¿TAMBORES DE GUERRA?

Tropas y misiles: la vuelta de las FARC tensa la frontera entre Venezuela y Colombia

Duque denunciará a Maduro ante la ONU por amparar a los disidentes y el mandatario venezolano lo acusa de montar un “falso positivo” y asegura que Venezuela "se respeta"

Foto: Varios integrantes de las Fuerzas Armadas venezolanas en una imagen de archivo. (Reuters)
Varios integrantes de las Fuerzas Armadas venezolanas en una imagen de archivo. (Reuters)

La ruptura con los acuerdos de paz que hace unos días hizo una facción disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ha provocado no solo el revuelo e incertidumbre en Colombia, sino también un nuevo choque con el país vecino. Cuando Iván Márquez, líder de la facción, anunció que volvían a las armas, se sospechó que el vídeo se hacía desde Venezuela. El presidente Iván Duque ha dicho que denunciará a Venezuela ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Consejo de Seguridad de la ONU. La respuesta de su homólogo Nicolás Maduro ha sido militarizar la frontera. Las denuncias de que distintos grupos guerrilleros se guarecen y actúan en territorio venezolano no son nuevas, pero el escenario es más inestable y las relaciones entre ambos Gobiernos, tensas.

Desde hace años son constantes las denuncias de presencia de la guerrilla colombiana del lado venezolano. Principalmente, las denuncias señalaban al Ejército de Liberación Nacional (ELN), Ejército Popular de Liberación (EPL) y algunos grupos de las FARC en los estados fronterizos de Apure, Zulia y Táchira y, más adelante, en Amazonas y Bolívar.

Pero tras el Acuerdo de Paz de 2016 firmado en 2016 –donde Venezuela es uno de los veedores del proceso–, denuncian que quienes no se desmovilizaron, migraron a Venezuela. “Hay actividad de estos grupos irregulares en al menos 17 estados de Venezuela. En unos están instalados y tienen más influencia y operatividad, en la frontera, a otros se están acercando (como Mérida y Barinas) y en otros tienen operaciones y presencia”, afirma Javier Tarazona, director de FundaRedes, ONG que desde hace años realiza informes sobre la situación de la guerrilla en la frontera.

Cuando una facción de las FARC, aún por determinar con cuánto apoyo, se decantó por tomar de nuevo las armas, desde el Gobierno de Iván Duque se dijo que Iván Márquez y los suyos estaban en Venezuela. A partir de eso, la escalada verbal –y no tan verbal– ha tomado cuerpo. Duque dice que solicitará ayuda a Interpol y llevará el caso a Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y a la Organización de Estados Americanos (OEA). “Lo que ha hecho la dictadura de Nicolás Maduro auspiciando y protegiendo a terroristas es lo mismo que hizo el régimen talibán con Al Qaeda”, señaló. Colombia es uno de los gobiernos que reconoció a Juan Guaidó, el líder opositor, como presidente encargado de Venezuela.

Alerta naranja: tropas y misiles

Maduro ha tomado el gesto como un ataque más que dialéctico y considera factible que Duque entre a Venezuela en busca de los disidentes. Así, en Venezuela se ha declarado la alerta naranja, es decir, que la Fuerza Armada está prevenida y alerta por si en cualquier momento debe tomar las armas. 24 horas después de este anuncio, Maduro intervenía de nuevo en cadena nacional para dar un paso más: la activación del “sistema misilístico” de defensa antiaérea, terrestre, blindada.

Maduro, que se ha referido a Duque como “sub presidente” (porque lo considera un títere de Álvaro Uribe), ha dicho que éste “tiene un plan de provocación, quiere un falso positivo para el mes de septiembre, quiere agredir territorio venezolano”. Y lo ha acusado de querer armar un “show' político barato a costa de un conflicto armado” que, argumenta, Colombia tiene hace 70 años.

Hay antecedentes para que ambas partes desconfíen entre ellas. Por un lado, en 2008, el ejército colombiano –bajo el mandato de Álvaro Uribe–, bombardeó un campamento guerrillero en Ecuador, sin consentimiento del entonces presidente Rafael Correa. El número dos de las FARC, Raúl Reyes, y una veintena de guerrilleros murió.

Esto a su vez propició que Hugo Chávez rompiera relaciones con Colombia. Uribe lo acusó de tener vínculos con la guerrilla y con actividades ilícitas. La acusación se sostuvo tras analizar distintos documentos del ordenador de Raúl Reyes. En ellos se habla de la relación de Chávez con áquel, y de su simpatía con la guerrilla colombiana, a la que supuestamente financió y armó.

Luego, tanto Chávez como su sucesor apoyaron un proceso de paz auspiciado por Juan Manuel Santos. Incluso, Maduro acudió a Cartagena para el acto de firma. La luna de miel terminó cuando en agosto de 2018 hubo un intento de atentado contra Maduro con un dron. Se señaló como responsable a Santos. Hace unos días, unas declaraciones de Maduro no sentaron bien en Colombia. Dijo que Iván Márquez y Jesús Santrich –otro líder de la guerrilla ahora disidente y que aparece en el vídeo donde dicen retomar las armas–, “son bienvenidos a Venezuela cuando quieran venir”.

Una mano negocia, la otra trafica

Para Tarazona, estos anuncios del grupo insurgente de las FARC “es reflejo de un proceso permanente y constante. Mientras dialogaban en Colombia, en Venezuela se desplazaban con sus acciones terroristas, ilegales, perversas”. Y apunta que su comportamiento no es igual que en Colombia: “Aquí (en Venezuela) el Estado no los enfrenta, no tienen persecución, sino complicidad, resguardo y el trabajo conjunto en actividades ilícitas”.

Se refiere Tarazona, por ejemplo, al reclutamiento de menores para la guerrilla, al narcotráfico y, más recientemente, en la zona del Arco Minero del Orinoco, a la explotación minera y tráfico de oro, coltán y diamante. También usarían Venezuela como base “fundamental” para refrescamiento de sus cuadros, soporte logístico, ocultamiento de armas, transporte de drogas, retención de secuestrados, entrenamiento o reuniones, según Insight Crime, organización dedicada al estudio del crimen en la región.

Similar pensamiento comparte Geoff Ramsey, subdirector para Venezuela del centro de estudios WOLA (Oficina en Washington para Estudios Latinoamericanos). “Hay gente que está fingiendo sorpresa, pero todos sabemos de la presencia de las FARC en la frontera desde hace años. No es nuevo. Pero sí creo que resalta la dinámica ya existente de cierta relación cómoda entre las Fuerzas Armadas de Venezuela y las FARC. Aunque no creo que llegue al punto de que Maduro esté facilitándoles la planificación de ataques en territorio colombiano”.

Más inestabilidad a una zona en conflicto

El comité de ética del partido FARC –fundado tras la firma de la paz–, ha pedido que sean sancionados y expulsados de la organización tanto Iván Márquez como Jesús Santrich, además de otros disidentes más, todos detrás de esta “nueva guerrilla”. Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”, antiguo máximo líder de la guerrilla, ha descalificado la iniciativa de sus excompañeros de armas y ha dicho que no cree que tengan motivación política. “No sé si es narcotráfico o qué, pero en todo yo veo una motivación personal, individual”.

No se sabe ni cuántos disidentes son, cuánto apoyo tienen o cómo será su modus operandi. El rearme ya es una opción anunciada que da muestra de una estructura formal y pública, pero no el alcance real que tendrá. Ni siquiera se tiene certeza de en qué áreas de ambos países operan.

¿Puede haber una intervención militar? Ramsey opina que no hay luz verde para ello. “Duque en vez de anunciar unas nuevas operaciones militares en la frontera anunció que iba a solicitar la cooperación de Interpol. Hasta ahora no veo ningún tipo de interés por su parte al hacer una intervención al estilo de la que se hizo con Raúl Reyes”.

Aunque Duque ha apoyado el proceso de paz y Maduro también haya reiterado que quieren que “en Colombia haya paz”, ambos, con sus actos, han dicho lo contrario. O se están guardando bien las espaldas.

“Es una situación más inestable. Cualquier operación militar podría provocar una guerra. Y derrocar cualquier tipo de proceso de negociación que se esté llevando detrás de las escenas. El impacto es muy grande y puede que los demás gobiernos de la región lo condenen ampliamente”, apunta Ramsey.

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