EL VIAJE DE UN JOVEN DESDE GAZA HASTA ITALIA

¿Por qué arriesgarse a morir en el mar? “Sólo quiero vivir como un ser humano”

A sus 17 años, Yusuf ha sobrevivido a un secuestro, palizas y al hambre. Huyó de la guerra y la pobreza, como la mayoría de refugiados de Siria, Somalia o Eritrea que intentan alcanzar Italia

Foto: Personas desembarcadas en Augusta el 16 de abril descansan tras ser rescatadas (Reuters).
Personas desembarcadas en Augusta el 16 de abril descansan tras ser rescatadas (Reuters).

Mientras Europa es acusada de “cerrar los ojos” a las trágicas muertes de centenares de personas desesperadas por entrar en Europa, un joven de Gaza que llegó hasta Lampedusa ha contado a la organización Save The Children su desgarradora historia. A sus 17 años, Yusuf ha sobrevivido a un secuestro, ha recibido palizas, ha sido encarcelado y ha pasado hambre en su lucha por llegar al viejo continente en pos de una vida mejor. Huyó de la guerra y la pobreza, como la mayoría de refugiados procedentes de Siria, Somalia, Eritrea o Sudán del Sur que intentan alcanzar Italia. Además de la explotación y el abuso que padecen en tierra de manos de los traficantes de personas, los inmigrantes se enfrentan a un peligroso viaje por mar que este mismo domingo se cobró la vida de 950 personas.

“Mi familia está en Gaza. No somos una gran familia: tengo una madre, un padre y una hermana pequeña, dos años menor que yo. Mi hermano murió durante la última guerra. Mi padre está muy enfermo y apenas puede andar; tiene un tumor en una mano. A mi primo lo mató un francotirador… Dejé Gaza por la guerra. Todo lo que me rodeaba era guerra y muerte, quería cambiar mi vida, encontrar una nueva vida. Desde hace años no he podido ir a la escuela, así que solo estudié durante dos años. Lo único que sé escribir es mi nombre”, cuenta Yusuf.

“Salí de Gaza acompañado de mi mejor amigo y viajamos a lo largo de la frontera hasta Líbano. Le conozco desde que éramos muy, muy pequeños. Cuando llegamos a Líbano nos quedamos con unos familiares, que viven en un campo de refugiados. Mi amigo y yo queríamos llegar a Europa, pero nos secuestraron. Nos metieron en una celda y, la verdad, no sé cuánto tiempo pasamos allí. Estaba muy oscuro y era muy difícil distinguir el día de la noche. Puede que estuviésemos dos semanas, puede que fueran dos meses”, cuenta Yusuf.  

Adolescentes en un centro de internamiento de Caltagirone, Sicilia (Reuters).
Adolescentes en un centro de internamiento de Caltagirone, Sicilia (Reuters).

“Grababan palizas para mandárselas a mi familia”

“Los secuestradores nos exigían 1.000 dólares (670 euros) para ponernos en libertad. Nos amenazaron con matarnos si no pagábamos. Grabaron vídeos de las palizas que nos pegaban y se los enviaron a mi familia. Nos metieron en sacos que nos ataban hasta la barbilla. Incluso vi a una persona a la que le habían arrancado las uñas”, explica.

Finalmente, la familia de Yusuf pagó los 1.000 dólares y sus secuestradores le dejaron marchar. “Nos quedamos  en Líbano durante dos meses. Tenía muchísimo miedo de los grupos armados. Las mujeres que vivían en campos de refugiados corrían un grave peligro, algunas de ellas eran violadas”.

“Terminamos conociendo a unos traficantes con lo que viajamos en camión desde Khartoum hasta Libia. Hicimos el viaje en un camión descapotado en el que viajaban alrededor 30 personas. El camión iba muy rápido, a unos 160 kilómetros por hora; si te caías te abandonaban en el desierto. Tres palestinos se cayeron del camión y nadie paró o regresó a por ellos. En el desierto estábamos con muchas más personas de diversas nacionalidades. Nos dieron agua en una lata para que bebiéramos, pero en el agua había restos de gasolina. Nos daban de comer una vez al día. Se suponía que de un plato pequeño debíamos comer diez personas. Teníamos tanta hambre que pronto nos vendieron harina para que hiciésemos pan nosotros mismos. Nos cobraban 50 dólares (33 euros) por la harina. Algunos murieron de hambre y sed durante el viaje”, asegura Yusuf.      

"Quiero tener un futuro"

Pese a todas las penalidades, el joven logró llegar a Libia, principal punto de partida de los inmigrantes que intentan alcanzar las costas de Europa. “En Libia nos robaron todas nuestras pertenencias, como la ropa o los zapatos. Encontramos a unos traficantes (de personas) que nos aseguraron que nos llevarían hasta Italia. Nos dieron ropa, y les pagamos otros 1.000 dólares por el viaje. Así, nos subieron a un barco cuyo ‘capitán’ aseguró que nos llevaría a Italia. Tuvimos que comprar nuestros propios chalecos salvavidas –aquellos que no podían permitírselo se quedaron sin él-. Había unas 250 personas en el barco, que tenía dos niveles. A los africanos los ponían en el nivel más bajo”, cuenta Yusuf a Save The Children.

“Los traficantes tenían armas y si te escuchaban hablar te amenazaban con arrojarte por la borda y dispararte. Nos amenazaban constantemente con sus pistolas. El viaje hasta Italia duró 13 horas. El barco se detuvo en dos ocasiones porque tenía problemas. De hecho, en cuanto partimos de Libia empezaron los problemas mecánicos. Las mujeres y los niños lloraban, pero uno de nosotros logró arreglar el motor. A veces, cuando el agua entraba en el barco, la sacábamos con nuestras propias manos. Pensábamos que nos hundiríamos. El ‘capitán’ llamó a la Guardia Costera italiana para que nos rescatasen. Pero después, los traficantes dispararon a los rescatadores porque querían recuperar el barco y volver a utilizarlo”, continúa el joven de Gaza.

Finalmente, tras ser rescatado por las autoridades italianas, Yusuf llegó hasta Lampedusa. Asegura que se siente a salvo en el centro de internamiento de inmigrantes, porque “no escucha el sonido de disparos”. Pero le preocupa no poder continuar su viaje hasta Alemania, donde residen unos primos suyos. La travesía hasta Italia le costó un total de 4.000 dólares (2.700 euros). “Si mi madre no hubiera vendido todas sus joyas hoy no estaría aquí”, dice. “Tenía dos opciones. Quedarme en Gaza y morir o arriesgarme e intentar llegar a Europa. Quiero tener un futuro. Quiero ayudar a mi familia, especialmente a mi hermana. Y quiero que todos conozcan mi historia, contársela al mundo para que esto no vuelva a suceder. Solo quiero vivir como un ser humano”, concluye.

 

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