la minoría más próspera y desconocida de asia

Los ultraveganos sin Dios que han erigido un imperio en India con diamantes y ¿carne?

La minoría de 'jainitas' en la India, que consideran comer una forma de violencia, controlarían el boyante mercado de la exportación de vacuno

Foto: Un devoto hindú reza a una vaca en India. (Reuters)
Un devoto hindú reza a una vaca en India. (Reuters)

Los jainas son pocos en India -apenas cinco millones en un país con más de 1.300 millones de habitantes-. Pero con su religión sin Dios y su veganismo extremo no sólo han logrado resistir durante siglos al implacable avance del hinduísmo, sino que además han evolucionado hasta convertirse en la minoría más poderosa y próspera del país a los mandos de un imperio de diamantes, industrias y -según sospechan muchos- carne.

El custodio de un templo jaina en Sarnath, una pequeña ciudad a pocos kilómetros del río Ganges donde se cree que Buda dio su primer discurso tras alcanzar la iluminación, obliga a los visitantes a lavarse las manos y los pies antes de explicarles sobre el rígido estilo de vida de esta corriente filosófico-religiosa. Los jainas se caracterizan por no venerar a ningún dios. Sus seguidores aspiran a seguir el camino de meditación y ascetismo marcado por los 'tirthankaras', hombres corrientes que renunciaron a los placeres del mundo para liberar su alma del eterno ciclo de reencarnaciones.

En su camino hacia la pureza, el jaina debe renunciar a todo tipo de violencia hasta el punto que los devotos más extremos consideran el simple hecho de comer como un comportamiento agresivo. Absolutamente todo tiene un alma que debe ser respetada. Por eso su dieta, a caballo entre el veganismo y el lactovegetarianismo, llega al extremo de renunciar a las patatas, cebollas y otras raíces porque tienen microbios que no merecen ser dañados al masticar.

El monje jaina explica que trata de comer una sola vez al día y nunca después del anochecer. Tampoco puede disfrutar con su pareja, ya que solo puede tener relaciones sexuales una vez cada tres meses. Y exhibe con orgullo varias fotografías de un asceta que, en una muestra de dedicación extrema, pone piedras bajo sus pies para evitar caminar por el césped. En las imágenes aparece completamente desnudo, lo que lo identifica como seguidor 'Digambara' -una de las dos principales ramas del jainismo- cuyos miembros prescinden de cualquier tipo de prenda en su particular modo de buscar la perfección.

Jainitas durante un festival en Bangalore, India. (Reuters)
Jainitas durante un festival en Bangalore, India. (Reuters)

Un imperio de ascetas

Bajo esa máscara de eremita se esconde una de las comunidades más pujantes de Asia. Un pueblo milenario de mercaderes y comerciantes que durante las últimas décadas han penetrado casi todos los sectores industriales y están a cargo de algunas de las empresas más boyantes de India. Algunas estimaciones aseguran que el 20% de las exportaciones del sector privado del país llevan su firma, y que, en proporción con el tamaño de su comunidad, su contribución al crecimiento económico de India es bastante elevada.

Algunos de los jainas más conocidos son Vineet Kumar Jain, quien dirige la compañía de medios de comunicación Bennet, Coleman & Co, dueña de varias cadenas de televisión y periódicos tan populares en el país como The Times of India o Economic Times; o Manu Kumar Jain, quien hace las veces de director general de Xiaomi en India. Además, han triunfado también en el exterior, de la mano de personalidades como Ajit Jain, mano derecha de Warren Buffet en su empresa Berkshire Hathaway, que tiene un valor de mercado de unos 470.000 millones de dólares.

Pese a que representan menos del 1% de la población, son la comunidad étnica mejor educada del país con una tasa de alfabetización del 94,1%, superando en más de veinte puntos la del resto de India, que apenas llega al 72%. Y, pese a que la sociedad del subcontinente indio sigue siendo eminentemente patriarcal, el 90,6% de las mujeres jainas saben leer y escribir, frente al promedio general del 50% entre las indias.

Señores de los diamantes

La aventura más épica de los jainas es su conquista del negocio de diamantes en Amberes, epicentro mundial de la compraventa de estas piedras preciosas desde el siglo XV. Los primeros jainas llegaron a la ciudad belga en los años 60, cuando el negocio lo manejaban los judíos, y para hacerse un hueco tiraron de picardía.

Comenzaron puliendo y cortando los diamantes en Gujarat, su provincia india de origen, para aprovechar que salía más barato que hacerlo en Europa. Después, miembros de sus propias familias trasladaban esos diamantes a Bélgica, donde podían venderlos a un precio sin competencia. Poco a poco, los empresarios jainas ganaron cuota de mercado que han seguido ampliando gracias a su poderosa red de lazos familiares, fortalecidos mediante matrimonios cruzados entre los herederos de los principales negocios.

Tal ha sido su éxito que se estima que las 400 familias de indios que viven en Amberes manejan las tres cuartas partes del comercio de diamantes de la región, valorado en unos 48.000 millones de dólares. Compañías como Rosy Blue, con unos beneficios anuales de 1.000 millones de dólares y presencia en 14 países, muestran que parte del 'milagro' logístico se debe a que siempre pueden echar mano de algún primo o sobrino para transportar la mercancía, poniendo de manifiesto la estrecha relación entre familia y negocios que ha dado tanto éxito a esta comunidad.

¿Veganos metidos a carniceros?

Pero el negocio más controvertido en el que podrían estar metidos los jainas es la carne, un rubro que movió casi 50.000 millones de dólares en todo el mundo el año pasado y que en este país es muy particular.

En India, a las vacas se las respeta. Son animales venerados en la tradición hindú y es habitual que los locales se paren a tocar los lomos de las reses con las que se cruzan en la calle como para contagiarse de su pureza. En un país donde el 80% de sus habitantes practica el hinduísmo, el sacrificio de vacas está perseguido y en la mayoría de los estados se castiga con hasta diez años de cárcel. El simple hecho de tener una vaca en posesión puede acarrear un castigo y la venta de esta carne al extranjero es considerada una ofensa criminal.

Sin embargo, India es el segundo mayor exportador de carne de vacuno del planeta gracias a que exporta búfalo de agua, un animal bastante parecido pero que no se ha ganado el respeto de la comunidad religiosa más influyente del país. Y aquí es donde entran los jainas, que pese a su estricta dieta anticarnívora son señalados 'vox populi' de controlar este magro negocio.

Para algunos podría tratarse de un simple rumor, algo que no es raro ver en un país donde los seguidores de distintas religiones se han acusado mutuamente de cometer delitos, en ocasiones con resultados bastante graves. Y aunque no hay datos firmes a este respecto, el propio primer ministro Narendra Modi llegó a asegurar en 2014 que tenía amigos jainas vinculados con el negocio de las exportaciones bovinas.

Generación 'Big Four'

Los expertos apuntan a que la supervivencia y éxito de esta minoría, que persistió durante siglos mientras el budismo era prácticamente erradicado de su India natal, se debe a su organización cohesiva, sus lazos intracomunitarios y su relativa prosperidad como resultado de su tradición empresarial y comercial.

“La mayoría de los jainas acabaron descartando la agricultura (como modo de subsitencia) en todas sus formas y se especializaron principalmente en ocupaciones comerciales y mercantiles, con los más favorecidos dedicados a la fabricación de joyas y el préstamo de dinero", escribió Christopher Key Chapple, profesor de teología índica en la Universidad Loyola Marymount University.

Las nuevas generaciones de jainas parecen comprometidas a seguir su tradición. Muestra de ello es Shakhsaz, un joven jaina que acaba de graduarse de Administración de Empresas. Este joven fan del Arsenal asegura que no sigue las tradiciones de su comunidad de manera demasiado rigurosa y come después del anochecer -sobre todo cuando sale de fiesta-.

Shakhsaz se muestra orgulloso de ser jaina y sigue celebrando el 'Paryushana Parva', una festividad de ocho días en los que aprovecha para reunirse con su familia y participar en los rezos que se organizan tanto en templos y hogares. Pero su futuro, dice, no está en un santuario. "¿Conoces las 'Big Four'? KPMG, Deloitte, Ernst & Young y PWC. Pues en una de esas quiero trabajar", afirma convencido. El futuro del imperio jaina parece asegurado.

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