imágenes que incitan a otros a hacer el viaje

De la euforia de cruzar el Estrecho al cadáver flotando: los vídeos caseros de las pateras

Los 'sin papeles' marroquíes se graban a bordo de las pateras y también lo hacen los pasajeros de los ferris entre Algeciras y Tánger, revelando que el puerto marroquí es un coladero

Cruzar el Estrecho en una patera rumbo a España es, por lo menos en los primeros momentos, un jolgorio para los jóvenes marroquíes que embarcan. Dan gritos de alegría ("¡hala Madrid!"), canturrean, se abrazan o exhiben la bandera de su equipo favorito (WAC de Casablanca). A bordo hay también con frecuencia mujeres y niños que no se suman del todo a la fiesta.

Desde finales de la primavera, cuando se produjo el mayor repunte de la inmigración irregular hacia España, los jóvenes marroquíes —no así los subsaharianos— acostumbran a grabar con sus móviles lo que sucede a bordo de su embarcación cuando acaban de zarpar y los ánimos están aún muy altos. Después, los 'sin papeles' envían los vídeos a sus amigos y los distribuyen a través de las redes sociales. Para aquellos marroquíes que aún no se han puesto en camino, las imágenes del festejo a bordo constituyen, probablemente, un auténtico reclamo que les incita a seguir los pasos de sus compatriotas. La cara oscura de la inmigración irregular no circula tanto por las redes.

Los vídeos que ahora abundan en YouTube, Facebook o Daily Motion nos recuerdan que, aunque las televisiones españolas muestran más bien a inmigrantes subsaharianos, los marroquíes son la mayoría relativa de los que llegan por mar a las costas españolas: cerca de un 20% de los 28.620 'sin papeles' que desembarcaron hasta el 31 de agosto pasado, un 163% más que durante el mismo periodo de 2017. Si a esta cifra se añaden los inmigrantes que saltaron las vallas de Ceuta y Melilla, en los ocho primeros meses del año han entrado en España 33.195 inmigrantes irregulares.

A diferencia del Ministerio del Interior italiano, que informa a diario en su web del número de inmigrantes irregulares que han llegado e indica su nacionalidad declarada y el puerto de desembarco, el español proporciona pocos datos y además solo cada dos semanas. No revela, por ejemplo, las nacionalidades, para tratar de disimular la elevada proporción de marroquíes y no herir, quizá, la susceptibilidad del vecino.

El contrapunto a la alegría inicial de la travesía recogida por los vídeos lo ponen otras imágenes recogidas por pescadores, pasajeros de los ferris o los bañistas de las playas andaluzas. A veces la aventura de cruzar el Estrecho no es colectiva sino individual. Solo a bordo de una 'toy' (barca de juguete) aparece en medio del Estrecho un adolescente deshidratado y desorientado que sube a bordo de un pesquero español cuyos tripulantes cuentan ante la cámara que llamarán a Salvamento Marítimo para que se haga cargo del chaval.

Una lancha de la Guardia Civil lanza una cuerda a una patera de inmigrantes marroquíes frente a las costas de Tarifa, el pasado 27 de julio. (Reuters)
Una lancha de la Guardia Civil lanza una cuerda a una patera de inmigrantes marroquíes frente a las costas de Tarifa, el pasado 27 de julio. (Reuters)

El lado oscuro del viaje

Desde la cubierta de un ferri atracado en el puerto de Tánger-Med el domingo pasado, unos inmigrantes marroquíes graban y comentan atónitos en francés cómo se cuela un compatriota pese a los controles de acceso al embarque para Algeciras. El hombre va pegado al techo de una furgoneta blanca y, aunque revisan superficialmente el vehículo antes de que entre en el ferri, los vigilantes no le detectan. ¿Le habrá hallado la Guardia Civil al desembarcar en Algeciras?

A muchos de los que cruzan en pateras les rescata Salvamento Marítimo antes de que pongan pie en suelo español. A veces lo hace incluso en aguas marroquíes, irritando así a las autoridades de Rabat. Hay algunas pocas lanchas semirrígidas que desembarcan directamente en las playas andaluzas ante los bañistas atónitos, que las graban con sus móviles mientras otros llaman a la Guardia Civil. El arribo no siempre es tranquilo. Al saltar apresuradamente de la patera a un subsahariano le pilla la hélice. Las mujeres alarmadas pegan entonces gritos en la playa mientras que dos hombres en bañador se apresuran en ayudarle. Los demás pasajeros de la barcaza ni se percatan de lo sucedido y corren despavoridos sobre la arena.

La carrera de los subsaharianos obedece quizás a un movimiento impulsivo, pero carece de sentido. Si las fuerzas de seguridad españolas les apresan, comerán caliente, se les dará ropa seca, no dormirán a la intemperie y serán sometidos a una revisión médica. Ni siquiera, probablemente, ingresarán en los temidos centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) porque están saturados. Serán entregados a la Cruz Roja o a una ONG para que se haga cargo de ellos. Algunas les atienden lo mejor que pueden durante unas semanas y otras, desbordadas, les sufragan en Algeciras un billete de autobús hasta el lugar de España al que quieren viajar porque tienen allí un familiar o un amigo. Un buen número pone rumbo a Irún (Guipúzcoa), no porque cuenten allí con conocidos sino porque pretenden cruzar a Francia.

Los CIE están ante todo reservados para los que pueden ser expulsados, y hacerlo con los subsaharianos es difícil y costoso. En los CIE se aloja sobre todo a marroquíes y argelinos, porque ellos sí que tienen posibilidades de ser devueltos a sus países, aunque no al ritmo que le gustaría a Interior. Por eso, cuando ponen pie en la playa, marroquíes y argelinos son los que más corren, para evitar que la Guardia Civil les eche el guante.

Algunos 'harragas', como llaman en el Magreb a los 'sin papeles', nunca llegan a esa Europa en la que ansían empezar una nueva vida. Desde la cubierta de otro ferri, unos marroquíes rodeados de niños, cuyo griterío se escucha, enfocan el cuerpo sin vida de un 'sin papeles' que flota en las aguas del Estrecho. Lleva, aparentemente, un chaleco salvavidas que de poco le ha servido.

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