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Una tarde con los indigentes del Papa Francisco: “Bergoglio es un grande”
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PLAN DEL PONTÍFICE PARA LOS VAGABUNDOS DE ROMA

Una tarde con los indigentes del Papa Francisco: “Bergoglio es un grande”

El Papa Francisco se ha implicado de forma personal en la suerte de los vagabundos de Roma. Los indigentes personifican su voluntad de conseguir una Iglesia “pobre y para los pobres”

Foto: El Papa junto a tres indigentes con los que comió en su cumpleaños en la Domus Santa Marta, la residencia vaticana (Efe).
El Papa junto a tres indigentes con los que comió en su cumpleaños en la Domus Santa Marta, la residencia vaticana (Efe).

Los soportales situados al final de la Via de la Conciliazione, al lado de la plaza de San Pedro del Vaticano, se convierten cada noche en un dormitorio. A un lado de la calle, junto a la sala de prensa de la Santa Sede, duermen cinco o seis personas, en su mayoría polacos e italianos. Al otro lado, delante de una librería religiosa, se colocan otra media docena de indigentes, sobre todo rumanos. Son los sin techo del Papa Francisco: personifican su voluntad de conseguir una Iglesia “pobre y para los pobres”, como anunció pocos días después de su elección como obispo de Roma.

“Hay mucha expectación por la apertura de las duchas y del servicio de peluquería”, cuenta Mauro a El Confidencial. Lleva un mes en la calle, aunque en otros períodos de su vida también se encontró en la misma situación. “Para bañarnos teníamos que ir hasta ahora a las parroquias que ofrecen este servicio, pero están muy lejos y siempre hay que esperar mucho. Francisco es un grande. Es estupendo que haya tomado esta decisión. Así podremos ir más limpios y, tal vez, tengamos más oportunidades de encontrar un trabajo y de salir de la calle”, dice este italiano de 49 años que se dedicaba a recoger chatarra.

En Navidad regaló una felicitación con billetes de metro y una tarjeta telefónica para que llamaran a sus familias

Las tres duchas construidas en uno de los baños para peregrinos bajo la Columnata de Bernini, con un servicio gratuito de peluquería y de entrega de ropa limpia, forman parte de una iniciativa del Papa para mejorar la atención a los mendigos de Roma. Se han sumado diez parroquias de la ciudad, en las que se han habilitado espacios para que los indigentes puedan asearse. Francisco ejerce su caridad a través de la Limosnería Apostólica, liderada por el arzobispo polaco Konrad Krajewski, quien ha revolucionado este organismo que servía hasta hace poco de retiro dorado para prelados al final de su carrera.

Las obras para instalar las duchas se han pagado principalmente con la venta de las bendiciones apostólicas que edita la Limosnería. Estos pergaminos antes podían comprarse en muchas de las tiendas del entorno del Vaticano, pero Jorge Mario Bergoglio acabó con este negocio para que todo el dinero fuera a parar a los pobres.

Cumpleaños con tres ‘sin techo’

A Krajewski es habitual topárselo dando vueltas en el entorno de la plaza de San Pedro, caminando o conduciendo su furgoneta para encontrarse con los indigentes. Ha tenido numerosos gestos de caridad en nombre del Papa en estos casi dos años de pontificado. La pasada Semana Santa entregó más de 100 sobres que contenían entre 40 y 50 euros, mientras que en Navidad de 2013 regaló una felicitación de Bergoglio acompañada de varios billetes de metro y de una tarjeta telefónica para que pudieran llamar a sus familiares. Estas últimas Pascuas, optó por celebrar una lotería en la que se podía conseguir algunos de los regalos que le habían hecho durante el año las autoridades al Pontífice. El billete costaba 10 euros destinados a obras de caridad.

Francisco también se ha implicado personalmente, como cuando se llevó a tres sin techo en diciembre de 2013 a que comieran con él el día de su cumpleaños en la Domus Santa Marta, la residencia vaticana donde vive. Los últimos gestos han sido los 400 sacos de dormir que fueron regalados a indigentes de Roma hace dos meses, cuando cumplió 78 años, y los 300 paraguas que les entregaron la semana pasada. Pertenecían a turistas y peregrinos que se los olvidaron en los Museos Vaticanos y en la basílica de San Pedro.

“Aquí los paraguas aún no los hemos visto. Igual nos los traen cuando se acaben las lluvias y empiece a lucir el sol para que los utilicemos de sombrilla”, bromea el polaco Christoph, quien lleva tres años en la calle. “Es cierto que nos están tratando muy bien últimamente, pero no me gusta toda la publicidad que se está dando Krajewski. Estas cosas no hay que hacerlas para que se vean”. Comparte un cartón de vino y el soportal donde pasa la noche con un compatriota que lleva seis años como indigente y que asegura llamarse también Christoph. “Con el Papa estamos encantados. Queremos ir ahora todos juntos a una audiencia a darle las gracias por lo que está haciendo por nosotros”.

Este segundo Christoph en un tipo enjuto y bien educado que pide permiso antes de fumarse un cigarrillo y pregunta si sabemos de alguien que necesite un jardinero. “Yo antes trabajaba en un picadero, pero un caballo me dio una coz, partiéndome tres costillas y destrozándome el hígado. Me pasé 70 días ingresado y me quedé en el paro. Luego ya no volví a encontrar nada fijo, sólo empleos esporádicos. A veces me han ofrecido trabajar en picaderos a las afueras de Roma por 20 euros al día, pero por ese dinero no vale la pena moverse de aquí”.

Mauro, que duerme junto a los dos Christoph y a otro polaco que no se separa de su perro, reconoce igualmente las bondades del entorno del Vaticano. El ajetreo de turistas y peregrinos brinda buenas oportunidades para conseguir limosnas y por la noche los soportales resguardan de la lluvia y son seguros, pues hay siempre un gran despliegue policial alrededor. “Comida tampoco nos falta. Cada noche vienen los de Cáritas y, durante el día, los restaurantes de la zona nos dan las pizzas que les sobran. Hasta hemos conseguido que nos la calienten en los microondas que tienen los quioscos de por aquí”, dice Mauro, luciendo una sonrisa corroída por la dureza de la vida en la calle.

Los soportales situados al final de la Via de la Conciliazione, al lado de la plaza de San Pedro del Vaticano, se convierten cada noche en un dormitorio. A un lado de la calle, junto a la sala de prensa de la Santa Sede, duermen cinco o seis personas, en su mayoría polacos e italianos. Al otro lado, delante de una librería religiosa, se colocan otra media docena de indigentes, sobre todo rumanos. Son los sin techo del Papa Francisco: personifican su voluntad de conseguir una Iglesia “pobre y para los pobres”, como anunció pocos días después de su elección como obispo de Roma.

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