pase el terror de la enfermedad y sea eclipsado por el miedo a la recesión, la opinión pública global exigirá responsabilidades. Y muchos aprovecharán esa situación para fijar su agenda política y evitar que el dedo acusador les apunte a ellos. Y si se instala en la percepción pública que China engañó al mundo, habrá consecuencias.

El 'Daily Mail' británico informó esta semana que en Downing Street estarían furiosos con la campaña de desinformación de China y sus intentos por explotar económicamente la pandemia. Según el diario británico, crecen las presiones sobre el primer ministro, Boris Johnson, para que reconsidere su discutida decisión de permitir a Huawei levantar partes de la nueva red nacional 5G, poniendo en vilo un negocio multimillonario de alta sensibilidad diplomática.

Algo similar sucede en Estados Unidos, donde estos titulares dan argumentos a los que piden que siga la “mano dura” contra China que abandera Donald Trump, quien llegó a desatar una guerra comercial abierta contra Pekín que ha costado millones de dólares a ambas potencias.

“Una sola morgue en Wuhan supuestamente ha encargado más urnas en dos días que todas las muertes reportadas por el Partido Comunista Chino en todo el país”, tuiteó el fin de semana, el senador republicano Tom Cotton, haciéndose eco de la historia de las urnas de Wuhan. “Estoy seguro de que están sorprendidos por ver evidencias de mentiras chinas”.

Encajar el relato

En realidad, es prácticamente imposible saber si estas cifras son ciertas. El hermetismo chino impide una fiscalización independiente de la gestión de la crisis. La agencia Bloomberg llegó a llamar a los ocho crematorios sin obtener ni una sola cifra. Todo se centraliza en Pekín. El medio 'South China Morning Post' contactó con la Oficina de Asuntos Públicos de Wuhan, donde un funcionario les dijo que la información sobre fallecidos se publicaría la segunda semana de junio con las estadísticas oficiales de la ciudad y que no hay planes para alterar esa fecha.

Según una investigación de SCMP, los primeros casos de coronavirus se habrían dado en Wuhan a mediados noviembre de 2019, pese a que no fue reconocido por las autoridades hasta el 31 de diciembre, una vez que la enfermedad se había expandido.

Pero las cifras oficiales tampoco zanjarán de forma definitiva el asunto. Medios asiáticos recogen testimonios de familiares de las víctimas que aseguran que sus parientes murieron en sus hogares, sin llegar a ser diagnosticados —por lo que no contarán como fallecidos por Covid-19—, mientras que una eventual subida de las muertes puede ser justificada como un efecto colateral del colapso de los hospitales de la ciudad. Al fin y al cabo, la mayoría de los fallecidos suelen presentar una o más dolencias previas.

“Hemos visto incluso en Europa lo difícil que es lograr una valoración precisa de las infecciones, los test y las tasas de mortalidad”, valora Janka Oertel, analista especializada en Asia del European Council on Foreign Relations. “Pero al Gobierno chino no le interesa la plena transparencia. Al final los hechos tendrán que encajar en la historia”.

Una mujer con mascarilla pasa por delante de un mural con la imagen de Xi Jinping. (Reuters)
Una mujer con mascarilla pasa por delante de un mural con la imagen de Xi Jinping. (Reuters)

¡Victoria! ¿Victoria?

Y ‘la historia’ es que China ya ha vencido al virus. Las cinco víctimas fatales más recientes reportadas fueron el pasado domingo y, desde entonces, el contador no se ha movido. El país asegura que la transmisión local ha caído a cero y que los últimos contagios se deben a casos asintomáticos o importados —motivo por el que el pasado fin de semana cerró sus fronteras a los extranjeros para evitar rebrotes—.

El propio jefe del Consejo Estatal, Li Keqiang, instó públicamente a los cuadros del partido y demás funcionarios a ser “abiertos y transparentes” a la hora de informar sobre la epidemia. “Esto significa que todos los nuevos casos deben ser informados en cuanto sean descubiertos. No debéis esconder o minimizar”, dijo durante una reunión política.

En el imaginario colectivo se quedó esa dramática visita de la viceprimer ministra china, Sun Chunlan, a un residencial barrio de la ciudad de Wuhan para inspeccionar las medidas de la brutal cuarentena. Desde las ventanas, algunos residentes gritaban a su paso “¡mentira, todo es falso!”. “¡Formalismo!”, se escucha a algún vecino vociferar de fondo, un término peyorativo para criticar a los funcionarios que toman medidas de cara a la galería y a los que muchos responsabilizan porque el brote se saliera de control en un primer momento.

Pero esta cifra también es rebatida por varios comentaristas y medios, asegurando que “cero infecciones” es demasiado bueno para ser verdad y que China estaría minimizando el potencial impacto de las personas asintomáticas —que no serían sumadas como contagios oficiales hasta que no desarrollen síntomas—. “No es posible saber en este momento si la transmisión del virus se ha detenido”, reconoció un miembro del equipo de prevención y control de infecciones en Wuhan a la revista 'Caixin' esta semana.

El liderazgo de Xi, ¿amenazado?

Pese a las dudas y los escándalos de estos meses, la crisis sanitaria podría parecer un desafío superado para el presidente chino, Xi Jinping. El país está tratando ahora de arrancar de nuevo su economía y restaurar la normalidad, cuyo paso definitivo será el levantamiento de la cuarentena en Wuhan el próximo 8 de abril.

Xi sabe que cualquier paso en falso podría poner en duda su liderazgo dentro del Partido Comunista Chino. En este último mes, de hecho, ha habido alguna salida de tono —rápidamente apaciguada— en sus filas, como la de Ren Zhiqiang, disidente del Partido Comunista, que supuestamente escribió un artículo titulado: “Levantamiento de armas oficial contra Xi: el payaso que insiste en llevar la ropa nueva del emperador”.

El artículo atribuido a Ren empezó a circular por Twitter y por medios occidentales a principios de marzo. Durante varios días, ni su familia ni sus amigos supieron nada de él. Finalmente, tal y como relata 'Asia Times', parece que “Ren está encarcelado en una prisión secreta en un suburbio de Pekín y podría estar encerrado más de 15 años por "reincidente” y cargar contra el mandatario chino. Estos ataques, como apunta el periódico, hacen más daño a Xi que cualquier latigazo occidental.

Sin embargo, que cada cierto tiempo surja oposición o críticas en las filas del Partido Comunista no quiere decir que Xi Jinping deba temer por su silla. Otra cosa es el rumor en las calles. “China es un régimen autoritario, pero eso no implica que no exista un respaldo popular. ¿Por qué? Porque están razonablemente satisfechos con el contrato social en China: autoridades políticas que ofrecen oportunidades de desarrollo socioeconómico y a cambio ceden libertades civiles y derechos políticos”, añade Esteban. “Pero el Partido tiene que hacer su parte. Lo que les preocupa ahora es la gestión económica de la crisis porque podría tener efectos políticos profundos”.

Así que, más allá de la narrativa global, los juegos de poder y las especulaciones, en Pekín ya están inmersos en el próximo capítulo del Covid-19. Uno que va a ser tan o más complicado de manejar como el propio virus.

“El impacto en la economía china es real y las herramientas que tienen sus líderes son limitadas. La demanda global está hundida. Para una economía orientada a las exportaciones, esto creará dificultades”, afirma Janka Oertel. “Está por ver que esto se traduzca en un debilitamiento del liderazgo de Xi Jinping. Lo que es seguro es una cosa: vienen meses críticos para la recuperación china”.

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