negociación común, pero intereses distintos

Mapa de la (des)unión europea ante el Brexit

Pese a los temores iniciales ante el Brexit, los Veintisiete mantienen un frente común... con matices

Foto: Protesta de la Asociación de Trabajadores Españoles en Gibraltar, en 2013. (Reuters)
Protesta de la Asociación de Trabajadores Españoles en Gibraltar, en 2013. (Reuters)

'Alea jacta est'. La suerte está echada. Con Theresa May negándose en redondo a repetir el referendo del Brexit y los laboristas de Jeremy Corbyn sin decidirse a enarbolar la bandera por la permanencia, Reino Unido se encamina a la puerta de salida de la Unión Europea. Mientras en el archipiélago las intrigas políticas se suceden, en este lado del Canal de la Mancha, pese a los temores iniciales, se mantiene el frente común... con matices.

El bando europeo "habla con una sola voz" y sus exigencias en las negociaciones se mantienen bajo la batuta de Michel Barnier, el negociador en jefe de la UE para el Brexit. La unidad se ha mantenido en estos meses de incertidumbre, pero cuando se llega a la recta final de las negociaciones, se dejan ver pequeñas fracturas. El 29 de marzo, Reino Unido abandonará la UE, se haya logrado o no un acuerdo, y en los términos del mismo todos quieren que se vean reflejadas sus aspiraciones. Estos son los tres grandes grupos en los que se dividen los estados miembros.

Países con cuestiones abiertas

España es uno de los países que tienen un asunto delicado que resolver en bilateral con los británicos: qué pasará con Gibraltar una vez que Reino Unido, y por tanto el Peñón, que se encuentra bajo su control, salgan de la Unión Europea. El Gobierno español quiere evitar que se vuelva a alzar una frontera entre la roca y el resto del Campo de Gibraltar. Preocupa también cómo seguir cooperando en cuestiones como la lucha contra el contrabando, la vigilancia de la frontera o la gestión medioambiental, sobre todo en las aguas. España quiere lograr el control conjunto del aeropuerto que los llanitos contruyeron en el ismo, territorio internacional, que les separa del resto de la Península.

Irlanda, sin quererlo, se ha convertido en una de las protagonistas del Brexit. El fin de las fronteras entre Irlanda del Norte, la controvertida provincia británica que Dublín y parte de sus habitantes querrían un día ver reunificada al resto de la isla, e Irlanda gracias a la libertad para moverse dentro de la Unión Europea va a llegar a su fin. Y una de las cuestiones que ahora mismo suponen un gran problema en las negociaciones, quizás el más difícil de resolver —dado que el Gobierno de May se apoya en los Unionistas de Irlanda del Norte para gobernar y no tiene mucho margen— para cerrar un acuerdo.

Más desapercibidas están pasando las negociaciones que mantiene Chipre con Reino Unido para aclarar qué va a suceder con las bases británicas en la isla.

Países totalmente de acuerdo

La mayoría de los países, entre ellos las dos grandes potencias, Francia y Alemania, han mantenido un apoyo cerrado a las negociaciones que Barnier conduce en nombre de toda la Unión Europea. Desde los tres países bálticos a Portugal, pasando por buena parte del centro europeo, 18 países mantienen su confianza en manos de la Comisión Europea y su negociador para lograr el mejor acuerdo posible y defender sus posiciones ante Reino Unido. En este grupo se encuentra Holanda, pese a ser un país crecientemente euroescéptico y el que mayor sintonía solía mantener con Londres.

Países contrarios

Buena parte de los sospechosos habituales conforman una pequeña minoría de cinco países que han protagonizado diferentes salidas de tono, que contradicen o ponen en entredicho la línea general marcada desde Bruselas. Eso sí, todos ellos entre bambalinas, en boca de diplomáticos o altos cargos, pero no a nivel de jefe de Estado o de Gobierno. El mayor de entre ellos en peso e influencia, Italia, es también hoy uno de los principales quebraderos de cabeza de la Unión Europea. Desde Roma se ha llegado a asegurar que la UE está tratando de "timar" a Reino Unido en las negociaciones.

En Visegrado, otro de los epicentros de las actuales controversias, también se han dado muestras de malestar. Los gobiernos de Polonia y Hungría, que mantienen un enfrentamiento abierto con Bruselas a cuenta del deterioro de sus democracias, han criticado también las negociaciones. Para Budapest, el Brexit es un "fracaso" de la Unión Europea. Y, además, ha mostrado su preferencia por estrechar lazos con Reino Unido una vez que abandone el club comunitario.

Polonia, por su parte, se siente incómoda con el hecho de que Irlanda tenga poder de veto sobre cualquier acuerdo del Brexit, pese a que una de las máximas de las negociaciones es que los socios europeos respaldan hasta el final y muestran toda su solidaridad con los países que tienen cuestiones propias abiertas con Reino Unido que hayan salido a la luz a raíz del Brexit, como España. República Checa, otro país conocido por su euroescepticismo, se mantiene por el momento en silencio.

Dinamarca, otro de los tradicionales aliados de Londres en la UE, también ha roto la unidad, en una cuestión especialmente delicada: la propuesta de 'chequers' de Theresa May. Esta, que recoge los planteamientos sobre los que el Gobierno británico espera lograr un acuerdo con sus socios europeos, ha sido ya rechazada por Barnier, por, entre otras cosas, no dar una solución realista al problema de la frontera entre Irlanda del Norte e Irlanda una vez que el primer territorio abandone la UE con el resto de Reino Unido.

Finalmente, en Grecia se reveló que un documento interno del Ejecutivo estimaba que el Brexit sería "catastrófico" para su economía, y abogaba por evitarlo. Un propósito un tanto difícil a estas alturas.

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