“El nuestro funcionó con estándares internacionales"

Uno de los padres de la independencia de Eslovenia: “No se puede comparar con el 1-O"

España es una democracia, no un régimen totalitario. Los serbios fueron los primeros en saltarse la Constitución yugoslava. Y una amplia mayoría de los eslovenos se decantaba por la independencia

Foto: Matjaž Šinkovec, el padre de la independencia eslovena. (Reuters)
Matjaž Šinkovec, el padre de la independencia eslovena. (Reuters)

Es posible que no sepa quién es Matjaž Šinkovec. Pero algunos catalanes sí lo tienen muy presente. Su firma es la primera que figura en la Declaración de Soberanía con la que Eslovenia puso, en julio de 1990, la primera piedra legal hacia su independencia. Sinkovec también bautizó a DEMOS, la exitosa coalición independentista en la que se inspiró la catalana Junts pel Sí. Y fue una pieza clave en la búsqueda de apoyos internacionales para Liubliana.

El diplomático esloveno, que habla desde su experiencia personal y no como portavoz de su país, no esconde su simpatía por los movimientos de autodeterminación, como tantos de sus compatriotas. Y cree que se puede comparar, pero solo de manera “superficial”, la situación de Cataluña con la que vivía la República Eslovena dentro de Yugoslavia. ¿Por qué? Por tres motivos: las aspiraciones de autogobierno en Cataluña, la oposición del Gobierno central y la visión de la comunidad internacional de que el conflicto es un “asunto interno”.

A partir de ahí, las diferencias afloran. España es una democracia, no un régimen totalitario. Los serbios fueron los primeros en saltarse la Constitución yugoslava en su provecho. Y una amplia mayoría de los eslovenos se decantaba por la independencia. Tras la declaración de Carles Puigdemont de una 'independencia unilateral' inmediatamente suspendida, no se deja de hablar de la vía eslovena. Pero ¿se puede comparar la piedra fundacional, el 1-O, con el referendo esloveno? "Realmente no”, dice Šinkovec.

“El nuestro funcionó de acuerdo con estándares internacionalmente aceptados, sin ninguna interferencia externa, y logramos un resultado histórico extremadamente claro, abrumador. Hasta donde yo entiendo, el catalán no mostró un apoyo tan abrumador”, añade. El 23 de diciembre de 1990, un 93,2% de los electores eslovenos se acercaron a las urnas y 88,5% se pronunciaron a favor de la independencia.

Inspiración para el 'procés'

Hace unos seis meses, a Šinkovec le contactó un político catalán “interesado en la experiencia eslovena”. Se trataba de un eurodiputado —podría ser Jordi Solé, de ERC, quien figura entre sus contactos de una red profesional— que le pidió información sobre cómo habían gestionado su salida de Yugoslavia. “Definitivamente, no quería enseñar nada a nadie, pero planteé unos puntos que habían funcionado bien en Eslovenia”, dice.

El primero de ellos era la importancia de tener “una ley clara de referendo, para que el resultado se entendiera universalmente como la voluntad del pueblo”. Y el segundo, “dar garantías a los ciudadanos de diferente etnia” a la de la mayoría de que el nuevo país sería el suyo también. Ante esto, su interlocutor le respondió que "todos los que viven en Cataluña son catalanes”, rememora Šinkovec.

El que fue cofundador del Partido Esloveno Social Democrático, de corte liberal-conservador, también considera fundamental contar con apoyos internacionales. Cuando se le dice que, en el caso de Cataluña, la mayoría de los países se mantienen en la línea de pedir respeto para el Estado de derecho español, Šinkovec apunta que “con dialogo, negociaciones, mediación, arbitraje”, podrían ganarse respaldos.

El diplomático también propone otra medida que a día de hoy ya resulta conocida en España: una “moratoria de seis meses”. Esa es la fórmula que Eslovenia aplicó, con la idea, explica, de dar margen a mantener un diálogo con las autoridades yugoslavas. Sin éxito, añade.

“La falta de diálogo y la presión ayudaron”

En el camino a la independencia de Eslovenia hubo varios momentos clave. Uno de ellos fue la victoria de la coalición independentista DEMOS en las elecciones de 1990. Otro, los meses que siguieron a la declaración de independencia. “Permítame ser claro, la presión de Belgrado, especialmente por el líder serbio Slobodan Milošević, ayudó. Era fácil para la gente darse cuenta de cómo era la realidad en el otro bando”, afirma Šinkovec.

La guerra de los 10 días, cuando las fuerzas yugoslavas entraron en Eslovenia para sufrir una derrota que dejó en torno a 74 muertos y 300 heridos, fue la puntilla. “El flagrante ataque militar de un gran Estado totalitario a un pequeño Estado democrático finalmente despertó, no solo a nuestros vecinos, sino a toda la Comunidad Europea”, asegura Šinkovec. Cuando se le pregunta si esperaban un ataque militar, asegura que no, solo “algún incidente”. “Fuimos un poco ingenuos”, reconoce.

Un encaje en la UE

La UE ha advertido a Cataluña de que si separa de España quedará fuera de la Unión. Y sin embargo, Šinkovec es de la opinión de que si el proceso siguiera adelante, esta no sería su última palabra. “La UE no puede echar a siete millones de catalanes. Si la cosa fuera para delante, habría soluciones”, apunta. Sobre cómo podría independizarse Cataluña de España, siendo esta miembro de la UE, cree que como tantas otras cuestiones políticas, habría que buscar un modo.

Šinkovec, avisa él mismo, no es un experto en el caso y no se considera quién para decir a nadie lo que tiene que hacer. Pero, a la pregunta de sobre qué aconsejaría al Gobierno español y al catalán, no duda en recetarles la misma píldora: “Dialogar”.

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