¿ES YA UN PARTIDO ABIERTAMENTE NEONAZI?

El nuevo rostro de la ultraderecha alemana: AfD, Pegida y "grupos civiles", codo con codo

Como demuestran las recientes marchas de Chemnitz, AfD tiene cada vez menos reparos en esconder sus relaciones con movimientos xenófobos y ultranacionalistas

Foto: Imagen de la marcha en Chemnitz (Mathhias Vollmer)
Imagen de la marcha en Chemnitz (Mathhias Vollmer)

Una quincena de hombres, vestidos con trajes oscuros, de mirada dura, escoltados por banderas de Alemania y guardaespaldas privados, y dos mujeres. Esa fue la primera fila de una nueva marcha ultraderechista celebrada el pasado sábado en la ciudad sajona de Chemnitz tras el asesinato de un ciudadano alemán de origen cubano, presuntamente a manos de un ciudadano sirio y otro iraquí.

Entre los quince hombres había destacadas figuras del movimiento islamófobo Pegida así como cinco líderes regionales del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). No era la primera vez que integrantes de Pegida y AfD marchaban juntos en una manifestación. Sin embargo, el pasado sábado destacó que no sólo miembros de federaciones de Alemania oriental, históricamente más radicales, sino también diputados procedentes de Berlín e incluso el presidente de la fracción parlamentaria de AfD en el estado occidental de Renania-Palatinado acudieran al llamado.

La figura central de la cabecera fue Björn Höcke, presidente de la fracción parlamentaria de AfD en el Estado de Turingia y líder indiscutible de Der Flügel (la fracción etnonacionalista y más radical del partido, que raya con el neonazismo). Höcke es considerado un poder en la sombra dentro del joven partido ultraderechista; sus posiciones son demasiado radicales como para liderar (de momento) la formación a nivel federal, pero es imposible gobernar el partido sin su beneplácito, como han demostrado los sucesivos congresos de AfD.

El objetivo declarado de Höcke es convertir AfD en un movimiento que rebase a la actual formación y en el que converjan diversas corrientes ultraderechistas e incluso neonazis. Tras la marcha del sábado en Chemnitz, en la que precisamente se unieron líderes regionales de AfD, seguidores del movimiento islamófobo Pegida, el movimiento civil ultraderechista Pro Chemnitz, neonazis, hooligans y autoproclamados “ciudadanos preocupados”, su objetivo parece ahora más cerca.

Björn Höcke, líder de AfD en Turingia, durante la marcha en Chemnitz de este sábado. (EFE)
Björn Höcke, líder de AfD en Turingia, durante la marcha en Chemnitz de este sábado. (EFE)

Hipernacionalismo étnico

Höcke no es una voz cualquiera dentro de AfD: pese a los intentos cada vez más infructuosos de la dirección federal del partido de mostrar una cara relativamente moderada, lo cierto es que el líder de AfD en Turingia tiene fuerte tirada entre las bases de la joven formación. Eso explicaría que el exdemocristiano Alexander Gauland, actual copresidente de AfD y padre ideológico de la formación, justifique una y otra vez los constantes acercamientos de Höcke a movimientos neonazis y también sus repetidas salidas de tono.

“Los países de África necesitan de las fronteras alemanas y europeas para alcanzar una política demográfica sostenible”, llegó a decir Höcke en una conferencia organizada en 2015 por el Instituto para la Política Estatal, uno de los bastiones intelectuales de las llamadas Nuevas Derechas alemanas. Höcke también dijo en enero del pasado año que el monumento a las víctimas del holocausto situado en el centro de Berlín era una “vergüenza” para Alemania.

Una pregunta se hace así inevitable: ¿se está convirtiendo AfD en una fuerza política abiertamente neonazi? Ante uno de los eslóganes coreados en las marchas ultraderechistas de la semana pasada en Chemnitz (“El sistema está acabado, nosotros somos el cambio”), el politólogo berlinés Hajo Funke, uno de los principales analistas de los movimientos ultraderechistas de Alemania, tiene cada vez menos dudas: “Este tipo de declaraciones podemos leerlas en las redes neonazis. AfD se ofrece a estas personas y a sus posiciones. Las relaciones son cada vez más estrechas. AfD ya ha desistido de mantener distancia con el movimiento Pegida”, dijo Funke en una reciente entrevista con un diario local alemán.

El politólogo se resiste, sin embargo, a calificar a AfD de partido neonazi, un adjetivo que de momento sigue estando reservado a formaciones históricas como el NPD (Partido Nacionaldemócrata Alemán), partido cada vez más arrinconado electoralmente por el avance de Alternativa para Alemania y por el voto útil que supone la joven formación ultra para los militantes del neonazismo.

Vigilancia de los servicios secretos

Por primera vez desde su fundación en febrero de 2013, y raíz de las marchas de Chemnitz, ciertas estructuras de AfD serán vigiladas por la inteligencia alemana. Así lo anunciaron esta semana los servicios de inteligencia del Estado federado de Baja Sajonia y de la ciudad-Estado de Bremen, que observarán a Jungen Alternativen (JA), las juventudes de AfD.

Las JA son una de las organizaciones del partido ultraderechista que muestran más indicios de tener lazos, por ejemplo, con el Movimiento Identitario, una organización juvenil alemana que disfraza su radicalismo xenófobo con un lenguaje moderno, intelectual e incluso con un activismo callejero que busca mimetizar la estética de los movimientos de extrema izquierda.“Las JA representan una visión del mundo en la que minorías como los refugiados o los homosexuales son sistemáticamente despreciadas y difamadas”, dijo el lunes de esta semana el ministro del Interior de Baja Sajonia, el socialdemócrata Boris Pistorius.

Por su parte, el ministro federal de Interior, el socialcristiano Horst Seehofer, no ve de momento razones para que los agentes de la Oficina Federal de Protección de la Constitución vigilen a AfD. En el último informe de esta institución, encargada de controlar a aquellos movimientos políticos o religiosos que presuntamente suponen una amenaza para el orden constitucional de la República Federal, AfD no aparece como objeto de vigilancia ni como organización sospechosa, sino simplemente como un elemento de movilización y “enemigo de primera clase” para la extrema izquierda.

Mientras, y a la espera del siguiente episodio que poder capitalizar políticamente, AfD sigue avanzando en las encuestas de intención de voto: si hoy se celebrasen elecciones regionales en los Estados federados de Baviera y Sajonia, los ultraderechistas podrían obtener un 14% y un 25% de los votos respectivamente. A nivel federal, AfD sigue peleando en las proyecciones electorales por convertirse en segunda fuerza más votada, por delante de la socialdemocracia del SPD, que actualmente gobierna en Gran Coalición con la unión conservadora (CDU-CSU) de la canciller Angela Merkel.

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