ambigüedad estratégica para no perder votos

Los laboristas, a favor de un segundo referendo del Brexit (si no hay elecciones)

La opción de un segundo referéndum se ha convertido en un dilema para los laboristas, poniendo en evidencia las grandes diferencias que existen entre bases, cúpula, votantes y sindicatos

Foto: Corbyn aplaude en la conferencia laborista antes del Brexit, en la que mantienen su ambigüedad estratégica. (EFE)
Corbyn aplaude en la conferencia laborista antes del Brexit, en la que mantienen su ambigüedad estratégica. (EFE)

Divididos, con un líder cuestionado por sus filas y sin estrategia clara ante el Brexit. Hay quien podría pensar que esto se aplica al partido conservador, pero no es el único. Se suponía que, ante la guerra civil que vive el debilitado Gobierno de Theresa May, la oposición laborista debía hacer pocos esfuerzos por dejar en evidencia a Downing Street. Pero se ha demostrado que la situación que atraviesan los de Jeremy Corbyn poco (o nada) se diferencia de la de los 'tories'.

Los laboristas, a favor de un segundo referendo del Brexit (si no hay elecciones)

En el último congreso anual que el partido celebra en Liverpool antes del divorcio de la UE, la opción de un posible segundo referéndum se ha convertido en un verdadero dilema para los laboristas, poniendo en evidencia las grandes diferencias que existen entre las bases, cúpula, votantes y sindicatos (con enorme poder en la formación). Y, ante las diferencias, los laboristas repiten receta: mantener la ambigüedad. Tras varios días de debate, los afiliados votaron este martes a favor de convocar una segunda consulta, pero solo si no se consigue forzar unos comicios anticipados. Las elecciones son, sin duda alguna, la prioridad absoluta.

El problema, una vez más, está en la ambigüedad que tanto caracteriza a la oposición cada vez que tiene que afrontar la cuestión europea. ¿Supone el voto de hoy una puerta abierta a la permanencia en el bloque? Explícitamente, la moción que se ha presentado a las bases señala que “en caso de no lograr unas elecciones generales, los laboristas deben apoyar todas las opciones que sigan en la mesa, incluida hacer campaña por un voto público”. Los 100 delegados que cuidadosamente redactaron el texto el domingo tras una intensa reunión de más de cinco horas aseguran 'off the record' que, de manera implícita, sí se está planteando la posibilidad de quedarse en el club.

Delegados votan la moción sobre el Brexit en el congreso de los laboristas. (Reuters)
Delegados votan la moción sobre el Brexit en el congreso de los laboristas. (Reuters)

El miedo a perder votos

Pero esta opción plantea un gran conflicto para la cúpula, que teme les pueda restar apoyos ante los comicios que tanto demanda, al interpretarse que no respetan el deseo que manifestaron los británicos en la histórica consulta de 2016.

Las últimas encuestas, desde luego, demuestran que no pueden tomar demasiados riesgos: los laboristas van por detrás de los conservadores —36% frente a 40%—, y la proporción de votantes que piensan que Corbyn sería mejor primer ministro ha caído del 39% en su punto más alto en junio del año pasado al 23% actual.
Len McCluskey, líder de Unite —el mayor sindicato del Reino Unido, con gran influencia en el partido— ya ha realizado una clara advertencia: “Hay una cantidad significativa de personas que han apoyado tradicionalmente al Partido Laborista que están diciendo que votarán a los conservadores porque no confían en el laborismo para sacarnos de la Unión Europea”.

La situación, por tanto, es la siguiente: los votantes están divididos, las bases —responsables del liderazgo de Corby— quieren quedarse en el club y, aunque desde la cúpula intentan mandar un mensaje de unidad, las intervenciones de los distintos dirigentes han demostrado estos días claras diferencias.

De ovaciones y "traiciones"

Por la mañana, previa a la votación de los afiliados, el portavoz del Brexit del partido, Keir Starmer, realizaba un discurso que ponía a la entregada grada en pie al no descartar la opción de permanencia en el bloque. La reacción no se hizo esperar. El sector euroescéptico de la formación, Labour Leave, se apresuró a acusarlo de “alta traición” y de intentar posicionarse para un futuro liderazgo. “Fue un discurso cuidadosamente calculado, sin duda escrito con un grupo de consejeros. Está menospreciando a Jeremy Corbyn, a John McDonell [portavoz laborista de Economía] y a millones de votantes, y lo sabe”, sostuvo Brendan Chilton, responsable de esta corriente anti-UE.

El congreso laborista ha puesto de manifiesto la división del partido. (Reuters)
El congreso laborista ha puesto de manifiesto la división del partido. (Reuters)

El lunes, McDonnell, mano derecha de Corbyn, comenzó la jornada anunciando que un hipotético segundo referéndum sobre el Brexit no incluiría la posibilidad de permanecer en la UE, sino que solo se ceñiría a los términos del acuerdo de salida con Bruselas. Es decir, se votaría por un Brexit blando o un Brexit duro. Sus palabras crearon confusión y al final del día acabó señalando que “todas las opciones seguían sobre la mesa”, pero el martes dio, de nuevo, marcha atrás.

​Corbyn, la gran incógnita

Este miércoles es el turno del líder, que clausurará el congreso, aunque no se espera que despeje muchas dudas a tenor de la entrevista concedida a la BBC, en la que tan solo se limita a decir que el “laborismo no romperá la promesa” realizada a los votantes que apostaron por la salida. Ante la pregunta de la periodista de si haría campaña por la permanencia o la salida en una eventual consulta, Corbyn se ha negado a contestar.

Corbyn tradicionalmente se ha mostrado escéptico ante la UE. (Reuters)
Corbyn tradicionalmente se ha mostrado escéptico ante la UE. (Reuters)

En lo único que coinciden la cúpula y las bases es en recalcar que la prioridad absoluta, a seis meses de que tenga lugar el Brexit, es forzar elecciones. Los laboristas ya han avanzado que votarán en contra del acuerdo de salida que May negocie con Bruselas si no cumple con sus requisitos, que pasan por dejar al país dentro de la unión aduanera, un escenario descartado por el Ejecutivo en el polémico plan de Chequers.

Ante el ruido inesperado que está haciendo ahora la oposición, el Gobierno de May está mostrando una inusual unidad. Algo que tan solo aguantará hasta que celebren su propio congreso anual la próxima semana.

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