condenado en un juicio que ha durado 8 años

Condena histórica a Karadzic, el poeta psicólogo que llevó a su pueblo al desastre

Fue uno de los impulsores de la guerra de Bosnia. Deshonesto, carismático, audaz, Radovan Karadzic fue el hombre más buscado del mundo hasta que llegó Bin Laden

Foto: Hinchas del Partizan de Belgrado agitan una foto gigante de Karadzic durante un partido, en julio de 2008 (Reuters)
Hinchas del Partizan de Belgrado agitan una foto gigante de Karadzic durante un partido, en julio de 2008 (Reuters)

Una tarde de 1992, el director de cine Paul Pawlikowski logró persuadir a Radovan Karadzic de que se pusiese delante de su cámara y tocase la 'gusla', un instrumento tradicional serbio de cuerda, y cantase para él algunas canciones épicas. El asedio de Sarajevo cobraba cuerpo, y los milicianos serbobosnios, bajo el mandato de Karadzic, se afianzaban en grandes franjas territoriales de Bosnia. A costa, a menudo, de las vidas de sus habitantes no serbios. El sentimiento y la sensibilidad desplegados por el líder serbobosnio en aquella ocasión contrastan con la brutalidad desplegada por sus subordinados en los crímenes por los que hoy ha sido condenado a 40 años de cárcel por el Tribunal Internacional para la Antigua Yugoslavia, tras un juicio que ha durado ocho años.

La mayoría de las personas cercanas a él le consideran un poeta, un intelectual: tiene publicados ocho libros, tres de ellos mientras se encontraba buscado por la comunidad internacional. Las letras, dicen, le son necesarias; por ello, cuando los servicios de inteligencia occidentales le seguían la pista, prestaron mucha atención a las suscripciones de periódicos y revistas o la presencia de antenas satelitales de televisión en chozas humildes, ambas cosas inusuales en la Bosnia rural en la que sus perseguidores creían que se ocultaba.

Aunque no fue de esta forma como se capturó a Karadzic.

Su padre, Vuko, luchó en las filas de los nacionalistas 'chetniks' serbios en la Segunda Guerra Mundial, por lo que tras la victoria de los partisanos de Tito fue encarcelado durante muchos años, algo que dejó mella en el joven Radovan. Tras estudiar psicología en Sarajevo, empezó a trabajar en un hospital de dicha ciudad, donde comenzó a manifestarse otro de los rasgos principales de su personalidad, su falta de honestidad: según algunos testimonios de quienes le conocieron, Karadzic no dudaba en sacarse un sobresueldo expidiendo bajas médicas a aquellos trabajadores dispuestos a pagar por ellas.

Karadzic, tras su detención por fraude en 1984
Karadzic, tras su detención por fraude en 1984

Sus compañeros no eran mejores: junto a un amigo empresario, solicitó un préstamo de un fondo de desarrollo agrícola que ambos utilizaron para construirse casas de vacaciones en Pale, una ciudad de mayoría serbia en las cercanías de Sarajevo. Ambos acabaron encarcelados por fraude, lo que alimentó el resentimiento de Karadzic contra el estado yugoslavo. Corría el año 1984.

Faltaba poco para la implosión de Yugoslavia. En 1989, Karadzic fue uno de los fundadores del Partido Democrático Serbio (SDS) en Bosnia, una formación que buscaba unir a los serbobosnios en sus objetivos nacionalistas, y que se preparaba para una posible ruptura del país. Cuando esta se consumó en 1991, los líderes del SDS se negaron a permanecer en una Federación de Bosnia-Herzegovina, y proclamaron su propio estado, la República Srpska. Pero para que este fuera viable, había que establecer unas fronteras en las que no tenían cabida los miembros de otras minorías, quintacolumnistas potenciales. Había nacido el concepto de “limpieza étnica”, probablemente acuñado por el propio Karadzic.

Karadzic junto al general Ratko Mladic, 'el Carnicero de los Balcanes', en abril de 1995 (Reuters)
Karadzic junto al general Ratko Mladic, 'el Carnicero de los Balcanes', en abril de 1995 (Reuters)

Curandero, escritor y músico

A partir de entonces, las tropas serbobosnias bajo su mando sembraron el terror en Bosnia, castigando Sarajevo y asesinando a miles de musulmanes bosnios, croatas o serbios moderados, en una campaña de terror que duró mil días. Los supervivientes fueron expulsados de sus pueblos, y sus casas fueron destruidas para que no pudiesen volver. Entre estas atrocidades destaca con nombre propio una: Srebrenica, donde alrededor de 8.000 musulmanes fueron masacrados, siguiendo órdenes de Karadzic, según ha considerado probado el Tribunal Internacional.

A pesar de ello, siguió siendo el líder indiscutido de la comunidad serbobosnia, y como tal se sentó a las diversas mesas de negociaciones, hasta que en 1996 su implicación en presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad le obligó a ocultarse, primero en la República Srpska y después en la propia Serbia, donde contaba con numerosos partidarios.

Fueron sus simpatizantes en los propios servicios de inteligencia serbios, al parecer, quienes le prepararon la identidad bajo que la que se ocultaría los años siguientes: un harapiento y barbudo curandero llamado Dragan Davic, especialista en terapias alternativas, que llegaría a hacerse inmensamente popular. Incluso creó su propia web y escribió columnas en revistas especializadas, siempre bajo su seudónimo. A medida que su confianza crecía, llegó a tocar la 'gusla' en un bar frecuentado por nacionalistas serbios y veteranos de guerra. Su tapadera era tan sólida que una de sus vecinas en Belgrado, una agente de Interpol encargada de localizar a criminales de guerra, jamás le reconoció.

Karadzic, durante una aparición pública como el curandero Dragan Dabic (Reuters)
Karadzic, durante una aparición pública como el curandero Dragan Dabic (Reuters)

Tal vez nunca le habrían atrapado de no ser por un error: una noche, su hermano Luka llamó a uno de los teléfonos utilizados por los guardaespaldas de Karadzic y habló con él. La llamada fue rastreada, y los investigadores pudieron localizar el edificio donde residía el líder serbobosnio. Fue detenido mientras trataba de huir discretamente en su coche.

Durante el juicio, exigió representarse a sí mismo, afrontando 11 cargos de genocidio, exterminio, y crímenes de guerra y de lesa humanidad, entre otros. Ha sido considerado culpable de todos, excepto uno. A pesar de ello, todavía hay quien admira a Karadzic. La semana pasada, el nuevo presidente serbobosnio, Milorad Dodik, inauguró una residencia estudiantil que lleva su nombre, declarando que el juicio en La Haya es “una humillación”.

Mientras tanto, la República Srpska es una entidad empobrecida que no termina de entenderse con su contraparte en la Federación de Bosnia y Herzegovina, donde los fantasmas de la guerra no han desaparecido, e incluso amenazan con provocar nuevos conflictos. ¿Hubiera sido diferente el destino del pueblo serbobosnio si hubiesen tenido otro líder diferente? Es difícil decirlo. Pero el hecho es que, para bien o para mal, quien estaba era Karadzic, el poeta psicólogo que les llevó a la guerra.

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