ElConfidencial habla con algunas víctimas

Las cientos de 'princesas' que huyen de Arabia Saudí: "Quieren casarme con un viejo"

Se estima que cientos de jóvenes mujeres tratan de escapar de Arabia Saudí al año. Dua y Dalal son solo las últimas de una tendencia creciente

Foto: Algunas chicas publican sus documentos para solicitar asilo
Algunas chicas publican sus documentos para solicitar asilo

"Dame media hora, tengo que encontrar una nuevo lugar para las chicas", dice el abogado. Las jóvenes saudíes Dua y Dalal, de apenas 20 y 22 años, han cambiado de "casa franca" doce veces en veinte días, desde que lograron escapar de la vigilante mirada de su padre cuando estaban de vacaciones en Estambul. Ahora, han pedido asilo para "escapar de una familia abusiva" y de un país que les prohíbe tomar cualquier decisión sin el permiso de su guardián masculino solo por ser mujeres, Arabia Saudí. No son las únicas.

El Gobierno de Arabia Saudí no publica cifras de mujeres que logran -o intentan- abandonar el país sin el permiso de sus padres y familias desde 2015, cuando el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Social cifró en 577 los casos denunciados. Los números, casi cinco años después, son mucho mayores. Las jóvenes que lo intentan, animadas por la publicidad de las chicas que logran asilo en países como Canadá o Australia, están al alza, y muchas familias saudíes eligen no denunciar por miedo al estigma social. Cerca de un millar de jóvenes estarían abandonando la monarquía del Golfo al año, según estimaciones de la Universidad Muhammad ibn Saud en Riyad, citadas por The Economist.

Ante los crecientes y cada vez más mediáticos casos, Arabia Saudí ha anunciado esta misma semana que levantará la prohibición de viajar a mujeres mayores de 21 años sin el consentimiento de su guardián masculino. Una medida que se enmarca en la campaña de modernización del reino orquestada por el príncipe Mohamed Bin Salman, que ha levantado prohibiciones como las proyecciones de cine o conducir a las mujeres. A pesar de que la decisión ha sido celebrada por las organizaciones proderechos humanos, muchos opinan que se puede tratar de una medida "cosmética". No se hará efectiva, previsiblemente, hasta el próximo octubre.

Escapar del matrimonio forzado

La ordalía de Dua y Dalal Al Showaiki no comenzó el 12 de julio, cuando escaparon de su familia. "Llevo tiempo queriendo escapar, pero por miedo terminaba cambiando de idea cada año. Me decía a mí misma 'quizá la situación en Arabia Saudí pueda cambiar, o las leyes, u ojalá mi familia'. Pero cada año era peor que el anterior. Cuando mi padre nos dijo que íbamos a ir a Turquía, ahí tomé la decisión. Porque él quería forzarme a casarme, y ya no tenía excusas como antes", cuenta a El Confidencial Dua, la mayor de las hermanas, en una conversación a través de WhatsApp en un entrecortado inglés. Ambas hermanas mantienen su ubicación en secreto, por miedo a ser localizadas por su familia y forzadas a regresar antes de que Canadá u otro país occidental les ofrezca asilo.

Su familia, ultraconservadora, las forzaba a llevar niqab (el velo integral) desde los 11 años y, según cuentan las jóvenes, pretendía casarlas contra su voluntad contra hombres mucho mayores que ellas. En Arabia Saudí, las mujeres están atadas bajo el sistema del guardián, "walayah", que les impide tomar cualquier decisión sin el consentimiento expreso de su guardián masculino desde su infancia hasta su vejez. El poder del "wali" es total: las mujeres no pueden trabajar, casarse, solicitar un pasaporte, estudiar, salir del país, ir al médico, recibir una beca de estudios o incluso salir de prisión sin el consentimiento de su guardián, que puede ser su padre, su marido, hermanos o incluso su hijo.

Para Arabia Saudí, las chicas que huyen del país "son una amenaza tan grande para la seguridad nacional como los terroristas"

El matrimonio no deseado fue el detonante para terminar de organizar una huida que llevaba tiempo rondando sus cabezas. "No queremos casarnos con un viejo extremista religioso, no queremos que nos mantengan encerradas en casa y se nos impida terminar nuestros estudios. No queremos sufrir más abusos de nuestra familia". El destino de Dua, la mayor de las hermanas, podría ser incluso peor: es lesbiana. "(En Arabia Saudí) no podría soñar que la gente acepte mi sexualidad".

Sus historias se repiten en los testimonios de otras jóvenes que también logran escapar. El pasado enero, Canadá otorgó asilo a la joven Rafah al-Qunun, que se atrincheró en el aeropuerto de Bangkok para impedir que la deportaran. Según contó en distintos vídeos que publicó en sus redes sociales, su familia la trataba "como una esclava" y la consideraban como "una propiedad". Cuando renunció a la fe islámica, temió por su vida. El caso de Rafah, que llegó a los titulares de medio mundo, ha animado a muchas chicas saudíes a intentarlo también, afirman las hermanas Al Showaiki.

Otras son detenidas

Algunas no tienen tanta suerte. Dina Ali Lasloon, una joven profesora saudí que intentaba llegar a Australia para pedir asilo humanitario, fue detenida en el aeropuerto de Manila (Filipinas) y llevada de vuelta a Arabia Saudí obligada por sus tíos y personal de la embajada saudí en el país asiático. Desde entonces no se ha vuelto a saber nada de ella, y activistas proderechos de la mujer en Arabia Saudí temen que fuera internada en un centro de detención de mujeres o maltratada por su familia.

En uno de esos centros fue internada durante más de 100 días la joven Maryam Al-Otaibi después de que su padre denunciara su intento de fuga desde la casa paterna en la ultraconservadora provincia de Qassim a la capital, Riyad. "No quiero volver al infierno", tuiteó poco antes de ser detenida.

Conforme más y más jóvenes se animaban a intentar la huida, una red de facilitadores, consejos e incluso abogados probono se ha tejido en torno a Arabia Saudí. Taleb Al Abdulmohsen, activista saudí ahora residente en Alemania, ha puesto en marcha un foro online, al que hay que acceder con VPN para evitar ser localizado fácilmente, en el que se vuelcan desde peticiones de ayuda "Quiero asilo, mi familia no me va a dejar. Ayuda por favor" hasta advertencias o consejos "Si estás en el aeropuerto y necesitas quedarte en el país y hacer tiempo, puedes ir al baño y beber agua con sal. Eso te ayudará a fingir un ataque de pánico a volar" y teléfonos de abogados "amigos".

Pero Arabia Saudí también está contrarrestando. Desde hacer seguimiento del teléfono de las chicas a través de su código IMEI cuando ya están en el extranjero y se creen seguras, según asegura Al Abdulmohsen que les ha sucedido en varias ocasiones, hasta campañas de acoso patriótico. En 2018, una videocampaña publicitaria del Gobierno saudí advertía que las mujeres que huyen del país y sus familias "son una amenaza tan grande para la seguridad nacional del país como los terroristas". En las redes, las chicas que se atreven a publicitar sus casos para atraer la atención mediática atraen también el acoso de cientos de cuentas saudíes que las acusan de "ser una vergüenza" y "dañar la imagen del país".

En este contexto, la medida anunciada por el Gobierno saudí de permitir la emisión de pasaportes sin consentimiento del guardián masculino a las mujeres mayores de 21 años ha sido vista como "cambios cosméticos para apaciguar una audiencia crítica, que no se traducirá en un cambio práctico". "La ley puede cambiar, pero la práctica no cambiará una norma cultural de la noche a la mañana", argumenta a este diario Toby Cadman, abogado de las hermanas Dua y Dalal, que compara el caso con las numerosas detenciones de activistas saudíes proderechos de la mujer que fueron detenidas inmediatamente después de que se levantara la prohibición de conducir. "Las mujeres tienen permiso legal para conducir, y las activistas que presionaron por el cambio permanecen en la cárcel con informes creíbles de que sufren abuso físico, mental y sexual. Las mujeres pueden ir al cine, pero en proyecciones especiales... Seguirá existiendo la cultura de miedo y control".

Ni las princesas se salvan

Una jaula de oro es, después de todo, una jaula. Este julio, la princesa Haya bint Al Husein, sexta esposa del jeque Mohamed bin Rashid Al Maktum, emir de Dubai en el vecino Emiratos Árabes Unidos ha conseguido asilo en Londres, ha pedido el divorcio y se enfrenta ahora a una batalla legal por la custodia de sus hijos. Se trata de la tercera mujer de la familia real de Emiratos que intenta escapar. Dos hijas del emir con anteriores esposas, las princesas Shamsa y Latifa, fueron detenidas en su intento de abandonar Dubai en dos ocasiones y desde entonces permanecen bajo custodia.

"Lamentablemente, este fenómeno se ha vuelto demasiado familiar en los últimos años, con más y más mujeres de los Estados del Golfo huyendo de las leyes y tradiciones represivas en sus países de origen; y ellas, como todas las demás, tienen todas las razones para temer las consecuencias si alguna vez son devueltas", explica a este diario Radha Stirling, fundadora del bufete 'Detained in Dubai', que ofrece asistencia a extranjeros atrapados en el sistema judicial del país del Golfo y a quien la princesa Latifa recurrió en busca de ayuda para escapar de su familia.

Latifa fue detenida en una rocambolesca operación en la que participaron por varios comandos que abordaron el yate en el que intentaba escapar por mar. Era su segunda intentona. Shamsa, por su parte, fue secuestrada en las calles de Cambridge tras huir de la finca familiar en Surrey. Según testimonios de personas que han logrado ponerse en contacto con Latifa, la princesa habría sido duramente castigada (incluso con palizas) por sus intentos de fuga.

"La princesa Haya ha logrado librarse de un destino del que muchas otras mujeres en los países del Golfo no pueden escapar", señala la investigadora para Oriente Medio y Norte de África de HRW, Hiba Zayadin.

Aunque algo menos radicales que en la vecina Arabia Saudí, las leyes en Emiratos Árabes Unidos niegan a las mujeres el derecho a tomar decisiones sobre el matrimonio. Una vez que está casada, la ley requiere que ella obedezca a su marido. Una mujer puede ser considerada desobediente si trabaja sin el consentimiento de su esposo, y puede perder su derecho al apoyo financiero si no tiene una "excusa legal" cuando se niega a tener relaciones sexuales.

"Todo lo que quiero en mi vida es poder tomar decisiones como un adulto y no como una niña. Vivir mi vida sin insultos, algo que no podría ni soñar con mi familia en Arabia Saudí", concluye Dua. Su hermana, Dalal, más joven y con peor inglés, se muestra de acuerdo. Han conseguido escapar de Arabia Saudí, pero no saben si podrán llegar a Canadá o a algún otro país occidental. En Turquía no se sienten seguras. "Estamos muy cansadas, solo esperamos estar a salvo rápidamente".

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