el partido del que depende no quiere una salida abrupta

Theresa May, dispuesta a poner en peligro el Brexit duro por salvar su carrera política

La líder 'tory' es consciente de que su supervivencia política más inmediata depende de los 10 diputados que los unionistas han recabado en la Cámara de los Comunes

Foto: La primera ministra británica, Theresa May. (EFE)
La primera ministra británica, Theresa May. (EFE)

Cuando Theresa May anunció en abril elecciones generales, nadie reparó en una pequeña formación norirlandesa con presencia en ese momento de tan solo 8 diputados en Westminster. Y sin embargo ahora, el Partido Unionista Democrático (DUP, en sus siglas en inglés) se ha convertido en el gran protagonista no solo del Reino Unido sino de la Unión Europea. Está en sus manos, al fin y al cabo, que la líder 'tory' pueda formar gobierno y sentarse el próximo 19 de junio en Bruselas para comenzar las complicadas negociaciones del Brexit.

Tras perder su mayoría absoluta en unos comicios que ponen ahora su liderazgo contra las cuerdas, May se esforzó este viernes en elogiar a sus “amigos y aliados” en la breve comparecencia que realizó a las puertas de Downing Street, donde pocos confían en que vaya a estar los próximos cinco años.

Todo tiene un precio y la "alianza" de Theresa May con los unionistas pone ahora en peligro su mayor tesoro: la promesa de un Brexit duro

El plan de la premier descarta coaliciones. Ella quiere gobernar en minoría y contar con el respaldo del DUP. Pero todo tiene un precio y la “alianza” con los unionistas pone ahora en peligro su mayor tesoro: la promesa de un Brexit duro, la misma que ha repetido hasta la saciedad en una campaña nefasta, la misma que ahora sus propias filas culpabilizan de la pérdida de escaños.

Aunque el DUP fue el único partido norirlandés que hizo campaña por la salida del bloque comunitario en el referéndum del año pasado, su líder Arlene Foster en ningún momento se planteó la salida del mercado único, por lo que no está dispuesta a dar ahora carta blanca a la premier.

“Nadie quiere ver un Brexit duro, lo que queremos es un plan viable para salir de la Unión Europea, es por eso por lo que votó la gente y es por eso por lo que nosotros vamos a trabajar”, ha señalado en una entrevista con Sky News. “Debemos hacerlo de una manera que respete las circunstancias específicas de Irlanda del Norte y, por supuesto, nuestra historia y geografía compartidas con la República de Irlanda”, agregó.

Ahí está la clave, la pequeña provincia británica sería una de las más afectadas si vuelven a imponerse las fronteras. Un tercio de sus exportaciones en 2015 (2.380 millones de euros de los 4.080 millones del total) fueron a la República de Irlanda (el comercio con Reino Unido no se considera exportación).

Las fronteras en la provincia británica tienen un significado político muy especial. Tras décadas de enfrentamientos entre católicos y protestantes nadie quiere poner ahora en riesgo el Acuerdo de Paz de Viernes Santo. Evitar una frontera dura entre Belfast y Dublín es una de las prioridades marcadas precisamente por Bruselas a la hora de sentarse a hablar con May.

En este sentido, el Parlamento británico ha recogido en sus recomendaciones para el Brexit que, si se dan las circunstancias, sería posible admitir un referéndum para una potencial unificación de la isla de Irlanda, pero el DUP no aceptaría nunca un punto de partida que abriese la puerta a la separación de Reino Unido.

Hay que tener en cuenta que un tercio de las exportaciones norirlandesas en 2015 fueron a la República de Irlanda

La paradoja de la posición unionista en torno a la salida comunitaria es que, aunque quieren fluidez de movimiento en materia de fronteras, sí apuestan por un Brexit duro en cuestión económica, con el abandono de la unión de aduanas y la preferencia por tratados de libre comercio con el resto del mundo, dos aspiraciones con las que coinciden con los conservadores. El problema es que ambos tienen pendiente aclarar qué sistema planean para materializar sus ambiciones en la materia.

A su favor, la primera ministra británica tiene la inquina, rozando con la fobia, que los unionistas sienten hacia sus rivales laboristas por contar con un líder, Jeremy Corbyn, al que no perdonan su polémica connivencia con la causa del IRA y su supuesta suavidad en materia de seguridad.

El líder del Partido Laborista británico, Jeremy Corbyn. (Reuters)
El líder del Partido Laborista británico, Jeremy Corbyn. (Reuters)

En contra de la premier, el DUP podría aprovechar su privilegiada posición para recabar concesiones del Gobierno británico, del que podrían demandar una mayor inversión en el Ulster, así como el compromiso de suplir los fondos comunitarios que se pierdan una vez Reino Unido haya segado lazos con Bruselas.

En definitiva, las cosas no se presentan fáciles para May. La líder 'tory', que en las generales ha perdido 12 escaños, es consciente de que su supervivencia política más inmediata depende de los 10 diputados que los unionistas han recabado en la Cámara de los Comunes, 2 más que en 2015.

Sin embargo, se antoja complicado que con semejante inestabilidad vaya a poder afrontar ahora el reto sin precedentes de sacar al país del bloque comunitario tras más de cuatro décadas de relación. Si el Brexit finalmente sale adelante, con las circunstancias actuales, se prevé más un “Brexit blando” que el plan inicial que había previsto la premier en abril. Entonces sacaba hasta 22 puntos de ventaja a los laboristas, pero ahora su liderazgo ha quedado más debilitado que nunca ante Bruselas y sus propias filas.

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