"o todos usan el estrecho, o ninguno"

Ormuz, embudo del petróleo mundial (o por qué la crisis con Irán no es una broma)

EEUU quiere que el resto del mundo deje de comprar hidrocarburos iraníes, y Teherán amenaza con cerrar el estrecho por el que pasa casi un 20% del petróleo mundial. Esta vez es diferente

Foto: Un cartel señala la localidad de Kumzar, en Omán, junto al estrecho de Ormuz. (Reuters)
Un cartel señala la localidad de Kumzar, en Omán, junto al estrecho de Ormuz. (Reuters)

“Los americanos han afirmado que quieren detener completamente las exportaciones de petróleo de Irán. No entienden lo que eso significa, porque para Irán no tiene sentido que su petróleo no sea exportado mientras lo es el del resto de la región”. Las palabras del presidente iraní, Hassan Rohaní, pronunciadas a principios de julio, pasaron más desapercibidas que sus advertencias de la semana pasada, en las que instó a EEUU a no jugar con fuego, porque “una guerra con Irán es la madre de todas las guerras” (y que motivó una encendida respuesta en Twitter por parte de Donald Trump, en mayúsculas).

Y sin embargo, para muchos analistas, es el primer discurso el que resulta más preocupante: lo que Rohaní plantea no es otra cosa que el bloqueo del estrecho de Ormuz, el cuello de botella de apenas 34 kilómetros de longitud que une el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo, y por el que pasa hasta el 40% del petróleo transportado por vías marítimas en todo el planeta, y hasta una quinta parte del crudo mundial. Pocos días después, el líder de los Cuerpos de Guardia de la Revolución Islámica o Pasdaran, el general Mohammad Ali Jafari, concretaba la amenaza: “Haremos que el enemigo comprenda que o todos pueden usar el estrecho de Ormuz, o ninguno”.

No es la primera vez que lo escuchamos: la 'opción Ormuz' ha resurgido en boca de los líderes iraníes de forma recurrente cada vez que han visto cernirse sobre ellos la amenaza de un ataque militar contra su territorio, por ejemplo en 2008 y 2011. Sin embargo, la mayoría de los expertos lo consideraban inviable, puesto que es también la vía por la que el mismo Irán exporta también su propio crudo.

Y sin embargo, ese es el factor que puede haber cambiado. Tras abandonar unilateralmente el acuerdo nuclear, la Administración Trump se encuentra inmersa en una campaña de presión, que incluye la imposición de sanciones económicas y la limitación de las opciones del régimen en sus transacciones comerciales. Washington ha declarado que, a partir de noviembre, penalizará a los bancos centrales de todos los países que adquieran petróleo iraní, dos millones de barriles al día que le suponen a Teherán unos ingresos de 50.000 millones de dólares anuales.

Aunque algunos países, como la India o Turquía, ya han señalado su disposición a rechazar las restricciones estadounidenses, la presión de Washington en ese sentido no es algo que se pueda tomar a la ligera. Y si Irán pierde sus mercados petrolíferos, podría ser la puntilla a sus finanzas, que ya pasan por una severa crisis que ha hecho que su moneda, el rial, haya perdido la mitad de su valor desde abril. El descontento crece, incluso entre las clases populares, que han sido tradicionalmente puntales de apoyo del régimen de los ayatolás. Y el cálculo de la Casa Blanca es precisamente ese: exacerbar el malestar castigando la economía, con la esperanza de provocar un colapso del sistema teocrático vigente desde 1979.

"El mundo depende de esa energía"

EEUU ya ha conseguido que Arabia Saudí se ofrezca a aumentar la producción para cubrir el vacío que dejarían los iraníes. Pero todo ese plan podría saltar por los aires si Teherán decide cerrar Ormuz: prácticamente toda la producción energética de Kuwait, Qatar, Bahréin e Irak pasa por allí —incluyendo las exportaciones de gas natural licuado (LNG) cataríes—, y una porción significativa de la de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. En 2016, unos 18,5 millones de barriles de crudo cruzaron esta vía, de acuerdo con la Administración de Información sobre Energía (EIA) de EEUU. Y aunque saudíes y emiratíes cuentan con sus propios oleoductos que les permiten transportar su crudo a otros puertos (los primeros, hasta el mar Rojo, y los segundos, hasta el golfo de Omán, más allá de Ormuz), un bloqueo de incluso unos pocos días dispararía los precios del barril y podría provocar una recesión económica mundial, según todas las estimaciones.

“Irán no necesita una fortaleza militar superior para cumplir su amenaza de interrumpir el flujo comercial en el estrecho. Podría dañar las embarcaciones comerciales con misiles antibarco baratos, patrulleras rápidas, submarinos y minas”, señala Rockford Weitz, director del Programa Fletcher de Estudios Marítimos de la Universidad Tufts (EEUU). De hecho, ya sucedió durante el enfrentamiento militar entre Irán e Irak en la década de los ochenta, en un conflicto que se llamó 'la guerra de los petroleros', en el que cada país trataba de hundir los cargueros del enemigo. Para evitar ser atacados, los barcos kuwaitíes empezaron a navegar bajo bandera estadounidense, y aunque no se interrumpió totalmente el flujo de crudo, los seguros para las embarcaciones que operaban en esta zona subieron un 400%, lo que provocó un incremento del precio del combustible en todo el mundo.

“Irán tendría problemas en detener todos los envíos a través del estrecho. Los cargueros modernos son gigantescos y difíciles de inhabilitar. A diferencia de los años ochenta, la mayoría de los petroleros tienen cascos dobles, lo que los hace mucho más difíciles de hundir”, indica Weitz. “Dicho esto, incluso las amenazas y la interrupción modesta de la navegación comercial podrían disparar un daño económico en forma de mayores tasas para los seguros marítimos, preocupación sobre el suministro de crudo e inquietud en las bolsas”, concluye.

La apuesta es tan alta que la Armada de EEUU tiene planes listos para desbloquear rápidamente por la fuerza esta vía marina si es necesario. “En caso de que Irán elija cerrar militarmente el estrecho de Ormuz, EEUU y nuestros aliados árabes del golfo serían capaces de reabrirlo en cuestión de días”, ha señalado el exalmirante James Stavridis, antiguo comandante supremo de la OTAN y jefe del Mando Europeo estadounidense, en una entrevista con CNBC. El secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, ha afirmado que este bloqueo “tendría obviamente una respuesta internacional para reabrir los canales marinos con lo que haga falta, porque la economía del mundo depende de esa energía”.

Dos mujeres pasan por delante de un mural en homenaje a los mártires en Teherán, el 22 de julio de 2018. (EFE)
Dos mujeres pasan por delante de un mural en homenaje a los mártires en Teherán, el 22 de julio de 2018. (EFE)

¿Mirando al estrecho equivocado?

La Administración Trump estudia ahora qué medios militares serían necesarios para mantener abiertos este y otros canales marítimos, según ha informado la CNN, aunque funcionarios estadounidenses citados por la cadena aseguran que, en caso de un ataque, serían los aliados de EEUU en la región, como Arabia Saudí, quienes lo llevarían a cabo, no las fuerzas norteamericanas. Las tropas podrían formar parte de la alianza militar regional que se está fraguando a instancias de Riad, la Alianza Estatégica de Oriente Medio (MESA), conocida coloquialmente como la OTAN árabe. Los representantes de MESA, de hecho, tienen previsto mantener una cumbre en Washington los próximos 12 y 13 de octubre.

Porque Ormuz ya no es ni siquiera la única preocupación de los miembros de dicha alianza. En otros puntos, como el estrecho de Bab el Mandeb —situado entre la esquina sur yemení y la costa africana—, el bloqueo ya es una realidad: el pasado 26 de julio, dos petroleros de la compañía Saudi Aramco fueron atacados por los rebeldes hutíes de Yemen, lo que llevó a esta empresa a detener todos sus envíos a través de ese estrecho. Aunque EEUU acusa a Irán de apoyar a los hutíes, se desconoce si Teherán se encuentra detrás del ataque. Pero el alcance de la amenaza ha quedado claro: en caso de enfrentamiento, los iraníes podrían fácilmente interrumpir también el paso en Bab el Mandeb, por el que pasa a su vez casi el 5% del petróleo mundial.

El impacto de cerrar estos estrechos dependería en gran medida de la duración del bloqueo: los miembros de la Agencia Internacional de la Energía —casi todos los países desarrollados— están obligados a mantener reservas para al menos 90 días, y EEUU tiene considerablemente más, pero China apenas tiene para 34 días, e India solo tiene para 10 días. “Las economías de China, Japón, Corea del Sur y la UE se verían directamente amenazadas. EEUU, ahora un productor principal de crudo, sigue siendo un importador neto, pero sufriría menos, mientras Rusia se beneficiaría enormemente”, apunta Robin Mills, analista energético y director ejecutivo de la firma Qamar Energy. Además, indica, “crearía más problemas para el gas natural licuado que para el petróleo. Qatar exporta un cuarto de las reservas de LNG, todas a través de Ormuz, y países como Corea del Sur, Japón y Taiwán dependen totalmente de las importaciones de LNG para su gas. Rusia aprovecharía la oportunidad de incrementar sus suministros a Europa, aumentando su influencia geopolítica”.

Una iniciativa de ese tipo sería casi suicida: el resultado inmediato sería una guerra, en la que Irán tendría muy pocas probabilidades de salir bien parado. Nadie espera que el régimen iraní vaya a ir tan lejos. A no ser que esté totalmente acorralado, al borde del colapso y sienta que no tiene otra opción. Exactamente el punto al que quiere llevarlo la Administración Trump, que parece más enfocada en la caída de los ayatolás que en las posibles consecuencias. El portavoz de la Guardia Revolucionaria, el comandante Yidallah Javani, ha vuelto a asegurar que van en serio: "Cuando un país amenaza a Irán y apunta la idea de que puede bloquear las exportaciones de petróleo iraní si quiere, la amenaza recíproca de Irán es una amenaza real".

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