con un destacable crecimiento económico

Cómo el país que inventó el Día de la Felicidad consigue seguir siendo el más feliz

Un remoto país que no legalizó la televisión y el internet hasta 1999 ha logrado mantener sus niveles de felicidad altísimos, a pesar de no entrar en los diferentes 'rankings'

Foto: Bután (Reuters)
Bután (Reuters)

Desde hace algunos años, se celebra en todo el mundo el 20 de marzo el Día Internacional de la Felicidad, iniciativa aprobada por la ONU en 2013 para fomentar la integración de la felicidad en las políticas públicas. La propuesta llegaba de Bután, un país situado en pleno Himalaya, en la frontera entre China e India, que desde principios de los setenta reconoce la felicidad nacional por encima de los ingresos nacionales. Si se hace un repaso por cualquiera de los 'rankings' de felicidad del mundo, es posible que Bután ni siquiera aparezca en los primeros puestos —la lista de países más felices entre 2015 y 2017 del Informe de Felicidad Mundial (WHR) está liderada por Finlandia, Noruega, Dinamarca, Islandia y Suiza, y Bután se encuentra en el puesto 97 de 156—.

El Índice de Planeta Feliz (HPI) le da al país asiático una puntuación de 28,6, colocándolo en la posición número 56 de todos los países analizados (un total de 140), pero en este caso los cinco más felices son Costa Rica, México, Colombia, Vanuatu y Vietnam. Todo depende de cómo se mida esa felicidad. En el caso del HPI se valoran varias métricas: el bienestar, en función de las encuestas mundiales de Gallup; la esperanza de vida, según datos de Naciones Unidas; la desigualdad dentro de un país y la huella ecológica. Pero estas métricas no son necesariamente las mismas que aplica el propio país, que tiene integrada en su vida pública la felicidad como magnitud macroeconómica. Bután no solo ha tomado esta medida para mantener su felicidad, sino que tiene todo un paquete de políticas dirigidas a que esa felicidad no se vea corrompida. ¿Cómo lo ha hecho?

1. Restringiendo el turismo

La felicidad de Bután no se centra en mantener felices a los turistas, sino a sus propios habitantes. Y a pesar de que el turismo es su segunda mayor industria, después de la hidroeléctrica, se gestiona de manera que se intente mitigar el impacto que éste tiene en los visitantes. En realidad, visitar Bután no es sencillo: solo es posible desde hace 25 años, cuando el Gobierno abrió el país al mundo. En 1974 Bután recibió 287 turistas; en 1999, superaron los 7.000. Ante esta situación, el Gobierno privatizó la Corporación de Turismo de Bután y en la actualidad solo hay 75 empresas turísticas que tienen licencia para llevar visitantes.

Turistas ante la estatua del buda Dordenma en la capital de Bután, Thimphu (Reuters)
Turistas ante la estatua del buda Dordenma en la capital de Bután, Thimphu (Reuters)

En 2018, CNN publicó su lista de destinos a visitar en el que incluyó Bután, pero es imprescindible conocer qué tipo de viajes se pueden hacer a este aislado país. Todos los turistas, independientemente de que viajen solos o lo hagan en grupo, deben entrar al país en un viaje organizado, pagado, con guía o diseñado a medida. Ningún extranjero puede viajar de manera independiente por el reino de Bután, y todas las gestiones turísticas deben hacerse a través de las turoperadoras con licencia.

Además, existen una serie de 'gastos mínimos' impuestos por el Gobierno de Bután que debe hacer cualquier turista: en los meses de temporada baja (enero, febrero, junio, julio y agosto) este gasto es de 200 dólares diarios, mientras que el resto de meses es de 250 dólares cada día. Este 'pack' incluye alojamiento en un local de al menos tres estrellas, el gasto de comidas, guía y transporte dentro del país. El resto, unos 65 dólares al día, forman lo que se llama la Tasa de Desarrollo Sostenible, que se destina a educación y sanidad gratuitas, y a la minimización de la pobreza.

2. Protegiendo los recursos naturales

En Bután la protección de la naturaleza es esencial, y hay que tener en cuenta que hay muchos estudios que vinculan la naturaleza con la felicidad. Casi el 70% del país está cubierto de bosques, y cerca del 42% del reino está protegido. Estas áreas protegidas, tal y como señalan desde el mismo Ejecutivo, forman los parques nacionales, reservas naturales y santuarios de la naturaleza. Pero además, el país ha desarrollado su propio enfoque de política basada en investigación y gran parte de los expertos en el país se centran en el desarrollo de los recursos naturales. Su principal industria es la hidroeléctrica, energía que exporta directamente a India y que supone su principal contribución el PIB del país.

El valle de Phobjikha, en Bután (Reuters)
El valle de Phobjikha, en Bután (Reuters)

3. Sin TV, ni Internet... hasta ahora

Hasta hace unos años en Bután no había ni internet ni televisión. Si bien en los sesenta aparecieron las primeras líneas de teléfono y una década después, la radio, hasta 1999 no llegaron la televisión e internet, dos 'imprescindibles' en la vida de cualquier occidental. El país, aislado hasta entonces y ahora en pleno proceso de transformación, legalizó la televisión por cable casi en la entrada de los 2000 y solo diez años después se encontró con que cerca del 80% de la población ya tenía acceso a la información a través de diferentes medios. No obstante, según una investigación publicada en el Journal of Mass Communication & Journalism en 2015 sobre la influencia y el impacto de los medios de comunicación en masa en Bután, "es interesante que los anuncios comerciales en Bután en rara ocasión afectan a sus decisiones".

"Al contrario que los países desarrollados, donde se registra un gran impacto de los anuncios comerciales, Bután parece ser una excepción en la que la gente no se ve influida por ellos", señala el estudio, aunque tiene su sentido, teniendo en cuenta que la mayor parte de los productos que se anuncian ni siquiera están disponibles en el país.

4. Profesando el budismo

La religión tiene mucho que ver en la comprensión de la felicidad en Bután. El propósito principal del budismo Mahayana, una de las dos ramas de esta fe, es difundir la felicidad y la compasión por todo el mundo. Precisamente el objetivo de la Felicidad Nacional Bruta que se mide en Bután se basa en estos principios budistas con el objetivo de aumentar la felicidad entre todos. "La felicidad es una cualidad de la mente que surge de actitudes positivas que, entre otros aspectos, incluyen la intención de no dañar a terceras personas, el deseo de proporcionar ayuda y apoyo a los que nos rodean y estar felices con la vida de uno mismo", tal y como se explica en uno de los muchos estudios que evalúan la felicidad y el budismo.

Monjes budistas en Punakha Dzong, Bután (Reuters)
Monjes budistas en Punakha Dzong, Bután (Reuters)

5. Creciendo económicamente a gran velocidad

Por último, otro factor importante para el país es el crecimiento económico. Que el reino de Bután valore como una medida vital para el Estado la felicidad, no quiere decir que se deje a un lado el Producto Interior Bruto (PIB): al hablar de las economías de más rápido crecimiento en el mundo siempre se menciona a China o India, pero entre las dos, en una zona remota en pleno Himalaya, se encuentra este pequeño país, en la cima de las economías de mayor crecimiento del globo, según los datos de Banco Mundial.

La razón principal de este crecimiento es su potencial para la generación de energía hidroeléctrica: su ubicación geográfica, casi por completo en zona de montaña en el corazón del Himalaya, limita su desarrollo de infraestructuras. Sin embargo, ha sabido recurrir a otras fuentes alternativas para generar crecimiento, desarrollo y prosperidad con esta industria, a la que se suman la agricultura y la silvicultura, principales impulsores de su economía a día de hoy. La energía hidroeléctrica de Bután supuso más de un 30% de sus exportaciones totales en los últimos años, y ayudó a impulsar el crecimiento de su PIB a un 6,5% en 2016.

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