¿biología o cultura?

"Mamá, ¿por qué yo no puedo ser dictadora?". Claves del oficio más machista del mundo

Desde siempre, el trabajo de líder totalitario ha estado reservado casi exclusivamente a hombres. Mientras los nuevos autoritarismos se extienden por todo el mundo, la pregunta es: ¿va a cambiar?

Foto: Enrique Villarino.
Enrique Villarino.

Si uno escribe en Google '¿Pueden las mujeres ser dictadoras?', los resultados de la búsqueda son esclarecedores: 'Secretos de alcoba del siglo XX', 'Las esposas de los dictadores' o 'Enamoradas de los hombres más despiadados del mundo'.

La profesión de tirano ha estado casi siempre reservada exclusivamente a los hombres. Las esferas de poder han sido coto privado masculino y los dictadores muchas veces han tomado el control dando un golpe de Estado impulsándose en el ejército.

La última ola de feminismo cuestiona cualquier argumento biológico que justifique diferente salario, poder o trabajo según se sea hombre o mujer. ¿Qué ocurre con el oficio del dictador? En esta época de creciente autoritarismo, ¿tienen las mujeres reservado un papel importante en el aparente debilitamiento de las democracias? ¿Pueden competir contra los 'hombres fuertes' de la política? Para resolver estas preguntas, primero es necesario ver qué rasgos comunes comparten los dictadores.

¿Cómo es un dictador?

Diversos psicólogos se han preguntado durante años si la mente de un dictador funciona de forma distinta a la de una persona normal. Un rasgo recurrente que se suele atribuir a los dictadores es el trastorno de la personalidad narcisista, que se da con más frecuencia en los hombres que en las mujeres: tienen fe ciega en sí mismos, son prepotentes, manipuladores y arrogantes, se mantienen muy fríos en situaciones de alto estrés y carecen de empatía. Hitler era bipolar y sufría paranoias y complejos. El psicoanalista Erich Fromm definió a Stalin como un "sadista refinado".

Pero una persona no se convierte en dictador por el simple hecho de ser narcisista. El psiquiatra Gustav Bychowski escribió a finales de los sesenta un libro titulado 'Psicología de los dictadores' en que hablaba del nexo paternal entre el dictador y el pueblo: "Ciertos factores psicológicos colectivos favorecen el ascenso de la dictadura. (...) El grupo confía en este individuo y lo venera, del mismo modo que el niño ingenuo confía en el padre y le confiere poderes mágicos. Por lo tanto, envuelve a la persona del líder en un aura de mitología".

Algunos expertos como James Fallon, reputado neurólogo y neuroanatomista, enlazan el comportamiento de los dictadores con el de los psicópatas. En conversación telefónica con El Confidencial, Fallon considera que hay aspectos biológicos que hacen que los hombres tengan comportamientos autoritarios con mayor facilidad que las mujeres: "Las opciones de que una mujer sea extremadamente agresiva, condición casi indispensable para ser un dictador, son más bajas que las de un hombre".

Pero como apunta Fallon, la pistola humeante es el ambiente. Hay ciertos indicios que desdeñan las características biológicas como único factor por el que las mujeres no pueden ejercer un papel autoritario. El liderazgo masculino que propicia que los líderes autoritarios sean hombres también responde a prejuicios, estereotipos y cuestiones culturales.

Liderazgo femenino

El World Values Survey hizo una encuesta entre 2010 y 2014 preguntando, entre otras cosas, cómo de acuerdo o en desacuerdo estaban los encuestados con la siguiente afirmación: "En general, los hombres son mejores líderes políticos que las mujeres". En los países más igualitarios y avanzados como España, Holanda o Suecia, el número de gente que estaba 'muy de acuerdo' o 'de acuerdo' no superaba el 20%. Sin embargo, la media total de la encuesta reflejaba que más de la mitad de la población mundial sí pensaba que fuera verdad.

En este otro estudio, Mark Setzler demostró cómo las mujeres tienen que luchar contra sus estereotipos cuando ejercen un liderazgo fuerte. Sus resultados avalaban la teoría de que los votantes prefieren un liderazgo masculino frente a una mujer con un discurso igual de duro (menos relacionado con el estereotipo femenino). Los votantes, sobre todo hombres, prefieren a otros hombres a la hora de gritar.

Sin embargo, los datos empíricos no muestran a la mujer como una víctima pasiva de los regímenes autoritarios, sino como sujetos activos. Es decir, no hay ninguna razón para esperar que las mujeres sean menos extremistas que los hombres. La historiadora Linda Gordon estimó, por ejemplo, que al menos un millón y medio de mujeres americanas formaban parte del Klu Klux Klan en los años veinte en Estados Unidos. Los hombres y mujeres no tienen diferentes actitudes, simplemente unos les dan más importancia a unas que a otras. Por eso las mujeres han tenido una relación distinta con la extrema derecha.

Las mujeres y la extrema derecha

La tendencia de voto mundial apunta a que hay una brecha de género en el voto a las formaciones de extrema derecha. Pero esas diferencias se están diluyendo. Cas Mudde, uno de los mayores expertos en populismo y en extrema derecha del mundo, es cauto: "Siempre me ha preocupado cuando la gente menciona a las mujeres como salvadoras de la democracia. Casi siempre, los partidos radicales de derechas han tenido predominantemente un electorado masculino, pero los partidos de extrema derecha considerados 'mainstream' tienen un brecha de género mucho más reducida", explica a El Confidencial.

Rosalind Shorrocks, investigadora en género, comportamiento político y voto, sugiere que las mujeres votan menos a estos partidos radicales por dos razones: por abanderar posiciones muy tradicionales de género y ser más disruptivas (las mujeres están más ligadas al 'statu quo').

Por eso, Shorrocks, al contrario que Mudde, se muestra ligeramente optimista: "Si votaran solo ellas, sería menos probable ver a los candidatos autoritarios ganando elecciones. Las mujeres jóvenes en particular, sobre todo en Europa, suelen votar a partidos de izquierda. Pero no podemos olvidar que muchas mujeres votaron a candidatos como Trump y que la raza, la clase o el 'background' de una mujer también son importantes a la hora de analizar su voto".

Otros señalan que esa brecha de voto tiene los días contados. Cynthia Miller-Idriss, profesora de Educación y Sociología en la American University, escribió en 'The Guardian' un análisis detallando por qué cada vez más mujeres apoyan los partidos de extrema derecha.

Miller-Idriss no considera que el género sea un factor protector contra la extrema derecha: "Parte de ese aumento del voto femenino a la extrema derecha se debe a que los partidos han cambiado su posición en cuestiones de género. Cada vez más formaciones radicales apoyan más derechos de la mujer y LGTBQ, sosteniendo que es parte de la tradición occidental. Algunos partidos de este tipo usan la estrategia de posicionarse contra el islam y la inmigración musulmana, argumentando que conllevará restricciones en los derechos de la mujer. Esto moviliza a muchas mujeres".

Pero si cada vez más mujeres votan a formaciones autoritarias, ¿por qué estos partidos siguen liderados por hombres? Responde Mudde: "Todos los partidos en general están dominados por los hombres, con las excepciones de algunos partidos feministas y sobre todo de los partidos verdes (aunque también tengan un hombre de líder)".

El politólogo neerlandés cree que el impulso de los valores más tradicionales provoca que las mujeres no tengan tantas opciones de entrar en el partido y crecer. "Hay algunos partidos de derecha radical que tienen o han tenido mujeres líderes: Oayuline Hansen, de One Nation (Australia), Pia Kaesrsgaard, del Danish People's Party (Dinamarca), o Marine Le Pen, de Agrupación Nacional (Francia)".

Mujeres dictadoras

En la misma línea se mueve Cynthia Miller-Idriss, a quien no le sorprende la pregunta de si puede haber mujeres dictadoras: "La cuestión del liderazgo sigue siendo un rompecabezas. Porque aunque veamos un aumento de las mujeres que apoyan a la extrema derecha, hay comparativamente muchas menos liderando los partidos. Hay algunas excepciones notables, como Alternativa para Alemania o Le Pen en el Frente Nacional. Pero en general, el mismo techo de cristal que existe en política se traslada a los partidos de extrema derecha. Y cuando esos partidos todavía mantienen sus opiniones tradicionales del rol de la mujer en el lugar de trabajo, esas opiniones perpetúan la falta de liderazgo".

Por ejemplo, el partido de extrema derecha griego Amanecer Dorado considera que la mujer es un aparato reproductor para la nación y la madre de futuros soldados. Prefiere que la mujer se abstenga de participar en roles públicos.

Rosie Campbell, directora del Global Institute for Women's Leadership (del liderazgo de la mujer), no cree que ninguna razón biológica justifique que haya menos mujeres líderes y, por lo tanto, tampoco autoritarias. Para Campbell, que dice que en tiempos complejos la gente quiere respuestas sencillas, la solución pasa por eliminar la masculinidad tóxica, no acercar a las mujeres a posturas similares y autoritarias. Incluso destaca que las mujeres a veces ejercen un tipo de liderazgo que "es más positivo y cooperativo" que el de los hombres.

"Impredecibles y vulnerables"

Entonces, ¿va a haber un aumento de estos perfiles? Las opiniones divergen. Preguntado por si habrá alguna vez mujeres autoritarias, el neurólogo James Fallon suelta una carcajada: "Isabel la Católica fue una de las dictadoras más famosas de la historia". Después se pone serio: "Las mujeres solo han tenido la oportunidad de ser dictadoras si estaban casadas con dictadores o han sido sus hijas", dice Fallon. Este sería el caso de María Estela Martínez de Perón o Indira Gandhi. Y añade. "La crisis actual puede provocar un aumento de hombres 'fuertes'. La sociedad pide líderes muy agresivos".

Cas Mudde no piensa igual. Que las mujeres no sean dictadoras o líderes autoritarias no responde a ninguna razón biológica, sino a un techo de cristal: "Simplemente no les han dado la oportunidad todavía". Reconoce que muy pocas mujeres dictadoras han llegado al poder, pero algunas políticas "han mostrado bastantes rasgos autoritarios, como Indira Gandhi o Margaret Thatcher". Al mismo tiempo, Fallon culmina: "La sociedad moderna no se fía todavía de las mujeres con mucho poder. Cuando lo tienen, dicen que son vulnerables o impredecibles".

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